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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Gabriel Rolón y la trampa de vivir en un pasado que ya no existe: cómo la idealización de los recuerdos puede robarle lugar al presente

El psicólogo y escritor repasó el peso que suelen ganar las etapas que terminaron y los proyectos que aún no llegaron en la construcción del bienestar cotidiano. Propuso distinguir entre valorar lo vivido y quedar detenido en una versión editada de la propia historia.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
Gabriel Rolón y la trampa de vivir en un pasado que ya no existe: cómo la idealización de los recuerdos puede robarle lugar al presente

A Marcelo lo convencieron sus propios recuerdos. Cada vez que la rutina se volvía cuesta arriba, se refugiaba en una sobremesa de domingo de su infancia, con su madre sirviendo un guiso que, con el paso de los años, se había transformado en el mejor guiso del mundo. Cuando lo contó en una consulta, el psicólogo y escritor Gabriel Rolón le planteó una idea que lo descolocó: lo que él estaba extrañando no era exactamente lo que había vivido, sino una versión pulida, casi idealizada, de esa escena familiar.

El planteo forma parte de una reflexión más amplia del especialista sobre el lugar que ocupan los recuerdos y los sueños en la búsqueda de bienestar. Según su mirada, reconocer que hubo momentos felices resulta necesario para comprender la propia historia, los esfuerzos realizados y los vínculos construidos. El problema aparece cuando esa operación se vuelve permanente y termina desplazando el presente.

La memoria como archivo editado

Rolón describió ese mecanismo con una imagen muy gráfica: hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos. Es habitual, dijo, que las personas recuerden a sus padres fallecidos con mayor nobleza o sensibilidad, o que reconstruyan la infancia como una etapa más bella de lo que efectivamente fue. La operación no es en sí misma patológica: forma parte de cómo la mente humana procesa el pasado.

La cuestión, planteó, es cuánto lugar llega a ocupar esa reconstrucción en la vida adulta. Cuando alguien se aferra demasiado a una imagen idealizada de lo vivido, puede dejar de trabajar en la posibilidad de ser feliz hoy. En sus palabras, hay personas que desean más haber sido felices que ser felices, una formulación que coloca el deseo en un tiempo que ya no existe.

“Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices.”Gabriel Rolón

Proyectos, sueños y la postergación del bienestar

La misma lógica atraviesa la relación con los proyectos. Rolón sostuvo que los sueños siguen siendo importantes y que la expectativa de encontrar felicidad más adelante no es en sí misma cuestionable. El punto que advirtió es la postergación permanente de la posibilidad de sentirse bien. En sus propias palabras, la propuesta es intentar algo aquí, ahora, para que esa expectativa no se convierta en un lugar donde nunca termina de aterrizar el bienestar.

Su planteo permite diferenciar el valor de conservar una historia personal de la dificultad de quedar detenido en ella. Los recuerdos y las experiencias, señaló, participan en la construcción de la identidad pero no determinan por completo las posibilidades de bienestar actual. La frase que eligió para cerrar esa idea funciona casi como una recomendación: no nos bajemos de la vida antes de tiempo.

Qué se puede hacer desde casa

  • Reconocer cuándo una escena del pasado se está reconstruyendo con más brillo del que tuvo, y preguntarse qué necesidad viene a cubrir ese recuerdo en el presente.
  • Revisar si los proyectos a futuro funcionan como motor o como excusa para postergar decisiones que podrían mejorar la vida cotidiana.
  • Practicar pequeños intentos de bienestar acá y ahora, sin esperar a que llegue una etapa futura ideal para permitirse estar bien.
  • Cuidar el espacio que se le da a los recuerdos: valorarlos como parte de la historia, sin convertirlos en el único lugar donde se acepta la felicidad.

Volviendo a Marcelo, la consulta dejó una tarea sencilla y algo incómoda: volver a cocinar el guiso de su madre, pero esta vez para él y para su propia familia. No para comparar, ni para confirmar si estaba tan bueno como su memoria aseguraba, sino para probar qué se siente al construir un recuerdo presente en lugar de quedarse visitando uno pasado. A veces, dice Rolón sin escribirlo, la felicidad no se encuentra donde se la busca, sino en el lugar que se decide habitar.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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