Bill Gates advierte que la inteligencia artificial puede abrir una grieta histórica entre quienes accedan a sus beneficios y quienes queden a la intemperie
En una entrada de su blog, el fundador de Microsoft sostiene que la transición hacia la IA ya está en marcha sin un plan coordinado a nivel global y advierte sobre el impacto en el empleo, la desinformación y el pensamiento crítico.
Cuando Mariana abrió la última versión del asistente inteligente que usa para ordenar sus apuntes del profesorado de Historia, pensó que por fin tenía una aliada. En segundos, el sistema le armó un cuadro sinóptico, le sugirió bibliografía y hasta le redactó una introducción. Lo que no había calculado era que, una semana después, le costaba muchísimo arrancar un párrafo sin pedirle ayuda. Esa tensión, la de una herramienta que promete y a la vez empobrece, es exactamente la que pone sobre la mesa Bill Gates en su última entrada de blog, donde sostiene que la inteligencia artificial se encamina a convertirse en una bisagra de la historia moderna, con un resultado que todavía está lejos de estar escrito.
En el texto, publicado en su sitio personal y replicado por medios especializados, Gates parte de una advertencia que no tiene matices: "No existe ningún plan para facilitar la transición a la era de la IA". Según el empresario y filántropo, incluso en el escenario más optimista, el período que se viene será "uno de los más turbulentos de la historia de la humanidad", y eso obliga a los gobiernos, las empresas y la sociedad civil a tomar decisiones que, admite, todavía nadie está coordinando.
Los tres riesgos que identificó Gates
- Destrucción de empleo: Gates anticipa que muchos puestos desaparecerán de forma permanente, sobre todo los de nivel básico e intermedio en áreas como ventas, atención al cliente, ingeniería de software y asesoría jurídica. La velocidad del cambio, señala, no daría margen para reconversiones graduales.
- Daños directos facilitados por la tecnología: el texto menciona el fraude, la desinformación, las falsificaciones digitales (deepfakes) y la vigilancia masiva como algunos de los perjuicios que la gente va a sentir con más fuerza en su vida cotidiana.
- Deterioro del desarrollo humano: Gates cita una encuesta según la cual un mayor uso de herramientas de IA se asocia con una menor capacidad de pensamiento crítico, con efectos más pronunciados en los jóvenes. Advierte, además, que la interacción fluida con estos sistemas puede reemplazar vínculos humanos fundamentales, sobre todo en la infancia y la adolescencia.
Lo que más me interpela de la lectura, y lo reconozco desde mi lugar de periodista que cubre educación y tecnología, es que Gates no se limita a enumerar amenazas. También describe un horizonte en el que la inteligencia artificial puede achicar distancias que hoy parecen insalvables. En salud, por ejemplo, recuerda que muchos hospitales pequeños no cuentan con especialistas disponibles durante las guardias y plantea que la IA podría cubrir ese bache. Del mismo modo, menciona su potencial para llevar conocimiento a regiones con bibliotecas escasas, para asistir a personas con discapacidad y para volver más eficientes servicios públicos que hoy colapsan por falta de personal.
“El desafío es monumental. Incluso en las mejores circunstancias, la transición a esta nueva era de la IA será uno de los periodos más turbulentos de la historia de la humanidad.”Bill Gates
Qué se puede hacer desde casa y desde el aula
Mientras los grandes laboratorios y los Estados debaten cómo regular esta transición, la discusión también llega a las mesas familiares y a las escuelas. Para Mariana, la conclusión práctica es que el cursor de la pantalla no reemplaza la lapicera ni la charla con una colega del profesorado. En casa, una pauta concreta es reservarle a la herramienta las tareas repetitivas y conservar para nosotros las que exigen reflexión y criterio. En el aula, la sugerencia que deja flotando el texto de Gates es todavía más incómoda pero más honesta: enseñar a los chicos a dudar de lo que la IA les entrega con apariencia de certeza y a reconstruir, paso a paso, el razonamiento propio. La tecnología, como tantas veces se dijo, no es ni buena ni mala por sí misma. Lo que define su huella es el uso que decida hacer cada uno.
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