Argentina quedó al tope del ranking regional de quejas por precios en atracciones turísticas, según un relevamiento de la UBA
Un equipo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires procesó más de un millón de reseñas en inglés y comparó la experiencia de viaje en cinco países de la región. El informe coloca al país primero en menciones de costos elevados, por debajo del promedio en alojamientos y con una calificación débil en gastronomía, mientras que la seguridad durante los traslados internos aparece como el punto mejor evaluado.
Un equipo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, dependiente del Departamento de Economía, procesó más de un millón de publicaciones que viajeros internacionales dejaron en inglés en plataformas de turismo durante un período reciente y comparó de manera sistemática la experiencia de viaje en cinco destinos de América Latina: Argentina, Brasil, Costa Rica, México y Perú, con el objetivo declarado de identificar qué ejes temáticos se repiten en las reseñas y de qué manera se expresa el grado de satisfacción o de queja de quienes efectivamente visitaron cada país.
En el capítulo dedicado a las atracciones, el informe registró que la Argentina reúne la mayor cantidad de publicaciones en las que los visitantes internacionales, escriban desde donde escriban, califican a las entradas, los tours y las experiencias pagas como costosas en relación con lo que esperaban pagar. El dato coloca al país por encima de Brasil, México, Perú y Costa Rica en la frecuencia de menciones de precios elevados. El investigador Daniel Aromí, del área de economía aplicada de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, explicó que las percepciones son siempre relativas y que la queja por el costo no se lee en abstracto sino en función de una expectativa previa: qué es lo que el viajero esperaba encontrar y qué terminó pagando una vez en el destino.
El contraste regional es marcado. Costa Rica quedó mejor posicionada porque la cantidad de comentarios asociados a tarifas altas y a saturación de los sitios turísticos resultó sensiblemente menor. Brasil, en cambio, no lideró el ranking de precios sino el de congestión: la queja que se repitió con más frecuencia fue la de colas, aglomeraciones y sitios desbordados. México y Perú se ubicaron en posiciones intermedias en ambos indicadores, sin destacarse ni por costos particularmente bajos ni por congestionamientos extremos.
Alojamientos, gastronomía y conectividad
En materia de alojamientos, el relevamiento de la UBA en el departamento de Economía evaluó cinco atributos y concluyó que la Argentina se ubica por debajo del promedio regional en cuatro de ellos: limpieza, ubicación, ruido percibido y experiencias negativas. La única excepción fue la amabilidad del personal, rubro en el que el país superó apenas la media de la región, lo que dejó al sector hotelero nacional con un saldo globalmente desfavorable frente a sus competidores directos en el turismo latinoamericano.
“Tres de cada cuatro publicaciones de la muestra corresponden a la ciudad de Buenos Aires, lo que condiciona fuertemente el promedio nacional y probablemente sesga la lectura del interior del país.”Daniel Aromí, Facultad de Ciencias Económicas de la UBA
La gastronomía fue el tercer eje con resultado deficitario. Los visitantes que escribieron en inglés calificaron a la comida argentina con puntuaciones bajas en precio, velocidad de servicio y calidad percibida, en línea con la queja estructural sobre los costos que atraviesa toda la experiencia turística local. El equipo de investigación separó deliberadamente las opiniones sobre comida, transporte y hospedaje para evitar que un área compensara o arrastrara la lectura de las demás.
El punto más favorable del informe aparece, paradójicamente, en un terreno donde la buena noticia es la ausencia de malas noticias: la seguridad durante los traslados internos. Aromí señaló que los turistas que escriben en inglés no dejan constancia de dudas, miedos o episodios negativos a la hora de moverse dentro del país, lo que se lee como una valoración positiva implícita. La conectividad aérea y terrestre, en cambio, quedó en una posición intermedia; al desagregar el dato por regiones surgen problemas más concretos para llegar a la Patagonia, tanto en el costo de los boletos como en la escasez de frecuencias y de opciones de transporte.
El equipo de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA prevé repetir la medición de forma trimestral e incorporar en próximas ediciones reseñas en otros idiomas, además del inglés, con el propósito de ampliar la base de datos y reducir el sesgo que hoy impone el monolingüismo de la muestra. La próxima lectura del turismo argentino, en consecuencia, no dependerá solo de cuánto se quejen los turistas por los precios y la hotelería, sino también de cuánta agua se utilice para sostener la infraestructura que esos visitantes demandan y de dónde saldrá esa agua en un país con cuencas cada vez más tensionadas. ¿Cuánta agua y de dónde?
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