Cinco creencias sobre el corazón que todavía ponen en riesgo a miles de personas
Un cardiólogo de Cleveland Clinic repasó los errores más extendidos sobre las enfermedades cardiovasculares y explicó por qué llegan a diagnóstico tardío quienes menos lo esperan. La advertencia cobra fuerza ante los casi veinte millones de muertes anuales que estas patologías provocan en el mundo.
Conocí a Laura cuando tenía 39 años y dos hijos en escuela primaria. Llegó a la guardia de un hospital porteño con un dolor en el pecho que atribuyó al estrés laboral y a las pocas horas de sueño. Esa mañana descubrió que tenía tres arterias obstruidas y que llevaba, sin saberlo, años conviviendo con el colesterol alto. Su caso me quedó grabado porque ilustra algo que los cardiólogos escuchan cada vez más seguido: la enfermedad cardiovascular no avisa, y todavía arrastra una serie de creencias que terminan retrasando la consulta.
Las enfermedades cardiovasculares causaron 19,8 millones de muertes en el mundo en 2022, el 32% del total global, según la Organización Mundial de la Salud. A pesar de esa magnitud, persisten ideas equivocadas sobre quiénes corren riesgo y cuándo conviene actuar. El cardiólogo Luke Laffin, de la prestigiosa Cleveland Clinic, repasó los errores más comunes y explicó qué hacer en cada caso. La conversación con él permite ordenar un tema que suele quedar tapado por la rutina y por los preconceptos familiares.
Los cinco mitos que Laffin desmiente con evidencia
- El corazón no es un problema de hombres: las mujeres tienen factores propios como la menopausia, los anticonceptivos orales y ciertas complicaciones del embarazo, y suelen postergar los controles por cargas familiares y laborales.
- La edad no protege: las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden empezar a los 20, 30 o 40 años sin síntomas, sobre todo cuando hay predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión.
- Los antecedentes familiares no son una sentencia: aumentan el riesgo pero no lo determinan, y se pueden compensar con alimentación saludable, actividad física regular y, si hace falta, medicación controlada.
- Sentirse bien no alcanza: la hipertensión y el colesterol elevado suelen avanzar en silencio y el primer aviso puede ser un infarto o un accidente cerebrovascular.
- El deterioro no es inevitable: con controles periódicos y hábitos sostenidos, se puede envejecer con un corazón funcional y lejos de las complicaciones que se dan por descontadas.
“El corazón no discrimina por sexo. Hay que conocer los propios factores de riesgo y conversarlos con un médico de cabecera, que puede derivar a cardiología si la situación lo requiere.”Luke Laffin, cardiólogo de Cleveland Clinic
Lo que más me interesa remarcar, como alguien que sigue de cerca estos temas hace años, es que detrás de cada mito hay una persona que cree estar a salvo. La madre que se cuida pero no se controla la presión, el padre de cincuenta y pocos que corre maratones y nunca se hizo un análisis de sangre, la hija que hereda el colesterol alto de su familia y asume que no hay nada por hacer. La evidencia muestra otra cosa: con controles anuales, análisis periódicos y conversación abierta con el médico de cabecera, se puede esquivar buena parte del camino que lleva al infarto.
Desde casa, el punto de partida es concreto: pedir al médico de cabecera un análisis de sangre que incluya colesterol total, HDL, LDL y triglicéridos, además del control de presión arterial al menos una vez por año. Si hay antecedentes familiares directos, esa periodicidad conviene acortarla. Caminar treinta minutos cinco veces por semana, moderar el consumo de alcohol y dejar el cigarrillo son decisiones que no requieren permiso médico y que cambian el pronóstico a cualquier edad. Y si algo de lo leído encendió una señal, lo más sensato es pedir turno antes de que el cuerpo lo pida por su cuenta.
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