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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la palabra se escapa: estrategias para recuperarla y señales para no pasar por alto

La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas detalla por qué a veces sabemos qué queremos decir pero el término justo no aparece, qué recursos sirven para reencontrarlo y en qué situaciones conviene pedir una evaluación profesional.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
Cuando la palabra se escapa: estrategias para recuperarla y señales para no pasar por alto

A Graciela, docente jubilada de Morón, le pasó durante una reunión de consorcio: tenía en la cabeza la imagen nítida de un aparato viejo que giraba y enfriaba la pieza que le habían encargado mencionar, pero el nombre no le salía. Lo buscó por un costado, pensó en la letra con la que empezaba, describió para qué servía, y recién varios minutos después, ya en su casa, apareció la palabra: ventilador. Lo que le ocurrió tiene nombre y, según explica la neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas, lejos de ser un síntoma alarmante, es una experiencia frecuente que atraviesa a personas de todas las edades, incluso a las más jóvenes y descansadas. Saber qué se quiere decir y no encontrar el término exacto es, en buena parte de los casos, un fenómeno conocido como la punta de la lengua, y se puede abordar con recursos concretos.

El Ministerio de Salud de la Nación recuerda que las dificultades en la búsqueda de palabras, cuando son ocasionales, no constituyen por sí mismas un cuadro patológico, y recomienda diferenciarlas de cambios persistentes que afectan la vida cotidiana. En esa línea, la especialista, licenciada en Psicología y especializada en Neuropsicología Clínica, describió a este medio qué palancas ayudan a retomar una idea cuando la palabra se fuga y en qué momentos conviene sentarse a charlarlo con un profesional.

Recursos para reencontrar el término justo

  • Buscar un sinónimo o describir aquello que se quiere nombrar para sostener la conversación mientras el término llega.
  • Pensar en la letra con la que comienza la palabra, en su utilidad o en sus características más visibles, que funcionan como pistas para recuperarla.
  • Conversar sobre asuntos que resulten de interés personal y contar esa información con palabras propias, porque ejercita la fluidez verbal.
  • Disminuir las distracciones del entorno para concentrarse y sostener el hilo del intercambio, ya que la atención es parte del proceso.

Esas vías, señala Sánchez Salinas, no son caprichosas: acceder a una palabra exige primero activar su significado y luego recuperar los sonidos que permiten pronunciarla. En el fenómeno de punta de la lengua ese segundo acceso puede demorarse o interrumpirse por un instante, y por eso los rodeos descriptivos o los pensamientos sobre la letra inicial suelen destrabar la búsqueda. La buena noticia es que, con frecuencia, la palabra aparece sola minutos después, cuando uno deja de forzarla, y eso no implica que se haya perdido.

Cuándo conviene consultar a un profesional

La distinción importante, subraya la neuropsicóloga, es entre un episodio aislado y una dificultad que se repite y empieza a complicar la comunicación. Recomienda pedir una evaluación cuando encontrar palabras se vuelve un problema frecuente, cuando aparecen confusiones al nombrar objetos habituales o cuando cuesta cada vez más seguir una conversación. También merecen atención los cambios notorios en el habla que advierte la propia persona o quienes la rodean, ya que pueden ser la puerta de entrada a una consulta clínica y neuropsicológica que contribuya a comprender los síntomas y a orientar el diagnóstico y el tratamiento.

El criterio, precisa, incluye observar si esas dificultades representan un cambio respecto de cómo se comunicaba la persona antes y si interfieren en su vida cotidiana, dos condiciones que ayudan a diferenciar una pausa común de algo que necesita acompañamiento. El cansancio, las distracciones y la presión del momento suelen amplificar el fenómeno, y con los años es esperable que ciertos términos tarden un poco más en aparecer, mientras que la comprensión cotidiana suele conservarse. Por eso, en casa, la invitación es a ejercitar la palabra hablándola, prestarle atención al entorno para reducir ruidos y, ante la duda, conversar con un profesional antes de que la preocupación crezca más que el síntoma.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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