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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Con qué acompañar el huevo para cuidar el corazón: la clave está en el resto del plato

Verduras, avena, palta o papa con piel pueden transformar una comida con huevo en una aliada de la presión arterial y el colesterol. La elección de grasas, la cantidad de sal y el método de cocción marcan la diferencia, según la OMS, Harvard y Mayo Clinic.

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Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Con qué acompañar el huevo para cuidar el corazón: la clave está en el resto del plato

Hay algo que repasamos en la cocina de cualquier casa y que, sin embargo, pocas veces se piensa con detenimiento: un huevo frito con jamón y unas rodajas de pan blanco no es lo mismo, nutricionalmente hablando, que un huevo revuelto con espinaca, avena y un poco de palta al lado. La diferencia no está solo en el huevo, sino en todo lo que lo rodea en el plato. Y esa diferencia, según lo que repiten organismos como la Organización Mundial de la Salud, la Escuela de Salud Pública de Harvard y la Clínica Mayo, se nota en la presión arterial y en los niveles de colesterol.

Como señaló el Ministerio de Salud de la Nación en sus guías alimentarias para la población argentina, la composición final de una comida depende tanto del alimento principal como de los acompañamientos, las grasas utilizadas y la forma de cocción. Por eso, modificar lo que se sirve junto al huevo es una de las decisiones más concretas que se pueden tomar a diario para mejorar la salud cardiovascular, sin necesidad de grandes cambios ni de productos especiales.

Verduras y cereales: el potasio y la fibra como aliados

La papa cocida con piel y la espinaca son dos ejemplos claros de acompañamientos que suman potasio y fibra al plato. El potasio cumple una función complementaria al control de la sal: favorece la eliminación de sodio por los riñones y ayuda a relajar las paredes de las arterias. La Organización Mundial de la Salud advierte que el consumo elevado de sal provoca retención de agua en la circulación y eleva la presión arterial, de modo que sumar vegetales ricos en potasio y, al mismo tiempo, moderar el sodio son decisiones que se retroalimentan.

En el caso del colesterol, la mirada cambia. La Escuela de Salud Pública de Harvard señala que el colesterol presente en la yema del huevo tiene un impacto reducido sobre los lípidos sanguíneos en personas sanas. Entonces, el foco pasa a estar en los demás componentes del plato, y ahí la fibra soluble de la avena tiene mucho para decir.

Por qué la avena ayuda a controlar el colesterol LDL

La explicación, según la Clínica Mayo, está en el proceso digestivo. La avena contiene beta-glucano, una fibra que al entrar en contacto con el agua forma una sustancia viscosa. Esa sustancia favorece la eliminación de sales biliares a través del intestino. Para reponer esas sales, el hígado recurre al colesterol que circula en la sangre, lo que termina reduciendo los niveles de colesterol LDL, conocido como colesterol malo. El efecto no es mágico ni inmediato, pero cobra sentido cuando se sostiene en el tiempo dentro de un patrón alimentario variado.

  • Verduras y hortalizas: espinaca, acelga, rúcula o tomate crudo para sumar potasio, fibra y antioxidantes sin agregar sodio.
  • Cereales integrales: avena arrollada o pan integral, fuentes de fibra soluble que colabora con el colesterol LDL.
  • Papa con piel: aporta potasio y fibra, y se puede hornear o hervir sin necesidad de agregar manteca.
  • Grasas insaturadas: palta, aceite de oliva extra virgen o frutos secos en lugar de manteca y embutidos.
  • Pescados como el salmón: suman ácidos grasos omega tres, asociados a la reducción de triglicéridos.

También importa qué grasas se suman al huevo. Reemplazar la manteca y los fiambres por opciones con grasas insaturadas, como palta, aceite de oliva o salmón, mejora la composición general de la comida. El salmón, además, aporta ácidos grasos omega tres que contribuyen a reducir los triglicéridos, otro de los lípidos que los médicos controlan en los chequeos de rutina.

Lo que se puede hacer desde casa

En la práctica cotidiana, hay decisiones simples que se pueden tomar sin grandes revoluciones en la cocina. Cocinar las verduras al vapor, hervidas o al horno, en lugar de salteadas con abundante aceite, reduce la densidad calórica del plato. Reemplazar la sal por hierbas aromáticas, especias, ajo o jugo de limón permite dar sabor sin sobrecargar el sodio. Y a la hora de armar el desayuno o la merienda, sumar un puñado de avena arrollada al revuelto de huevos o a la preparación del día siguiente es un cambio chico que, repetido en el tiempo, se nota en los análisis.

No se trata de renunciar al huevo ni a los sabores de siempre, sino de revisar qué lo acompaña en el plato. Cambiar el fiambre por espinaca, la manteca por palta y la sal por limón puede sonar a detalle, pero esos detalles son los que, sumados a lo largo de semanas y meses, hacen la diferencia en la presión arterial y en el colesterol. Como tantas veces en alimentación, lo importante no es un solo alimento, sino la compañía que se le da.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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