Cuando el cielo no ayuda: qué saber sobre la vitamina D en días grises
El médico internista Ramiro Heredia, de la Universidad de Buenos Aires, repasó quiénes deben controlar sus niveles, en qué casos vale la pena suplementar y por qué automedicarse puede ser contraproducente. Una guía para entender qué le pasa al cuerpo cuando se acumulan las jornadas sin sol.
Lo conozco a Roberto desde hace años, docente en una escuela primaria de Munro, y cada vez que encadenamos una semana entera de cielo plomizo me manda el mismo mensaje: dice que se le bajan las ganas de todo, que le duelen los huesos como si le hubiera pasado un camión por encima y que está convencido de que le falta vitamina D. Lejos de desmentirlo de entrada,prefiero acompañarlo a pensar qué hay de cierto y qué hay de mito en esa intuición tan compartida, porque el tema es más serio de lo que parece y conviene mirarlo con lupa antes de salir a comprar suplementos en la farmacia de la esquina.
La vitamina D se fabrica principalmente en la piel cuando nos da la radiación ultravioleta B. También se puede incorporar a través de algunos alimentos, aunque esa síntesis cutánea es la fuente principal para la mayoría de las personas. Ahora bien, según explicó Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, las nubes filtran parte de esa radiación pero no la eliminan por completo. Por eso, varios días consecutivos de lluvia o de cielo tapado no implican, por sí solos, una caída significativa en los niveles de esta vitamina. A eso se suma que el organismo guarda reservas que le permiten amortiguar esos vaivenes: la posibilidad de desarrollar una deficiencia depende de los niveles previos de cada uno, de los antecedentes médicos y de las condiciones de salud de cada paciente.
Quiénes sí tienen que prestarle atención
No todas las personas necesitan hacerse análisis ni tomar suplementos de manera preventiva. Heredia fue muy claro al identificar los grupos que sí requieren mayor atención, y la lista me pareció más amplia de lo que uno imagina en la conversación cotidiana:
- Adultos mayores, porque la capacidad de síntesis cutánea disminuye con la edad.
- Personas con obesidad, ya que la vitamina D tiende a quedar secuestrada en el tejido adiposo.
- Pacientes con enfermedad celíaca, por las dificultades en la absorción intestinal.
- Quienesse hayan hecho una cirugía bariátrica o hayan atravesado internaciones o cuadros críticos.
- Quienes tenganantecedentes de osteoporosis o de fracturas, donde la salud ósea está en juego.
En todos esos casos, la decisión de pedir un análisis de sangre y definir un eventual tratamiento depende de la evaluación médica. Para quienes no están dentro de esos grupos, el especialista fue terminante: no existe una recomendación general de suplementar a adultos sanos sin una deficiencia documentada. Y agregó una advertencia que a mí me parece clave, porque solemos olvidarla: el exceso puede ser perjudicial. Consumir vitamina D en cantidades elevadas puede provocar toxicidad,elevar el calcio en sangre y dañar la función renal.
Para qué sirve y qué puede pasar si falta
La vitamina D cumple un rol central en la absorción del calcio y del fósforo, dos minerales clave para la salud de los huesos. Cuando su falta es marcada, puede causar osteomalacia en los adultos, una enfermedad que debilita los huesos y produce dolor; también favorece la fragilidad ósea y aumenta el riesgo de fracturas. En los chicos, una carencia importante puede derivar en raquitismo. Además, esta vitamina participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario, por eso su déficit se cruza con cansancio, con mayor susceptibilidad a infecciones y con esa sensación general de estar "sin energía" que Roberto y tantos otros describen cuando se acumulan las jornadas sin sol.
Qué se puede hacer desde casa
Antes de tomar un suplemento por cuenta propia, vale la pena conversar con el médico de cabecera y, si el profesional lo indica, pedir un dosaje en sangre. Mientras tanto, se puede sumar a la mesa diaria alimentos que aportan algo de esta vitamina: huevos, pescados grasos como el salmón y la caballa, y yogures fortificados. Aun así, Heredia aclaró que cuando ya existe una deficiencia instalada, la dieta sola puede no alcanzar para corregirla, y que allí sí entra en juego la suplementación bajo control profesional. Para los días grises, también ayuda algo tan simple como aprovechar los ratos de sol que asoman entre las nubes, mantener los espacios iluminados y, sobre todo, no dejarse arrastrar por el “me automedico porque seguro me falta”. A Roberto le voy a decir lo mismo que le digo a cada lector: el primer paso es medir, no adivinar.
Heredia también señaló que el vínculo entre la falta de luz natural y los cambios de an
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