El cuerpo en movimiento: cómo la actividad física puede sumar (o restar) en la vida sexual
La fisioterapeuta Erika Lydon explica por qué el ejercicio moderado mejora la circulación y el descanso, y por qué entrenar de más o sin descanso puede jugar en contra del deseo. Una guía para empezar sin lesionarse y sin frustrarse.
A sus 48 años, María nunca había pensado que una caminata alrededor de la plaza pudiera tener algo que ver con su vida sexual. Lleva tres meses sin poder dormir del todo bien, se siente cansada a la tarde y nota que el interés por el encuentro con su pareja fue mermando sin una causa clara. Hasta que una amiga le dijo que probara con moverse un rato por día, algo tan simple como caminar, sin más exigencias. Esa historia, repetida en distintos tonos en los consultorios, es la puerta de entrada para entender por qué la actividad física puede mejorar —o, en algunos casos, empeorar— la función sexual.
El Ministerio de Salud de la Nación recomienda, como pauta general para la población adulta, acumular al menos 150 minutos de actividad física aeróbica moderada por semana, o 75 minutos de actividad intensa, sumados a dos jornadas de ejercicios de fuerza. Esa referencia, pensada para cuidar el corazón, los huesos y el estado de ánimo, no es una receta para el deseo sexual, pero sí puede ser el piso desde donde construir una rutina cuyos efectos secundarios terminan beneficiando la intimidad.
Lo que la fisioterapeuta Erika Lydon pone sobre la mesa
Erika Lydon es fisioterapeuta especializada en suelo pélvico y suele repetirles a sus pacientes lo mismo que les diría a quienes empiezan a correr después de años de sedentarismo: hay que arrancar con lo que se pueda sostener. En diálogo con este portal, propone iniciar con caminatas de 15 minutos e ir subiendo de a poco, eligiendo algo agradable y realista. "Si elegís algo que te genera placer o al menos no te resulta tedioso, vas a poder sostenerlo en el tiempo. Y la constancia es la que termina dando resultados", resumió la especialista.
- Mejor circulación: el trabajo aeróbico cuida al corazón y los vasos sanguíneos, lo que favorece la llegada de sangre a los órganos sexuales y puede colaborar tanto en la erección como en la excitación y la función sexual femenina.
- Descanso de mejor calidad: moverse con regularidad suele ayudar a dormir mejor, y un sueño reparador es clave para el ánimo y la energía durante el día.
- Manejo del estrés: la tensión acumulada puede apagar el interés sexual; el ejercicio funciona como una vía de descarga y, en muchos casos, mejora el humor.
- Fuerza y equilibrio hormonal: el entrenamiento de fuerza puede influir en procesos vinculados con la energía, la respuesta al estrés y el equilibrio hormonal.
Cuando el cuerpo avisa: las señales para frenar
Lydon es clara en un punto que a veces se pierde de vista: más no siempre es mejor. Entrenar de manera excesiva, sin una alimentación que acompañe y sin tiempo suficiente de recuperación, puede terminar jugando en contra del deseo. "El sobreentrenamiento produce fatiga, altera el descanso y puede impactar de manera negativa en la libido. El cuerpo necesita recuperarse para funcionar bien, también en lo sexual", advirtió. La especialista también que cualquier molestia —dolor pélvico, discomfort durante las relaciones, dudas sobre el desempeño— merece una consulta con un profesional de salud o con un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico, antes de lanzarse a sumar ejercicios por cuenta propia.
Suelo pélvico: ni mágico ni universal
Uno de los errores más comunes, según Lydon, es creer que los ejercicios de Kegel son siempre la solución. Esa musculatura sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero no siempre necesita fortalecerse. De hecho, en personas con músculos que tienden a la hipertonía —que permanecen contraídos o con dificultades para relajarse—, sumar más tensión puede volver las relaciones dolorosas en lugar de placenteras. Por eso, la recomendación es clara: la indicación de trabajo sobre el piso pélvico debe ser personalizada y realizada con acompañamiento profesional.
Qué se puede hacer desde casa esta semana
Para quienes quieran empezar sin frustrarse, la especialista propone una hoja de ruta posible y concreta. No hace falta un gimnasio ni equipamiento sofisticado: alcanza con animarse a dar el primer paso, con prudencia y sin prometerse milagros. Estas son algunas claves que se pueden poner en práctica desde hoy mismo.
- Caminar 15 minutos por día durante la primera semana, preferentemente a ritmo constante y en un horario que se pueda mantener.
- Sumar cinco minutos más cada semana, hasta llegar a los 30 o 40 minutos diarios, siempre que el cuerpo responda bien.
- Elegir una actividad que resulte placentera: bailar, nadar, andar en bicicleta o seguir una rutina guiada en casa, según lo que cada uno disfrute.
- Incorporar dos jornadas semanales de ejercicios de fuerza simples, como sentadillas, flexiones adaptadas o el uso de bandas elásticas.
- Dormir entre 7 y 8 horas por noche y cuidar la alimentación, porque sin descanso ni nutrientes el esfuerzo no se traduce en bienestar.
- Prestar atención a las señales: si aparece dolor, fatiga extrema o caída del deseo, consultar antes de seguir subiendo la intensidad.
María, la paciente que abría esta nota, cumplió su primer mes: camina cuarenta minutos por las tardes, duerme con más continuidad y volvió a sentirse ella misma. No fue magia, ni un plan específico para su vida sexual, sino el efecto acumulado de moverse un poco más cada día, dejar de exigirse de más y permitirse el descanso. Eso, para Lydon, es casi siempre el verdadero punto de partida.
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