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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cinco rincones del mundo donde se vive más, y qué enseñan a los argentinos que quieren sumar años sin enfermedad

Un cardiólogo argentino recorre las comunidades más longevas del planeta y encuentra un patrón que no depende de la genética ni del dinero: fe, movimiento cotidiano, comida de la tierra y una razón para levantarse cada mañana.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
Cinco rincones del mundo donde se vive más, y qué enseñan a los argentinos que quieren sumar años sin enfermedad

A los 55 o 56 años, cualquiera que camine por Buenos Aires puede preguntarse cuántos años buenos le quedan por delante. La respuesta, según el cardiólogo Jorge Tartaglione, no la trae escrita la herencia familiar: la genética explica apenas el 25% de cuánto vivimos. El otro 75% lo definimos nosotros, con decisiones de todos los días. Así lo planteó el profesional, y para sostenerlo se lanzó a recorrer cinco zonas del planeta donde la gente corre con los años a favor: Loma Linda, en California; la Península de Nicoya en Costa Rica; Icaria en Grecia; Cerdeña en Italia, y Okinawa en Japón. Lo que encontró allí sirve, y mucho, para repensar la propia rutina.

El dato oficial que puso sobre la mesa es categórico: quien hoy ronda los 55 y adopta ciertos hábitos tiene una probabilidad alta de sumar entre 20 y 25 años más de vida sin enfermedad. No es una promesa mágica ni una pócima de laboratorio: es la lectura que el médico hace de la evidencia acumulada en las llamadas Zonas Azules, esas regiones donde la expectativa de vida supera cómodamente los 80 y hasta los 90 años. Y lo más interesante para un lector de entre 40 y 60 años es que ninguno de esos hábitos requiere fortunas, viajes exóticos ni condiciones excepcionales.

Las cinco claves que comparten los pueblos más longevos

  • Fe y comunidad religiosa en Loma Linda: los adventistas del séptimo día que habitan esta ciudad californiana viven en promedio hasta diez años más que el estadounidense medio. La explicación, para Tartaglione, no es mística sino social: la fe organiza la semana, sostiene redes de contención y desalienta consumos problemáticos.
  • Frutas tropicales y vida sin apuro en Costa Rica: la Península de Nicoya es el lugar donde muchos superan los 80 años. Allí el consumo habitual de frutas de estación se combina con un ritmo que descree del estrés crónico de las grandes ciudades.
  • Caminar como modo de vida en Icaria: la geografía de la isla griega hace el resto. Las subidas y bajadas constantes obligan a moverse todo el tiempo, sin necesidad de gimnasio ni de planificar entrenamientos. La actividad física es, literalmente, el camino al almacén o a la casa de un vecino.
  • Comida de la tierra en Cerdeña: la dieta sarda se basa en lo que produce el campo, sin conservantes ni ultraprocesados. El cardiólogo lo resumió con una imagen muy potente: lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre. Es decir, alimentos frescos, reales, de estación.
  • Tener un porqué cada día en Okinawa: los habitantes de esta isla japonesa se levantan con un propósito, aunque sea pequeño. Tomarse un mate con una amiga, salir a caminar, sacar al perro. A los 90 años hay quienes todavía bailan, cantan o tocan música.

Visto en conjunto, el patrón se repite como un latido: movimiento cotidiano incorporado a la vida y no como disciplina separada; alimentación poco procesada y de estación; vínculos sociales vivos; y alguna motivación que organice la jornada. Lo que une a estas cinco comunidades tan distintas geográfica y culturalmente es, en el fondo, una forma de habitar el tiempo que descree de los atajos.

“Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre. Esos son los alimentos que nos dan más años y más vida.”Jorge Tartaglione, cardiólogo

Lo que se puede hacer desde casa, entonces, no exige mudarse a una isla griega ni abrazar una fe nueva. Empieza por revisar qué llega al plato y cuántas cuadras se caminan por día. Sigue por animarse a llamar a un amigo en vez de mirarlo en una pantalla, y por encontrar una razón concreta para levantarse cada mañana, por pequeña que parezca. Después de todo, si la genética apenas pesa una cuarta parte, el resto de la historia se escribe con lo que hacemos antes del desayuno.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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