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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Aftas que no se van: por qué algunas llagas en la boca son una señal para llamar al médico

Pequeñas, redondeadas, casi siempre inofensivas: así son la mayoría de las úlceras bucales. Pero hay un puñado de pistas —tamaño, duración, repetición— que las separa de una molestia pasajera y las emparenta con enfermedades que conviene descartar a tiempo.

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Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Aftas que no se van: por qué algunas llagas en la boca son una señal para llamar al médico

A Graciela, maestra de grado en una escuela primaria de Morón, le apareció la primera afta a los veintipocos años y durante mucho tiempo no le dio mayor importancia: una molestia redonda, blanquecina, en el borde interno del labio, que ardía cuando tomaba el mate y desaparecía sola al cabo de diez días. Con los años, sin embargo, empezó a notar que las lesiones volvían cada vez más seguido, a veces tres o cuatro por mes, y que algunas tardaban más en irse. Fue entonces cuando consultó a un especialista y, después de algunos estudios, llegó un diagnóstico que jamás había imaginado: celiaquía. Hoy, con la dieta sin gluten y un suplemento de ácido fólico, Graciela cuenta que las aftas se volvieron una rareza. Su caso, aunque personal, ilustra algo que la medicina conoce bien: no todas las llagas de la boca son iguales, y aprender a leerlas puede ser la diferencia entre un trastorno menor y una enfermedad de base que necesita tratamiento.

Según el Ministerio de Salud de la Nación, las aftas o úlceras bucales son lesiones frecuentes que en la mayoría de los casos se resuelven sin tratamiento, aunque su repetición, tamaño inusual o aparición junto con síntomas en otras partes del cuerpo puede indicar una enfermedad subyacente que requiere evaluación profesional.

Qué son y cómo se las reconoce

Las úlceras bucales se forman en la cara interna de las mejillas, debajo o sobre la lengua, en las encías, el interior de los labios o el paladar blando. Suelen presentar un centro blanquecino, gris o amarillento con bordes rojizos, y en algunos casos van precedidas por ardor u hormigueo. A diferencia del herpes labial, no aparecen en la superficie exterior de los labios y no se contagian.

Cuándo dejan de ser una molestia pasajera

La mayoría se resuelve en una o dos semanas sin intervención. Las más pequeñas y redondeadas son las más comunes y dejan la mucosa sin marcas. Existe una variante mayor, menos frecuente, más profunda y dolorosa, cuya cicatrización puede extenderse hasta seis semanas. También hay una forma compuesta por múltiples ulceraciones diminutas que tienden a agruparse. Entre los desencadenantes más documentados figuran los traumatismos locales —morderse la mejilla, un cepillado agresivo, roces con aparatos de ortodoncia o prótesis mal ajustadas y quemaduras por alimentos calientes—, además del estrés, el cansancio y los cambios hormonales vinculados a la menstruación o el embarazo.

Señales de alerta: lo que conviene consultar sin demorar

  • Una llaga que persiste más de dos o tres semanas sin signos de curación.
  • Lesiones de tamaño inusualmente grande o que se profundizan con el paso de los días.
  • Aparición de aftas con una frecuencia elevada, varias veces al mes.
  • Dolor intenso que dificulta comer, hablar o dormir.
  • Síntomas asociados en otras partes del cuerpo: fiebre, diarrea, pérdida de peso, dolor en las articulaciones o erupciones en la piel.
  • Presencia simultánea de varias lesiones que no habían aparecido antes.

Qué puede haber detrás de un cuadro recurrente

Cuando las lesiones son múltiples o reaparecen con frecuencia, la explicación puede estar en una condición subyacente. Entre las enfermedades asociadas se encuentran la celiaquía, la enfermedad de Crohn, el lupus, la enfermedad de Behçet, la artritis reactiva, infecciones virales, bacterianas o fúngicas y estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH/sida. La alimentación y el estado nutricional tienen un papel relevante: las carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D aparecen entre los factores relacionados. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas recurrentes registraban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina, aunque los autores aclararon que esa asociación no implica una causa directa y que en algunos indicadores la evidencia disponible sigue siendo limitada.

Qué se puede hacer desde casa mientras se espera la consulta

En el día a día, hay varias medidas simples que ayudan a sobrellevar las molestias y, en algunos casos, a reducir la frecuencia de las lesiones. Mantener una alimentación variada, rica en verduras de hoja verde, legumbres, carnes magras y lácteos, colabora con los depósitos de hierro, ácido fólico y vitamina B12. Evitar alimentos muy calientes, muy ácidos o muy picantes reduce la irritación local mientras la llaga cicatriza. Una correcta higiene bucal con un cepillo de cerdas suaves y un dentífrico sin lauril sulfato de sodio puede disminuir los roces. Si se usan aparatos de ortodoncia o prótesis, conviene revisar el ajuste con el profesional para descartar rozaduras. Y, en lo posible, controlar los niveles de estrés y dormir las horas suficientes también suele marcar una diferencia, porque tanto el cansancio como las tensiones acumuladas son desencadenantes conocidos de nuevos brotes.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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