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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Cuando el hospital le abre la puerta a un robot: la experiencia japonesa que mira al mundo del trabajo

Un centro de salud de Nagoya probó al humanoide D1 para guiar a los pacientes y ordenar mesas; la prueba se enmarca en un plan oficial que prevé diez millones de robots con inteligencia artificial en Japón antes de 2040.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Cuando el hospital le abre la puerta a un robot: la experiencia japonesa que mira al mundo del trabajo

Me cuenta la cronista que la historia empieza con una señora de unos setenta años que llegaba al hospital de Nagoya con la mirada perdida en el pasillo, buscando el mostrador de turnos, cuando una voz amable le salió al cruce desde un metro veintinueve de estructura blanco brillante. Era el D1, un robot con inteligencia artificial desarrollado por la firma Zeals, y su primera tarea oficial fue esa: orientar a quienes transitan por el establecimiento. La experiencia se llevó adelante a fines de agosto de 2026 y le dio al equipo una excusa concreta para mover al humanoide fuera del laboratorio y ponerlo a prueba en el trajín cotidiano de un centro de atención al público.

El dato oficial que enmarca esta movida llega desde el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón, que se fijó como objetivo alcanzar los diez millones de robots con inteligencia artificial en funcionamiento antes de 2040. La meta busca responder a un problema que el país arrastra hace años: la escasez de mano de obra en hospitales y fábricas, y el envejecimiento de una población que cada vez necesita más cuidados y, al mismo tiempo, dispone de menos jóvenes para sostener el sistema. En ese rompecabezas, los humanoides como el D1 aparecen como una pieza pensadas para cubrir baches, no para reemplazar a las personas.

Qué hace y cómo es el D1 que probaron en Nagoya

  • Se desplaza sobre ruedas y mide 129 centímetros, una altura pensada para interactuar con adultos de pie.
  • Cuenta con una cámara frontal que le permite reconocer rostros y responder de manera personalizada.
  • Tiene dos brazos capaces de levantar hasta cinco kilogramos cada uno, suficiente para retirar bandejas o mover objetos livianos.
  • Fue probado en dos tareas concretas: orientar a los visitantes del hospital y despejar las mesas del comedor.
  • Su precio parte de los cinco millones de yenes, alrededor de 32.000 dólares al cambio de la prueba.

Para Masahiro Shimizu, director ejecutivo de Zeals, el ensayo en el hospital fue pensado como una usina de datos. Cada interacción con un visitante, cada bandeja retirada, cada metro recorrido por el pasillo se transforma en información para entrenar al sistema y verificar que la máquina responda bien en situaciones reales. La empresa ya tiene un cronograma ambicioso: fabricar 100 unidades del D1 antes de marzo de 2027 y acumular 10.000 horas de operación, con un esquema comercial que se apoya en distribuidores y socios que ofrezcan los equipos bajo la modalidad de arrendamiento.

El desembarco de estos humanoides, sin embargo, no se resuelve con enchufar y listo. Lo sabe bien Riu Tanaka, director ejecutivo de Kakuichi, una empresa de Nagano que comercializa acero y sistemas de gestión energética y proyecta sumar un D1 en abril de 2027, junto con los nuevos graduados que se incorporan ese mes. Con la colaboración de Play Robotics, la idea es destinarlo a tareas de manufactura, ventas y otros sectores para que aprenda sobre la marcha, en escenarios concretos. Tanaka lo dijo con una frase que me quedó dando vueltas: el desarrollo de estos equipos exige preparar a los empleados, porque de nada sirve tener la tecnología si el equipo humano no sabe qué hacer con ella.

Seguros y riesgos: la otra cara del desembarco

Porque donde aparece un robot que se mueve entre personas, aparecen también preguntas que hasta hace poco parecían de ciencia ficción. Mitsui Sumitomo Insurance se asoció con Zeals para ofrecer pólizas a los usuarios del D1, y Masaki Oshiro, gerente de una sucursal de la aseguradora, me enumeró los puntos sensibles: posibles daños a personas o bienes si un brazo calcula mal una bandeja, y filtraciones de información si un atacante encuentra una vía de entrada en el software que mueve al humanoide. No son riesgos teóricos: son los mismos que ya preocupan a cualquier empresa que conecta sistemas a internet, solo que ahora viven dentro de un cuerpo con ruedas y dos brazos.

Lo que se puede hacer desde casa, mientras tanto, es más terrenal y a la vez más urgente. Si en Japón un hospital acepta ser banco de pruebas de un robot, también está aceptando que los algoritmos que orientan a su señora de setenta años se entrenan con datos recogidos en ese pasillo, con esa gente, en ese idioma. La pregunta que me llevo, y que creo que vale la pena compartir, es qué tipo de conversaciones deberíamos empezar a tener acá sobre qué robots queremos ver en nuestros propios hospitales, escuelas y oficinas, y con qué reglas de juego. Hoy todavía parece un tema lejano, pero las 10.000 horas de operación que Zeals quiere juntar antes de marzo de 2027 van a correr mucho más rápido de lo que imaginamos.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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