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LUN, 19 OCT 2026
Vida

Hallan huellas en la sangre que delatan la enfermedad inflamatoria intestinal hasta diez años antes de los primeros síntomas

Un equipo internacional detectó anticuerpos anómalos en muestras almacenadas de personas que años después fueron diagnosticadas con Crohn o colitis ulcerosa. La pista más firme apunta al virus de Epstein-Barr en el caso del Crohn. Todavía no hay un test predictivo, pero se abre una ventana inédita para pensar la detección temprana.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Hallan huellas en la sangre que delatan la enfermedad inflamatoria intestinal hasta diez años antes de los primeros síntomas

A Daniela le diagnosticaron enfermedad de Crohn a los 27 años, pero cuenta que la fatiga y el dolor de vientre la perseguían desde mucho antes, cuando todavía nadie le encontraba explicación en los estudios. Casos como el de ella son los que motivan una pregunta que incomoda a la gastroenterología desde hace décadas: ¿qué pasa en el cuerpo durante los años silenciosos que preceden a la enfermedad inflamatoria intestinal? Un estudio publicado en la revista Gut y presentado en la última reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología se propuso justamente mirar hacia ese período oscuro, y lo hizo con una estrategia poco habitual: revisar muestras de sangre guardadas durante años, antes de que apareciera ningún síntoma.

El dato oficial del Ministerio de Salud de la Nación que sirve como referencia general para la Argentina indica que la enfermedad inflamatoria intestinal, que incluye la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, es una afección crónica del aparato digestivo cuya incidencia viene creciendo en los últimos veinte años, en sintonía con lo observado en Europa y América del Norte. En la práctica clínica cotidiana, tal como lo reconocen los propios protocolos vigentes, el diagnóstico suele llegar cuando la inflamación ya está instalada y los síntomas son difíciles de ignorar, lo que vuelve especialmente valioso cualquier hallazgo que permita anticiparse.

Una biblioteca de anticuerpos anterior a la enfermedad

El equipo de investigación trabajó con dos mil muestras de suero tomadas a lo largo de varios años a 500 adultos, antes de que ninguno manifestara la enfermedad. Doscientos de esos voluntarios desarrollaron después enfermedad de Crohn, otros 200 fueron diagnosticados con colitis ulcerosa y 100 permanecieron sanos y oficiaron de grupo de comparación. Para rastrear anticuerpos presentes en esas muestras los autores recurrieron a una técnica de secuenciación de alto rendimiento llamada PhIP-Seq, capaz de sondear respuestas contra 357.000 fragmentos de proteínas provenientes de bacterias, virus, alimentos y componentes del propio organismo. Esa lupa molecular permitió reconstruir, retrospectivamente, la conversación que el sistema inmunitario venía teniendo mucho antes de que apareciera el primer dolor abdominal.

  • En los sueros de quienes después desarrollaron Crohn se detectó una presencia elevada de anticuerpos dirigidos contra el virus de Epstein-Barr, y esa señal se mantuvo hasta una década antes del diagnóstico formal.
  • También aparecieron respuestas aumentadas contra flagelinas, que son proteínas estructurales de ciertas bacterias, con mayor intensidad en las personas que luego tuvieron formas complicadas de la enfermedad o con compromiso del íleon, la parte final del intestino delgado.
  • En el grupo que después presentó colitis ulcerosa el patrón fue diferente: anticuerpos contra distintos microorganismos y virus, sumados a autoanticuerpos, entre ellos los dirigidos contra la proteína MADD, involucrada en procesos inflamatorios a nivel celular.
  • La variabilidad general del repertorio de anticuerpos creció de manera sostenida alrededor de cuatro años antes del diagnóstico en ambos grupos, lo que sugiere una reorganización silenciosa del sistema inmunitario en la fase previa a la enfermedad.

Los autores son muy cuidadosos al leer sus propios datos y aclaran que ninguno de estos hallazgos prueba que una infección específica cause la enfermedad inflamatoria intestinal. La interpretación más razonable es que ciertos cambios inmunitarios, sobre todo contra el virus de Epstein-Barr en el caso del Crohn, están presentes mucho antes de la manifestación clínica, y que Crohn y colitis ulcerosa, aunque comparten una etiqueta, parecen recorrer trayectorias inmunológicas distintas, un detalle que puede terminar redefiniendo cómo se piensan estas patologías en el futuro.

Mientras esa línea de investigación avanza hacia un horizonte todavía lejano, hay algunas cosas que se pueden hacer desde casa y que vale la pena recordar. Si en la familia hay antecedentes de enfermedad inflamatoria intestinal, conviene no naturalizar la fatiga persistente, el dolor abdominal recurrente o los cuadros de diarrea prolongada sin causa clara, y conversar abiertamente con el médico de cabecera para que evalúe la derivación al gastroenterólogo. Llevar un registro sencillo de los síntomas, de su duración y de los alimentos que los preceden, mantener al día el calendario de vacunas y los controles clínicos de rutina, y prestar especial atención a las señales que aparecen en personas jóvenes suelen ser los primeros pasos para que el diagnóstico deje de llegar cuando la inflamación ya pasó factura. La ciencia, en este como en tantos otros campos, corre más rápido que la consulta, pero la escucha del propio cuerpo sigue siendo una herramienta que no caduca.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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