El Malbec que silenció a los franceses: Gualtallary acaba de ganar el mundial del vino tinto
Un tinto mendocino se quedó con el premio más codiciado del International Wine Challenge de Londres. Es la primera vez que una botella argentina trepa a lo más alto del podio. Te cuento quién está detrás y por qué importa.
Prometía ser un buen Malbec y terminó siendo, según los jueces de Londres, el mejor tinto del planeta. Apretá el sillón, porque la noticia lo amerita: el Huentala Calizo Albar Block 06 2023 se consagró Champion Red Wine en el International Wine Challenge, el concurso donde los sommelier te miran con cara de juez y no te regalan nada. Cinco años seguidos ganando franceses. Cinco. Hasta que apareció Gualtallary y les pasó por arriba.
La bodega que firma estegolazo nació cuando a Julio Camsen le sobraba coraje y le faltaba el dinero. Compró el campo en 2002, en plena crisis, y plantó las primeras vides en octubre de 2010. Primera cosecha, 2013. Primera botella vendida, 2016. O sea: llevan apenas una década en la calle y ya le torcieron el brazo a Burdeos en su propia casa.
Una apuesta a todo o nada
Ciento treinta hectáreas. Nada más. Sin planes de a otros terrenos ni tentaciones de comprar acá y allá. Mantener la finca cuesta unos 5.000 dólares por año por hectárea, y entre campo, bodega, equipamientos y restaurante llevan invertidos cerca de 15 millones de dólares desde el arranque. El proyecto no se sostiene con marketing: se sostiene con la uva y el bolsillo del dueño.
- Un único viñedo de 130 hectáreas en Gualtallary, Valle de Uco, Mendoza.
- Primera plantación en octubre de 2010 y primera cosecha en 2013.
- Comercialización desde 2016: hoy exporta a 24 países.
- Costo de mantenimiento: unos 5.000 dólares por hectárea por año.
- Inversión acumulada estimada: 15 millones de dólares.
- Además del Calizo Albar, elaboran Sombrero y Gran Sombrero, etiquetas más accesibles que se consiguen en supermercado.
Si el Calizo Albar te parece inalcanzable, su línea hermana Gran Sombrero sacó 96 puntos en el mismo concurso. Y si la copa te queda lejos, siempre queda la excusa del viaje: la bodega tiene La Cabrera y El Rastro en Mendoza, donde se puede almorzar bien, tomar bien y después discutir con el mozo si 96 puntos es mucho o es poco.
Lo compro, sin vueltas. Y no porque me vuelva sommelier ni porque ahora vaya a largar definiciones de terroir por cualquier cena: lo compro porque un tinto mendocino le ganó en Londres a los mismos franceses que llevan siglos escribiendo el manual del vino. Eso, en la mesa de los argentinos, se brinda de pie. ¿Vos ya probaste algo de Gualtallary? Contame qué encontraste, que la curiosidad siempre se abre mejor con una copa en la mano.
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San Juan Byte