El parador nocturno de Neuquén se rearma para no cerrar en primavera y empezar a reinsertar
A dos meses de abrir sus puertas, el refugio que asiste a personas en situación de calle atendió a 400 usuarios y registró picos de 120 asistentes por noche. Ahora cambia de formato: funcionará todo el año con un esquema por etapas que apunta al trabajo y al reencuentro con la familia.
A Sebastián lo conocí una mañana de julio, cuando todavía hacía frío adentro del parador y afuera el viento neuquino no perdonaba. Tenía 47 años, dos mudas de ropa en una mochila y una razón muy simple para haber llegado hasta ahí: se había quedado sin trabajo en la construcción y, después de una pelea con su ex pareja, terminó durmiendo bajo un puente. Como él, en los últimos dos meses unas 400 personas pasaron al menos una noche por el refugio nocturno que la ciudad de Neuquén puso en marcha el pasado invierno, con un promedio de 100 asistentes cada noche y picos de hasta 120, según los registros que difundió el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia.
El dato que más llama la atención al revisar esos números es el perfil de quienes asisten: el 92% son varones y el 81% tiene domicilio registrado en la propia Neuquén, una cifra que surge de cruzar la base del dispositivo con el Registro Nacional de las Personas. No se trata, entonces, de personas recién llegadas de otras provincias, sino de vecinos que por distintos motivos quedaron afuera del mercado de alquiler y del mercado laboral al mismo tiempo, y que muchas veces vuelven a la calle después de haber comido en un comedor o recibido alguna ayuda estatal.
El nuevo formato: un dispositivo todo el año y por etapas
El frío ya se empieza a ir de la Patagonia, pero el parador no va a cerrar sus puertas. La decisión, confirmada por fuentes del Ministerio de Desarrollo Social local, es reconvertirlo en un dispositivo permanente con un esquema de tres niveles pensado para acompañar a cada persona según el momento del proceso en el que se encuentre.
En la práctica, el cambio se va a notar desde el primer momento del recorrido. El punto de encuentro nocturno ya no será una parada fija, sino un tráiler instalado al lado del Hospital Bouquet Roldán, donde los asistentes podrán dejar sus pertenencias antes de ser trasladados al refugio. Quienes estén en condiciones de moverse solos podrán hacerlo por sus propios medios, sin esperar el vehículo. La idea, explican en el equipo que coordina el lugar, es reducir el estigma y empezar el día con una rutina parecida a la de cualquier trabajador.
La inspiración de Ciudad Oculta y el trabajo con Salud
El rediseño no se hizo en el aire: dos funcionarios y dos trabajadores del área social viajaron dos días a Ciudad Oculta, en el sur del área metropolitana de Buenos Aires, para conocer de cerca cómo funcionan allí los dispositivos con varios años de experiencia. Volvieron con una idea central, la de pasar de un parador de emergencia a un programa de reinserción, y con un acuerdo con el Ministerio de Salud provincial para reforzar el plantel profesional.
Hoy el parador ya ofrece atención podológica todos los miércoles, consultorios de medicina general y odontología a cargo de residentes, y un equipo de psicólogos que trabaja de manera individual con los usuarios. Con el nuevo formato se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y se articulará con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en Neuquén capital, una red informal que hasta ahora funcionaba con escaso contacto.
El acceso, aclaran desde la coordinación, sigue siendo voluntario: las personas se acercan hasta la Catedral María Auxiliadora, en pleno centro neuquino, y desde ahí son derivadas al dispositivo. Aun así, las propias autoridades reconocen que todavía hay personas que duermen en la calle y nunca se acercan: las esquinas del centro y algunas plazas del barrio Confluencia lo confirman cada noche.
A Sebastián, mientras tanto, le quedan algunas semanas de parador. Ya concurrió a dos entrevistas en una obra en construcción y volvió a ver a uno de sus hijos los domingos. No dice que el refugio le cambió la vida, pero sí que le cambió la semana, y para alguien que pasó meses mirando el techo de un shopping, eso ya es bastante.
Qué se puede hacer desde casa
Para los lectores que se preguntan cómo colaborar, las opciones concretas son tres: acercar donaciones de ropa de abrigo y calzado en buen estado a la parroquia de la Catedral o a las organizaciones que el Ministerio de Desarrollo Social tiene publicadas en su página oficial; ofrecerse como voluntario para las guardias nocturnas o los talleres de oficios que se piensan montar en la etapa de alto umbral; y, sobre todo, no naturalizar la presencia de personas durmiendo en la calle, porque detrás de cada colchón improvisado hay alguien que, como Sebastián, todavía tiene un trabajo y una familia a los que poder volver.
Soy Marina Morales y nos leemos la próxima semana en Educación y tecnología, con más historias de quienes intentan transformar la vulnerabilidad en un nuevo comienzo.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
San Juan Byte