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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la casa se llena y la ayuda llega en seis camiones: la experiencia de Don Carlos en San Lorenzo Norte

Un incendio en una vivienda de Neuquén dejó al descubierto años de acumulación. El municipio retiró residuos y la familia pudo empezar de nuevo. Cómo se accede a este tipo de operativos y por qué la firma del dueño es indispensable.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
Cuando la casa se llena y la ayuda llega en seis camiones: la experiencia de Don Carlos en San Lorenzo Norte

A Don Carlos lo conocieron sus vecinos mucho antes que los funcionarios. Llevaba décadas en esa casa del barrio San Lorenzo Norte y, con el paso de los años, el garage, el pasillo y hasta el techo se habían transformado en un depósito improvisado. Nadie le había pedido nada hasta aquella madrugada en la que un incendio terminó con la vivienda y expuso lo que él mismo ya no podía resolver solo: montañas de madera, bicicletas oxidadas, electrodomésticos que habían dejado de funcionar y ropa apilada en cada rincón. Hoy, gracias a un operativo municipal, seis camiones y un contenedor de veinte metros cúbicos ya se fueron llenos de su propiedad.

Según datos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, la acumulación compulsiva de objetos y residuos en viviendas constituye un problema sanitario y ambiental que crece en grandes ciudades del país. En Neuquén capital, la Subsecretaría de Medio Ambiente que conduce Cristian Haspert lleva adelante desde hace tiempo un programa de retiro de residuos acumulados en domicilios particulares, con personal, vehículos y contenedores propios. Lo que se levanta en esas jornadas se traslada al Complejo Ambiental de la meseta, donde se trata y se dispone siguiendo los protocolos vigentes.

Cómo funciona el operativo y por qué es clave la firma del dueño

La mecánica es simple en los papeles pero sensible en la práctica. Cualquier familiar, vecino o miembro de una comisión vecinal puede llamar a la línea 147 y pedir una evaluación. El municipio envía a un equipo de Medio Ambiente que recorre la casa, conversa con el propietario y, si este acepta, firma un permiso escrito para que los trabajadores ingresen con palas, guantes, contenedores y camiones. Haspert fue claro al explicar que, sin esa firma, el operativo no avanza: “Ya nos pasó de tener que volvernos porque la persona no nos dejaba entrar, y respetamos esa decisión”, reconoció. Esa instancia de diálogo, dice el funcionario, suele ser la más larga de todo el proceso.

En el caso de Don Carlos, el incendio hizo de catalizador. La Comisión Vecinal de San Lorenzo Norte se comunicó con el municipio ni bien ocurrió el siniestro y ofreció contención a los damnificados. Haspert contó que el fuego se alimentó en buena medida de la madera acumulada sobre los techos, lo que volvió la situación especialmente peligrosa: “No solo ponía en riesgo a quien habitaba la casa sino también a los vecinos linderos, porque la cantidad de material combustible era enorme”, advirtió el subsecretario. Con la autorización ya firmada, familiares y residentes colaboraron con los agentes municipales durante la limpieza.

  • Llamar a la línea 147 desde cualquier teléfono fijo o celular.
  • Acercarse a la comisión vecinal del barrio y explicar la situación.
  • Pedir que un familiar directo del propietario gestione el pedido.
  • Esperar la visita de los técnicos de Medio Ambiente, que evaluarán el volumen y los riesgos.
  • Si el dueño acepta, firmar el permiso de ingreso para que empiece el operativo.
“Lo primero es hablar con la persona. Hay que lograr que acepte la ayuda, porque sin su autorización no podemos entrar. En varias oportunidades no pudimos avanzar porque el propietario no firmó el permiso.”Cristian Haspert, subsecretario de Medio Ambiente de la Municipalidad de Neuquén

Qué se puede hacer desde casa para acompañar a quien vive esta situación

Antes de marcar el 147, vale la pena pensar en el tono. Quien acumula objetos durante años no lo hace por descuido sino, en general, por un entramado de razones que mezcla apego, aislamiento y, muchas veces, problemas de salud mental no diagnosticados. Por eso, en lugar de presionar para que tire todo de golpe, conviene proponer metas pequeñas: una habitación por vez, una fecha concreta y, sobre todo, la certeza de que no va a quedar expuesto. Si la familia no logra ese primer acuerdo, el municipio puede intervenir como mediador. Y si el riesgo es evidente, como ocurrió con Don Carlos después del fuego, la limpieza se vuelve una urgencia que ya no espera. Saber que existe este recurso —y que empieza por una llamada— puede ser el primer paso para que una casa vuelva a ser, simplemente, una casa.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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