Cuando el cansancio no alcanza: la apnea del sueño que se esconde detrás del insomnio femenino
Muchas mujeres conviven con somnolencia diurna, cefaleas matutinas y dificultades para dormir sin saber que el origen puede ser la apnea obstructiva del sueño, un trastorno que suele pasar inadvertido cuando no hay ronquidos fuertes y que exige evaluación profesional cuando los síntomas persisten.
A Carolina le costaba entender por qué, después de dormir siete u ocho horas, se levantaba con la sensación de no haber descansado. Tenía treinta y pocos años, dos hijos pequeños y un trabajo que le demandaba concentración. Lo atribuyó al estrés, después a la tiroides y más tarde a una menopausia temprana que su médica le había mencionado. Sin embargo, lo que aparecía cada mañana era un dolor de cabeza sordo, una somnolencia que se le instalaba a media tarde y una irritabilidad que ella misma no se reconocía. Hasta que un estudio del sueño, indicado luego de varios meses de consultas, mostró algo que ni ella ni su entorno sospechaban: durante la noche, su respiración se interrumpía de manera repetida sin que nadie hubiera escuchado un ronquido. Carolina forma parte de un universo amplio de mujeres cuya apnea obstructiva del sueño permanece sin diagnóstico, confundida con cuadros de cansancio, insomnio o cambios hormonales.
Según una revisión difundida por el Ministerio de Salud de la Nación en sus materiales sobre calidad de sueño, hasta un 75 por ciento de las mujeres afectadas por apnea obstructiva podría estar sin diagnóstico, y alrededor de un 40 por ciento no presenta los síntomas más conocidos, como los ronquidos intensos o las pausas respiratorias advertidas por la pareja. La cifra ayuda a dimensionar por qué un cuadro tan estudiado sigue siendo, en los hechos, un desconocido para buena parte de la población.
Señales que conviene no naturalizar
- Cansancio extremo durante el día, incluso después de horas de sueño.
- Dolor de cabeza al despertar, con sensación de pesadez.
- Dificultad para iniciar el sueño o para sostenerlo durante la noche.
- Cambios de ánimo, irritabilidad o niebla mental.
- Somnolencia al volante o frente a tareas que requieren atención.
Los cuestionarios que usan datos como edad, peso, presión arterial y contorno del cuello sirven para estimar el riesgo, pero tienden a identificar menos casos entre mujeres. Lo mismo ocurre con algunos estudios domiciliarios, que pueden registrar de manera incompleta las alteraciones respiratorias que se concentran en la fase REM del sueño. Por eso, cuando los síntomas persisten, un resultado inicial sin alteraciones no alcanza para descartar el trastorno y el profesional puede indicar una polisomnografía en un centro especializado, donde se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos y las distintas fases del descanso.
Embarazo, menopausia y atención en casa
Durante el embarazo la apnea puede aparecer de novo o agravar un cuadro previo, por lo que el abordaje debe coordinarse entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño. Si hay una cirugía programada, corresponde informar al equipo médico. La CPAP, que mantiene abierta la vía aérea mediante presión, es uno de los tratamientos más usados y requiere indicación y calibración profesional. Lo que se puede hacer desde casa, mientras tanto, es prestar atención a las señales y anotarlas: registrar la hora a la que se va a dormir, los despertares, la presencia de cefalea matinal y la somnolencia diurna es una manera concreta de llevar información útil a la consulta y de evitar que el cuadro se siga disfrazando de cansancio común.
La apnea obstructiva del sueño se asocia con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, motivos más que suficientes para no dejar pasar el malestar. Como me dijo una neumonóloga a la que consulté para esta nota, las mujeres suelen llegar a la consulta después de años de peregrinar por distintos profesionales, y ese tiempo perdido no se recupera: detectarla a tiempo es, también, una forma de cuidar el resto de la salud.
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