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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cinco cenas después, el mismo malestar: qué cuenta el cuerpo cuando se hincha la panza de noche

La hinchazón nocturna suele tener más que ver con cómo y qué se come que con la cantidad. Anotar qué se ingiere y en qué momento alcanza para empezar a leer lo que el propio estómago está queriendo decir.

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Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Cinco cenas después, el mismo malestar: qué cuenta el cuerpo cuando se hincha la panza de noche

A Graciela, docente jubilada de un colegio primario de Lanús, le llamó la atención que las molestias empezaron siempre después de la cena y nunca después del almuerzo. Comía parecido a lo largo del día, pero las noches terminaban con la misma sensación de panza inflada, esa incomodidad que en las reuniones familiares se comenta como si fuera parte del paisaje. Hasta que decidió anotar qué cenaba cada día, en qué orden y a qué velocidad, y vio un patrón que antes se le escapaba: las noches de milanesas con papas fritas eran las peores, pero también aquellas en las que cenaba apurada porque quedaba tela para una serie.

El Ministerio de Salud de la Nación recuerda que la hinchazón abdominal es uno de los motivos de consulta más frecuentes en guardia y en consultorios gastroenterológicos, y que en la enorme mayoría de los casos responde a hábitos cotidianos antes que a una enfermedad. Esa coincidencia entre lo que se ingiere, la forma de hacerlo y el síntoma que aparece a las pocas horas es justamente la pista que los especialistas recomiendan empezar a registrar antes de cualquier cambio brusco en la alimentación.

Hinchazón y distensión: dos palabras que no significan lo mismo

El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, conocido por su sigla NIDDK, distingue dos manifestaciones que en la conversación diaria se usan como sinónimos pero que clínicamente son distintas. La hinchazón es la sensación de tener el abdomen lleno o más voluminoso de lo habitual, sin que necesariamente cambie el tamaño. La distensión, en cambio, implica un aumento visible del perímetro abdominal, que la persona percibe y que también pueden advertir quienes están alrededor. Las dos pueden aparecer juntas o por separado, y a menudo se acompañan de eructos, gases o ruidos intestinales.

  • Comer o beber apurado, hablar mientras se come, usar sorbetes o masticar chicle aumenta el aire que se traga y, con él, la producción de gas digestivo, según el NIDDK.
  • Las comidas muy grasas enlentecen la digestión y favorecen la sensación de plenitud y la distensión en personas predispuestas.
  • Los vegetales crucíferos, las legumbres, algunos lácteos y ciertas frutas contienen carbohidratos que el intestino delgado no digiere del todo y llegan al intestino grueso, donde las bacterias los fermentan y generan gas.
  • Incorporar fibra de golpe, sobre todo soluble, suele traer aparejados gases y cambios en el tránsito hasta que la microbiota se adapta.
  • Las bebidas gaseosas suman aire y, en algunos casos, también edulcorantes o azúcares fermentables que incrementan la producción de gas.

Por qué no alcanza con suprimir alimentos sin más

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, la FDA, diferencia la fibra soluble, que se disuelve en agua y es descompuesta por bacterias del colon, de la insoluble, que recorre buena parte del aparato digestivo sin alterarse. Esa distinción explica por qué no todos los alimentos ricos en fibra generan la misma respuesta: una ensalada cruda abundante puede molestar más que un puré de manzanas, por dar un ejemplo, y eso no significa que la fibra sea mala en sí misma. Por eso las dietas restrictivas generalizadas, que eliminan grupos enteros de alimentos sin un diagnóstico detrás, suelen ser innecesarias y hasta contraproducentes, porque pueden dejar carencias nutricionales y no atacan la causa real del malestar.

Desde casa, lo que se puede hacer es bastante y al mismo tiempo bastante simple. Conviene anotar durante una o dos semanas qué se cena, a qué hora, en cuánto tiempo, con qué bebida y si aparecen síntomas, para llevárselo a la consulta en vez de ir con la memoria de los últimos tres meses. Comer sentado, sin apuro, sin pantallas que distraigan y masticando cada bocado reduce la cantidad de aire ingerido. Distribuir la fibra a lo largo del día en lugar de concentrarla en una sola comida ayuda a que la microbiota se acostumbre de a poco. Y si las molestias son reiteradas, aparecen con dolor intenso, se acompañan de cambios en el ritmo evacuatorio o de una pérdida de peso que no se justifica, la consulta médica deja de ser opcional: pasa a ser el paso siguiente, el que pone nombre y apellido a lo que el cuerpo viene diciendo en silencio.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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