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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Ciática: cómo adaptar los movimientos al dolor y en qué momento no conviene seguir en casa

Una guía con ejercicios orientativos para la cadera, el abdomen y la espalda baja, con una regla clara: si la molestia crece, hay que parar. Especialistas explican qué señales obligan a consultar sin demora.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Ciática: cómo adaptar los movimientos al dolor y en qué momento no conviene seguir en casa

Lo conocí a Daniel en un consultorio de Palermo, donde llegó casi sin poder apoyar la pierna derecha. Tenía 52 años, trabajaba en un taller mecánico y llevaba tres semanas con un dolor que le bajaba desde la cintura hasta el tobillo. Me dijo que había aguantado porque pensaba que se le iba a pasar solo, como le había pasado otras veces. Lo que tenía era una ciática, y su caso sirve para entender por qué los ejercicios pueden ayudar, pero nunca a cualquier precio y nunca de la misma manera para todos.

El Ministerio de Salud de la Nación, a través de las guías de práctica clínica sobre dolor lumbar, recomienda mantener la actividad dentro de lo posible y ajustar los movimientos a la respuesta de cada paciente, en línea con lo que plantea el Instituto Nacional para la Excelencia Sanitaria del Reino Unido, NICE, sobre la recuperación gradual de las tareas cotidianas. La idea central es clara: el reposo prolongado no es un aliado, pero la indicación tampoco es hacer ejercicio sin más.

Por qué la ciática no se trata con una rutina única

El cirujano ortopédico de columna Rohan Desai lo explica con una frase que vale la pena repetir: la irritación del nervio ciático puede manifestarse como dolor, sensación de quemazón u hormigueo que compromete la región lumbar y una pierna. Esa molestia, por sí sola, no alcanza para definir qué movimientos hacer. La selección de ejercicios depende de la evaluación profesional y de cómo responde cada persona. La fisioterapeuta Jennifer Howe, citada por la cobertura original, pone una condición que no admite excepciones: si el ejercicio aumenta el dolor o la presión, hay que detenerse.

Hay tres señales que, según Desai, obligan a dejar de lado la actividad y concurrir al médico: debilidad muscular evidente, pérdida marcada de sensibilidad y cambios en el control de la vejiga o los intestinos. Cuando aparece alguna de ellas, esperar puede ser un error caro. En el caso de Daniel, lo que lo decidió a ir al consultorio fue que empezó a sentir la pierna dormida y le costaba levantar el pie para subir un escalón. Esa combinación de dolor y déficit neurológico fue lo que encendió la alarma.

Los ejercicios que Howe propone como orientación

  • Para movilizar la cadera: acostado boca arriba, colocar un tobillo sobre la rodilla de la otra pierna y acercar ambas hacia el pecho, formando una figura de cuatro. Mantener treinta segundos y repetir tres veces por lado, sin que aumente la molestia.
  • Para estirar la zona posterior: sostener una pierna por detrás de la rodilla y llevarla despacio hacia el hombro del lado contrario. Mantener medio minuto y repetir tres veces antes de cambiar de pierna, sin tirones.
  • Para el abdomen: acostado boca arriba, con las piernas flexionadas y las plantas de los pies apoyadas, contraer el abdomen y aproximar la zona lumbar a la superficie. Diez repeticiones de cinco segundos cada una.
  • Para la zona lumbar: llevar ambas rodillas al pecho y sostener treinta segundos, con tres repeticiones si el dolor disminuye.
  • En casos asociados a hernia discal, apoyar el cuerpo boca abajo sobre los antebrazos, con los codos alineados debajo de los hombros, durante treinta segundos, y repetir solo si mejora el dolor que desciende por la pierna.

Ninguna de estas posturas sustituye un diagnóstico. Son orientaciones que un profesional puede adaptar o descartar después de revisar la historia clínica, hacer una exploración física y, si hace falta, pedir estudios. Howe lo repite en su entrevista: los movimientos no sirven de la misma manera para todos los casos, y lo que alivia a una persona puede empeorar a otra.

Lo que se puede hacer desde casa mientras se espera la consulta

En la conversación con Daniel, lo que más le cambió el día fue algo simple: entender que podía moverse, pero con reglas. Desde casa, mientras se aguarda la consulta o se atraviesa un cuadro leve, hay tres pautas que ayudan. La primera, mantener el mayor grado de actividad que el dolor permita, sin forzar y sin quedar en la cama todo el día. La segunda, aplicar calor suave en la zona lumbar durante quince o veinte minutos, varias veces al día, para relajar la musculatura que se contractura por reflejo. La tercera, evitar los movimientos de flexión brusca del tronco y los levantamientos de peso, que suelen agravar la irritación del nervio. Si algo de esto empeora los síntomas, la regla vuelve a ser la misma: parar y consultar.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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