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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando despedir a alguien es un acto colectivo: rituales que hacen del duelo una celebración

Desde las bandas en las calles de Nueva Orleans hasta los círculos de surfistas en el Pacífico, distintas culturas transforman la pérdida en un encuentro compartido. Recorrido por tradiciones que muestran que llorar no es la única manera de transitar el dolor.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Cuando despedir a alguien es un acto colectivo: rituales que hacen del duelo una celebración

A Daniela se le murió su abuela un martes de noviembre y el velatorio duró tres días. No en una sala oscura y silenciosa, sino en la casa de la familia, con música, con comida, con hijos y nietos entrando y saliendo a cualquier hora. "No era una fiesta, era otra forma de estar con ella", me dijo meses después, todavía buscando la palabra justa. Cuando le pregunté de dónde venía esa costumbre, se encogió de hombros: "De la familia, supongo". Esa manera de despedir a los muertos con el cuerpo presente, con comida sobre la mesa y con voces que se mezclan, no es exclusiva de una región: atraviesa culturas y continentes, y cada pueblo encontró su propia forma de transformar la ausencia en un acto compartido.

La psicóloga social Laura Adrián, investigadora de la Universidad de Buenos Aires, lo explica con una idea que repite cada vez que da clases sobre el tema: "El duelo necesita testigos". Según la especialista, los rituales funerarios cumplen una función social y psicológica concreta: dan un marco colectivo a una experiencia que, vivida en soledad, puede resultar abrumadora. "Compartir el dolor con otros, tener un momento y un lugar para expresarlo, ayuda a transitar la pérdida", sostiene. Lo que cambia, de cultura en cultura, es la forma que adopta ese marco.

Música en la calle, ataúdes con forma de pez y flores en el mar

En Nueva Orleans, cuando alguien muere, una banda acompaña el cortejo desde la iglesia hasta el cementerio. La música empieza lenta, casi un lamento, y se vuelve festiva con el avance del recorrido. Familia, amigos y vecinos bailan junto al féretro. Para los deudos, no se trata de irreverencia: es una manera de honrar la vida que se fue y de contener a quienes quedan.

En México, el Día de Muertos, reconocido por la UNESCO como patrimonio cultural intangible, parte de una premisa distinta a la occidental: las almas regresan transitoriamente al mundo de los vivos. Las familias arman altares con las comidas favoritas del difunto, flores, velas y objetos personales. Los cementerios se llenan de colores y de gente que pasa la noche junto a las tumbas. La muerte no se vive como ausencia sino como presencia, aunque sea breve.

En Bolivia, cada 8 de noviembre se celebra la festividad de las Ñatitas. Los creyentes llevan cráneos humanos al Cementerio General de La Paz para recibir bendiciones y los agasajan con flores, coca, cigarrillos y velas. La tradición sostiene que esos cráneos cuidan el hogar y pueden interceder por quienes los veneran. La escena impresiona a quien la ve por primera vez, pero para los participantes forma parte de un vínculo cotidiano con los muertos.

En Ghana la creatividad aparece en el ataúd. Es frecuente que la familia encargue un féretro con la forma del oficio o la pasión del difunto: un pescado para un pescador, un avión para un piloto, un libro para un maestro. La ceremonia puede durar tres días e incluye coreografías durante el traslado del féretro, con vecinos que se suman al paso. Y entre los surfistas del Pacífico, la despedida ocurre en el agua: los deudos forman un círculo sobre sus tablas, arrojan flores al centro y cada uno dice algo sobre el fallecido. Si hubo cremación, las cenizas se dispersan en ese mismo lugar.

Qué podemos hacer desde casa

  • Armar un pequeño altar con fotos, objetos y la comida o bebida que le gustaba a la persona que se fue: no hace falta que sea elaborada, lo importante es que tenga un lugar en la casa.
  • Reunirse a comer con familiares o amigos cercanos en una fecha significativa (el cumpleaños, el aniversario del fallecimiento, el Día de Muertos) y compartir anécdotas en voz alta.
  • Escribir una carta al difunto y, si se siente apropiado, leerla en voz alta en un encuentro íntimo.
  • Si la persona murió en una playa, un río o un lugar significativo, organizar una despedida breve en ese sitio con quienes la quisieron.
  • Permitirse llorar, reír y bailar en la misma jornada: las tradiciones más antiguas del mundo enseñan que el duelo no tiene un solo tono.

Mirado de cerca, todo este recorrido deja una pregunta incómoda para los rituales occidentales contemporáneos, cada vez más silenciosos y medicalizados: ¿perdimos algo al encerrar el duelo en una sala velatoria y un oficio de veinte minutos? No hay una respuesta única, pero sí un dato que se repite en cada cultura: mientras más compartido, más llevadero. Quizás por eso, cuando Daniela habla de su abuela, no recuerda el momento en que cerró el cajón sino las risas, la música y la mesa llena. Eso, dice, fue la despedida.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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