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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la mochila pesa más fuera del aula: cómo el estrés escolar se filtra en la vida cotidiana

La presión por las tareas y las calificaciones puede acompañar a los estudiantes fuera del aula y expresarse en cambios de humor, dificultades de conducta o síntomas físicos. La psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, propone acompañar desde la calma, ordenar las obligaciones y sostener el descanso y los vínculos presenciales. También advierte que la conexión permanente puede aumentar la tensión.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Cuando la mochila pesa más fuera del aula: cómo el estrés escolar se filtra en la vida cotidiana

A Martina le cambió el humor sin aviso. Tenía diez años, iba a quinto grado en una escuela de la ciudad de Buenos Aires y, de un tiempo a esta parte, llegaba de la escuela con una contractura en el cuello que no se explicaba por el peso de la mochila ni por las horas de pantalla. En casa, cualquier comentario sobre la carpeta o sobre el examen del día siguiente encendía una discusión que no tenía nada que ver con el cuaderno. Su madre, Laura, docente de primaria, cuenta que durante varias noches la encontró despierta a las dos de la mañana, sentada en la cama, con la mirada perdida, como repasando mentalmente lo que había hecho mal en una prueba de matemática. Esa imagen, dice Laura, fue la que la decidió a pedir un turno con la psicóloga del colegio. Lo que había interpretado como pereza o capricho empezaba a tener, le dijeron entonces, otro nombre: estrés escolar.

Según un informe reciente del Ministerio de Educación de la Nación, la convivencia escolar y el bienestar emocional de los estudiantes ocupan un lugar creciente en las políticas de cuidado que las jurisdicciones vienen implementando en los últimos años, en línea con la Ley de Educación Nacional que garantiza el derecho a aprender en condiciones de igualdad y calidad. En el segundo párrafo del comunicado oficial, el área destaca la necesidad de fortalecer los equipos de orientación y de capacitar a los docentes para detectar señales de sufrimiento psíquico en chicos y adolescentes, algo que hasta hace poco quedaba reservado al ámbito privado.

Por qué el estrés escolar se mete en la casa

La manera en que responden los adultos que rodean a un estudiante influye de manera directa en cómo este maneja la tensión. Así lo sostiene la psicóloga Susan Albers, especialista en comportamiento y alimentación de la prestigiosa Cleveland Clinic, en Ohio, Estados Unidos, en una reciente conversación con este portal. Para Albers, hacer una pausa antes de reaccionar y mostrar, con el propio ejemplo, que es posible pedir ayuda son dos recursos fundamentales para que un chico o una chica pueda nombrar lo que le pasa sin sentir que sobra o que incomoda.

Ese acompañamiento puede extenderse más allá de la familia inmediata. La especialista destaca el valor de que el estudiante cuente con otros adultos de referencia, dentro o fuera del colegio, que estén en condiciones de manejar sus propias emociones y de sostenerlo cuando las obligaciones lo sobrepasan. Si quien cuida también está estresado, dice, puede servir de muestra el hecho de mostrar cómo trabaja sobre esa dificultad y cómo busca ayuda, porque ese gesto enseña más que cualquier sermón.

La presión del colegio no siempre aparece expresada en palabras. Albers advierte que puede manifestarse en el hogar mediante variaciones del ánimo, dificultades de conducta y molestias físicas como los dolores de panza recurrentes, las cefaleas o los problemas de sueño que Laura veía en Martina. A las tareas y a las expectativas se suman las comparaciones que los propios jóvenes hacen a través de redes sociales y los mensajes que mantienen al estudiante permanentemente conectado con las demandas escolares, incluso cuando ya apagó la computadora.

“Una exigencia moderada puede ser un motor. El problema aparece cuando la respuesta de estrés se vuelve demasiado frecuente o demasiado prolongada, porque ahí el organismo dispone de menos oportunidades para recuperarse y, además, la preocupación intensa ocupa recursos de la memoria de trabajo, que es la que necesitamos para manejar información en el momento y recuperar lo aprendido.”Susan Albers, psicóloga de Cleveland Clinic

Qué se puede hacer desde casa

Para organizar una jornada cargada, Albers propone revisar juntos qué requiere una resolución inmediata, qué admite una espera y qué puede delegarse o, directamente, quitarse. Después, conviene separar la obligación prioritaria en acciones más pequeñas y concretas. Una demanda que parecía imposible de abordar se convierte, así, en una secuencia de pasos manejables, que es exactamente lo que recomienda la psicología cognitiva cuando el nivel de activación emocional es alto.

El tiempo libre también merece atención. La especialista señala que el desplazamiento continuo por publicaciones en redes puede prolongar la sensación de estar bajo evaluación permanente. Como alternativa, plantea actividades artísticas, caminatas al aire libre o prácticas de meditación que permitan concentrarse en el presente y cortar, aunque sea por un rato, el hilo de la autoexigencia.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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