Cargar el auto mientras manejás: Japón prueba rutas que alimentan vehículos eléctricos en movimiento
Un consorcio con Honda y dos constructoras avanza en un sistema que transmite energía desde el asfalto hacia camiones y autos sin necesidad de detenerse. Las pruebas iniciales fueron exitosas y el debut en una autopista pública está previsto para 2027.
La autonomía y los tiempos de recarga siguen siendo el dolor de cabeza del transporte eléctrico. Cada vez que un conductor tiene que buscar un enchufe y esperar media hora o más para seguir viaje, la experiencia pierde atractivo frente a un tanque de nafta resuelto en cinco minutos. En Japón, un consorcio integrado por Honda y dos firmas de construcción decidió atacar ese problema desde un ángulo poco explorado: en lugar de estaciones cada vez más rápidas, proponen rutas que cargan los vehículos mientras circulan.
La tecnología se llama transferencia dinámica de energía inalámbrica, una sigla en inglés que responde a Dynamic Wireless Power Transfer. Funciona como una cocina eléctrica, pero al revés y a escala de ruta. En una cocina de inducción, una bobina bajo la mesada genera un campo magnético que calienta la olla sin contacto. En este caso, el principio es similar: unas bobinas instaladas en el pavimento generan un campo magnético, y un receptor montado debajo del vehículo convierte esa energía invisible en electricidad para la batería. El acoplamiento se produce por, es decir, por inducción electromagnética, sin cables ni enchufes de por medio.
Tres piezas para hacer funcionar la ruta
- Una fuente de alimentación en tierra, encargada de inyectar corriente continua al sistema.
- Unidades transmisoras embebidas directamente en el asfalto, que generan el campo magnético cuando el vehículo pasa por encima.
- Un receptor en cada vehículo, que captura la energía y la envía a la batería.
Cada empresa del consorcio se hizo cargo de una parte del conjunto. Una desarrolló el sistema de suministro en corriente continua que sostiene la instalación completa. Otra se ocupa de la distribución de energía dentro de la vía y del diseño del receptor vehicular, que tiene un detalle interesante: integra en una sola pieza el inversor y la bobina, lo que reduce el cableado y la cantidad de componentes bajo el asfalto. La tercera firma trabaja en los métodos constructivos, con técnicas de fresado que permiten instalar las unidades sin necesidad de repavimentar la ruta de punta a punta, algo clave para adaptar carreteras existentes sin cortar el tránsito durante meses.
Las primeras verificaciones se hicieron en una pista privada, donde se confirmó que las transmisoras resisten el paso de camiones de unas 20 toneladas. Para fines de 2026 está prevista una segunda etapa más exigente: un ensayo equivalente a un millón de pasadas de rueda con una carga de 49 kN por eje, donde además se medirán las eventuales fugas del campo electromagnético. En fases posteriores, el objetivo es verificar potencias de hasta 150 kilovatios, suficientes para mover vehículos pesados sin que la batería se descargue.
“Me parece una idea genial, pero todavía hay que ver cuánto sale cada kilómetro de ruta equipada y quién lo paga. Si lo asume el Estado, el costo se diluye; si lo paga una concesionaria, lo vamos a terminar pagando nosotros en el peaje”Lucía Pereyra, becaria de Ingeniería en Energía
La hoja de ruta del consorcio tiene una fecha concreta: participar en una demostración oficial en la autopista Tateyama, en la prefectura de Chiba, dentro de un proyecto encabezado por la empresa East Nippon Expressway Company. El estreno formal está agendado para el año fiscal 2027, lo que daría a Japón el primer tramo de autopista pública con carga inalámbrica en movimiento.
No son los únicos en la carrera. Suecia ya cuenta con 1,65 kilómetros de vía pública con carga inalámbrica en movimiento, un antecedente que muestra que la tecnología dejó de ser un prototipo de laboratorio. Y acá viene la pregunta clave: ¿y eso para qué sirve? En la vida cotidiana, una ruta equipada con este sistema permitiría que un camión de carga salga del depósito con la batería casi llena, recargue mientras recorre cientos de kilómetros y llegue a destino sin haber pasado por una estación. Para un auto particular, la promesa es similar: viajes largos sin planificar paradas de carga, y baterías más pequeñas porque ya no hace falta que almacenen energía para todo el trayecto. En países como la Argentina, donde las rutas tienen extensiones largas y las estaciones de carga todavía son escasas, una innovación de este tipo podría cambiar la conversación sobre cuándo conviene pasarse al auto eléctrico, aunque el costo inicial de la infraestructura será, sin dudas, el gran debate que viene.
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