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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Fletcher y Lachie, los amigos que le demostraron al mundo que una silla de ruedas no es un freno para recorrerlo

Un accidente de montaña dejó parapléjico a Fletcher Crowley a los 17 años. Décadas después, junto a su amigo Lachie Bennett, completó una vuelta al mundo de tres meses por cuatro continentes. Aquí, los detalles de una historia de amistad, planificación y obstáculos superados a 268 escalones de altura.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Fletcher y Lachie, los amigos que le demostraron al mundo que una silla de ruedas no es un freno para recorrerlo

Conocí la historia de Fletcher Crowley y Lachie Bennett casi de casualidad, como muchas de las historias que más me quedan: por el relato de alguien que los vio de cerca y no pudo evitar contarlo. A Fletcher lo recuerdo especialmente porque tiene esa manera de hablar que parece sacada de un documental largo, con pausas y una honestidad que no busca impresionar. Su caso además toca un tema que me interesa mucho en esta sección, el de la tecnología y la educación, porque no es una historia de inventos ni de plataformas, sino de personas que aprenden, se adaptan y terminan enseñando algo a los demás.

Fletcher tenía diecisiete años cuando un accidente en bicicleta de montaña le fracturó dos vértebras y lo dejó parapléjico. Hoy puede ponerse de pie y dar algunos pasos, pero el esfuerzo lo agota enseguida. Esa limitación, lejos de encerrarlo, terminó siendo el punto de partida de una aventura que recorre cuatro continentes y que sigue dando vueltas en redes y en conversaciones de café.

Una cena de turno nocturno que cambió los planes

El lazo entre ambos se forjó en un centro de recuperación para personas con lesiones medulares, donde Lachie trabaja como terapeuta. Es el mismo lugar al que Fletcher llegó tras el accidente, y donde se reencontraron después de haber compartido el colegio años atrás. Fue durante una cena de turno nocturno cuando empezaron a hablar de verdad. Descubrieron que compartían la música, la moda, las ganas de conocer gente nueva y, sobre todo, algo más íntimo: los dos habían atravesado episodios de ansiedad y habían aprendido a manejarlos. Esa coincidencia les dio una base de entendimiento que va mucho más allá de los gustos comunes y que, según cuentan ellos mismos, es lo que sostiene cualquier proyecto largo.

El viaje grande empezó casi por accidente, como tantas cosas que terminan siendo definitorias. Iban a escaparse dos semanas cuando apareció una oferta de vuelta al mundo con varias escalas. La compraron sin pensarlo demasiado. El itinerario terminó incluyendo Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica, todo en tres meses.

Lo que hicieron en cada parada, según el material

  • En Hong Kong, Lachie cargó a Fletcher en la espalda para subir los 268 escalones que llevan al Gran Buda. Ellos mismos describieron la llegada arriba como un momento surrealista.
  • En Suiza, una familia que los seguía en redes sociales los invitó a quedarse en su casa.
  • En Francia se alojaron en la granja de ovejas de un conocido y pasaron una noche en una capilla del siglo X cerca de Niza.
  • En Brasil recorrieron la selva en cuatriciclo.
  • En Sudáfrica hicieron safari, bucearon con tiburones y volaron en parapente.

La logística, claro, no siempre fue sencilla. Algunos lugares directamente no eran accesibles, y hubo que buscar rutas alternativas o, llegado el caso, cargar a Fletcher a cuestas. En sus propias palabras, que vale la pena leer con atención: puede requerir un poco más de planificación y a veces las cosas tardan más, pero encontramos la manera de que casi todo funcione. La frase es casi un manual de vida, y a mí me sirve cada vez que escucho la queja de que algo es imposible.

Cómo se financia una vuelta al mundo en silla de ruedas

Al principio, la aventura se sostuvo con ahorros propios. Cuando empezaron a publicar videos, la respuesta fue tan grande que una campaña de micromecenazgo les dio el margen para ser más espontáneos. El alojamiento también se resolvió, en gran parte, gracias a la gente que los contactaba por redes, algo que muestra hasta qué punto una comunidad digital bien usada puede convertirse en una red de apoyo concreto.

“El mundo no es accesible, nosotros lo somos.”Fletcher Crowley y Lachie Bennett

Lo que se puede hacer desde casa

Más allá de la épica del viaje, esta historia deja algunas ideas prácticas que cualquier lector puede aplicar sin subirse a un avión. Primero, planificar no es un trámite burocrático, es una forma de cuidado: cuando se sabe con qué recursos se cuenta y qué obstáculos pueden aparecer, el miedo se reemplaza por estrategia. Segundo, la tecnología, incluso en su versión más básica como una red social o una plataforma de micromecenazgo, puede ser una aliada cuando se la usa con un objetivo claro. Tercero, y esto me parece lo más importante, la accesibilidad no se resuelve sola: depende de que alguien se anime a preguntar, a pedir una rampa, un ascensor, una mano, sin pedir disculpas por hacerlo. Fletcher y Lachie lo demuestran a 268 escalones de altura. Empezar por casa, pedir lo que se necesita, planificar con tiempo y apoyarse en la comunidad son cuatro pasos al alcance de cualquiera.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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