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VIE, 16 OCT 2026
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El viaje que Miyazaki no pudo hacer: cuando Astrid Lindgren le cerró la puerta a Pippi Calzaslargas y él convirtió el rechazo en arte

En 1971, el futuro autor de 'Mi vecino Totoro' viajó a Suecia para adaptar al ícono infantil. La escritora le dijo que no. Lo que siguió fue una cadena de decisiones que terminaron moldeando parte de su obra más querida.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
El viaje que Miyazaki no pudo hacer: cuando Astrid Lindgren le cerró la puerta a Pippi Calzaslargas y él convirtió el rechazo en arte

A Gabriela, docente de primaria en Morón, le gusta arrancar las clases de literatura preguntando quién fue el primer personaje que los marcó de chicos. Hace unos meses le tocó una respuesta que la descolocó: una alumna de cuarto grado levantó la mano y dijo, muy seria, que para ella había sido Pippi Calzaslargas. Gabriela se quedó pensando en cómo una nena sueca de trenzas coloradas, creada en 1945, seguía hablando con los pibes del conurbano en pleno 2024. Lo que ella no sabía era que, mucho antes de que esa alumna naciera, un japonés obsesionado con dibujar aviones y pueblos fantásticos había viajado al otro extremo del mundo para intentar llevar a Pippi a la pantalla. Y que se había vuelto con las manos vacías. Pero, igual, con el dibujo cambiado para siempre.

El episodio forma parte de los anales del Studio Ghibli y fue reconstruido por el propio Hayao Miyazaki y su socio Isao Takahata en distintas entrevistas. A principios de los setenta, después del fracaso comercial de 'Las aventuras de Hols, el príncipe del sol' en Toei Animation, un productor llamado Yasuo Otsuka los convocó a un estudio pequeño llamado A-Pro, que buscaba zafar de la lógica industrial de la televisión japonesa de la época. El proyecto que encendió a ambos fue, justamente, una serie animada basada en las novelas de Astrid Lindgren.

Un tren a Visby y una negativa que dejó huella

En 1971, Miyazaki tomó un avión hacia Suecia y luego un ferry hasta la isla de Gotland, donde funcionaba la editorial de Lindgren. Quería los derechos para producir una serie de anime. Quería, también, entender de cerca los paisajes que había leído en los libros. Para el director, aquel recorrido fue una conmoción: 'Fue algo extraordinario para nosotros. La oportunidad de hacer algo significativo y no solo televisión', recordó años después. Takahata, en tanto, veía en Lindgren una autora que se animaba a cuestionar la tradición de la literatura infantil europea, esa que solía tratar a los chicos como proyectos a corregir.

Pero Lindgren dijo que no. Fuentes de la época coinciden en que la escritora había quedado disgustada con una adaptación cinematográfica de su personaje realizada en 1949 y que desconfiaba de la animación japonesa, a la que asociaba con una violencia que no iba con sus historias. El propio Miyazaki, en sus memorias recopiladas en el libro 'Starting Point', retrata el momento como una frustración enorme, pero también como un aprendizaje: la primera vez que pisó Europa y la primera vez que una obra no se hizo.

Qué se hizo con los bocetos que no sirvieron para Pippi

  • En 1972, Miyazaki y Takahata volcaron buena parte de la investigación y los bocetos en 'Las aventuras de Panda y sus amigos', un mediometraje dirigido por Takahata y escrito por Miyazaki. La protagonista, Mimiko, es una niña traviesa y pelirroja que mantiene varios rasgos de Pippi.
  • Ese filme tuvo una secuela al año siguiente, 'Panda y la magia de Panda', donde también se notan la curiosidad y la libertad de la nena sueca llevadas a otro contexto.
  • En 1989, dieciséis años después del viaje a Suecia, Miyazaki usó los paisajes que había conocido en Gotland como referencia visual para la ambientación de 'Nicky, la aprendiz de bruja', basada en la novela de Mary Norton.
  • Críticos y biógrafos del Ghibli, como Jonathan Clements y Helen McCarthy, señalan que la decisión de contar historias desde la mirada de una niña obediente pero no domesticada recorre toda la obra posterior de Miyazaki, desde 'Mi vecino Totoro' hasta 'El viaje de Chihiro'.

Si uno mira la filmografía del estudio con este dato en la mano, la cadena se vuelve más visible: Pippi no se hizo, pero dejó una sombra en cada nena testaruda del Ghibli. Es como si el rechazo de Lindgren hubiera obligado a Miyazaki a buscar su propia versión de la protagonista que no pudo dibujar, y a encontrarla una y otra vez en proyectos distintos. También deja una enseñanza incómoda para quien escribe o dibuja: a veces, el mejor material que hacemos es el que terminamos regalándole a otro proyecto, sin saberlo.

Qué se puede hacer desde casa con esta historia

  • Leer 'Pippi Calzaslargas' en la edición local que esté disponible en librerías o bibliotecas escolares, y charlar con chicos y adolescentes sobre qué decisiones tomarían ellos si fueran Pippi.
  • Ver 'Las aventuras de Panda y sus amigos' (1972) y 'Nicky, la aprendiz de bruja' (1989) como contrapunto: dos películas clave del Ghibli que nacen, en parte, del mismo viaje a Suecia.
  • Buscar el documental 'Kingdom of Dreams and Madness', de Mami Sunada, que recorre el proceso creativo del estudio y permite ver a Miyazaki en su taller, entre papeles y bocetos.
  • Usar esta anécdota en el aula como caso de cómo una negativa puede redireccionar una carrera creativa: pedirle a los alumnos que piensen un proyecto propio que se haya transformado en algo distinto a lo imaginado.
MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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