Agua, sales y bebidas deportivas: por qué no todo sirve para cualquier momento del cuerpo
Lo que se toma durante una diarrea, un entrenamiento o un día común responde a necesidades distintas. Una mirada sobre los electrolitos, las sales de rehidratación y los límites de la hidratación cotidiana.
Me escribe Clara, docente en una escuela primaria de Lanús, después de una semana especialmente dura: tres alumnos con gastroenteritis, dos botellas de medio litro vacías en el botiquín y la misma pregunta repetida entre los padres. ¿Le doy Gatorade, le doy agua, le doy la famosa “sales de naranja”? La confusión es enorme, y en el aula se nota. Lo que parece un detalle menor —qué tomar y cuándo— se vuelve decisivo cuando un chico pierde líquido por diarrea o cuando un adulto se exige de más en una cancha de fútbol un domingo de noviembre.
El agua y una alimentación variada suelen cubrir las necesidades cotidianas de hidratación y minerales en la mayoría de las personas, según recuerdan sociedades científicas y manuales de nutrición. El Ministerio de Salud de la Nación, a través de sus guías de alimentación saludable, coincide en que las bebidas habituales de la mesa —agua, mate, alguna infusión— alcanzan para el día a día, siempre que se coma con regularidad y se atienda la sensación de sed.
La diarrea tiene su propia lógica
Frente a un cuadro diarreico, sobre todo en niños y adultos mayores, no todas las bebidas cumplen el mismo papel. La Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan sales de rehidratación oral con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación. La lógica es sencilla y a la vez sofisticada: la glucosa ayuda al intestino a absorber sodio y agua, y esa combinación hace que el preparado funcione mejor que el agua sola o que una bebida deportiva improvisada.
- Las sales de rehidratación incluyen glucosa, cloruro, sodio, potasio y citrato en concentraciones específicas.
- Una bebida deportiva no reemplaza esas sales: tiene más azúcar, menos sodio y una composición pensada para el esfuerzo físico, no para el intestino enfermo.
- Si hay confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o signos de deshidratación grave, hace falta atención médica inmediata.
Minerales que ya están en la mesa
Para el resto de los días, el cuerpo obtiene los minerales que necesita de los alimentos. Las frutas, las verduras y las legumbres aportan potasio; los lácteos, las semillas, los frutos secos y algunos vegetales suman magnesio; y el sodio y el cloruro llegan, casi sin que lo pensemos, a través de la sal y los alimentos preparados. Estos electrolitos cumplen funciones clave: distribuyen el agua en el organismo, permiten que los nervios transmitan señales y que los músculos se contraigan. Sin pérdidas importantes de líquido, no hay evidencia firme de que sumarlos como suplemento sirva de algo.
Cuando se mueve el cuerpo, la cuenta cambia
La actividad física introduce otras variables: la duración, la intensidad, la temperatura ambiente y la cantidad de sudor que cada persona pierde. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados, de más de una hora, sobre todo con calor o humedad. Para entrenamientos cortos, la diferencia respecto del agua común es escasa. Tampoco existe una cantidad universal: la sudoración y la eliminación de sales varía mucho entre individuos, y beber más de lo necesario puede alterar el sodio en sangre, algo que ya se vio en corredores de ultramaratón y en jugadores de fútbol de elite.
Qué se puede hacer desde casa
Para la hidratación cotidiana, la receta es la de siempre y conviene no complicarla: agua accesible a lo largo del día, comidas regulares con frutas, verduras y lácteos, y atención a la sed como señal confiable. Ante una diarrea, sobre todo en chicos y abuelos, lo razonable es consultar al médico o al centro de salud más cercano y, si está indicado, preparar las sales de rehidratación siguiendo las instrucciones del envase o del profesional, sin improvisar con bebidas deportivas ni con jugos azucarados. Para quien entrena o compite más de una hora bajo el sol, la hidratación deja de ser un acto reflejo y pasa a ser una planificación: cuánto se suda, cuánto se bebe, qué se repone. Y, como le recordé a Clara antes de mandar la nota, no hay una sola respuesta: hay respuestas distintas para cada momento del cuerpo.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
San Juan Byte