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VIE, 16 OCT 2026
Vida

El hombre que le ganó al mundo a vela y al que el mar se llevó sin dar respuestas

Joshua Slocum fue el primer navegante solitario confirmado en dar la vuelta al planeta, a bordo de un balandro que él mismo reconstruyó. En 1909 partió por última vez hacia el sur y nunca regresó: la de Estados Unidos lo declaró muerto en alta mar sin haber encontrado restos ni testigos.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
El hombre que le ganó al mundo a vela y al que el mar se llevó sin dar respuestas

A los dieciséis años, Joshua Slocum se escapó de la granja familiar en Nova Scotia y se enroló como cocinero y grumete en un velero mercante. No sabía entonces que esa decisión marcaría el resto de su vida: durante las décadas siguientes aprendió el oficio con una disciplina casi artesanal, y cuando el mundo empezó a apostar por el vapor, él siguió fiel a la vela. Esa obstinación, mezclada con un humor seco y una memoria corporal del mar que compensaba la falta de instrumentos, lo convertiría décadas más tarde en el primer navegante solitario documentado en dar la vuelta al mundo.

El 24 de abril de 1895, según reconstrucciones históricas recogidas por la de Estados Unidos en sus registros sobre navegación, un balandro pesquero de once metros llamado Spray zarpó del puerto de Boston con un solo hombre a bordo. Slocum no contaba con una expedición oficial ni con financiamiento: había recuperado el casco en un pastizal de Massachusetts, lo había reconstruido tabla por tabla durante trece meses y se había hecho a la mar con la ropa justo y un reloj de hojalata sin cristal como único instrumento de a bordo.

Tres años, 46.000 millas y un piloto fantasma

La travesía duró tres años y cubrió más de 46.000 millas náuticas. Slocum cruzó el Atlántico, bordeó el cabo de Hornos por el Estrecho de Magallanes, atravesó el Pacífico y el Índico y regresó a Newport, Rhode Island, el 27 de junio de 1898. Ningún navegante había completado ese recorrido en solitario antes que él. Entre los episodios que él mismo relatara después, hay dos que resumen su manera de enfrentar el riesgo: en el Estrecho de Magallanes esparció tachuelas de alfombra sobre la cubierta para disuadir a los fueguinos que intentaban abordar de noche, y cerca de las Azores, enfermo y delirante por alimentos en mal estado, creyó ver un piloto fantasma al timón. Cuando se recuperó, el Spray seguía navegando con rumbo firme.

  • Reconstruyó un balandro podrido durante trece meses, sin presupuesto más que su propio oficio.
  • Navegó sin cronómetro marino: usaba un reloj barato de hojalata al que le faltaba el cristal.
  • No sabía nadar: decía que en medio del océano serviría solo para alargar la agonía.
  • Publicó en 1900 Sailing Alone Around the World, que empezó como serie en revistas y se volvió libro de éxito inmediato.
  • En noviembre de 1909 zarpó desde el puerto de Mamaroneck, Nueva York, rumbo al sur, con 65 años, y nunca regresó.

Una despedida sin testigos

En noviembre de 1909, a los 65 años, Slocum zarpó una vez más. Salió del puerto de Mamaroneck, en el estado de Nueva York, y puso proa al sur. Quería, según escribió a su hermano, llegar a las Antillas y luego atravesar el canal de Panamá hacia el Pacífico. Nunca llegó. Su familia y el círculo náutico aguardaron noticias durante meses; los periódicos de la época siguieron el misterio con titulares cada vez más espaciados. La de Estados Unidos lo declaró muerto en alta mar: no se encontraron restos del Spray ni de su único tripulante, y no hubo testigos del final.

Lo que queda, más de un siglo después, es la huella de un marino que resolvió con ingenio y oficio lo que hoy resolveríamos con un navegador satelital y un teléfono satelital. Y, a la vez, el recordatorio de que el océano no siempre devuelve a quienes lo cruzan. Para quienes hoy sueñan con una circunnavegación en solitario, la lectura que dejó Slocum en casa es doble: por un lado, el detalle minucioso de su bitácora, donde enseña a estimar posición con observaciones lunares y a gobernar un barco sin instrumentos; por el otro, su advertencia de que el mar no pide credenciales, solo respeto. Quien quiera prepararse puede empezar por el libro original, hoy de dominio público y disponible en bibliotecas digitales, y por los manuales modernos de navegación astronómica que permiten repetir, con instrumental actual, los cálculos que él hacía a ojo y memoria.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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