Histamina: la sustancia que puede estar detrás de malestares que parecen no tener conexión
El genetista Jorge Dotto explica cómo una molécula que produce el cuerpo y que también llega por la comida puede acumularse y provocar migrañas, hinchazón, problemas de sueño y ansiedad cuando el organismo no logra eliminarla a tiempo.
Cuando Mariela, docente porteña de 47 años, empezó a notar que las jaquecas le coincidían con noches de insomnio y con una panza que se inflaba sin razón aparente, jamás imaginó que las tres cosas pudieran tener un mismo origen. Después de años de consultas cruzadas con neurólogos, gastroenterólogos y clínicos, el médico genetista Jorge Dotto le planteó una hipótesis que terminó de ordenar el rompecabezas: la histamina, una sustancia que el propio cuerpo produce y que también se ingiere con los alimentos, se le estaba acumulando más de lo que su organismo podía.
Una molécula con muchas funciones y un umbral que se puede pasar
La histamina cumple tareas muy diversas en el organismo. Participa en el estado de vigilia, en los mecanismos de apetito y saciedad, en funciones cognitivas, en la producción de ácido estomacal, en la contracción intestinal y en la regulación cardíaca. También se activa cuando el sistema inmune identifica una amenaza, lo que explica su presencia en las reacciones alérgicas clásicas como picazón, sarpullido o estornudos. El Ministerio de Salud de la Nación incluye el tema dentro de las intolerancias alimentarias y reconoce que su diagnóstico suele ser clínico, por descarte y por respuesta a la dieta.
El problema aparece cuando la cantidad de histamina que se acumula supera la capacidad del cuerpo para eliminarla. Dotto lo grafica con una imagen muy concreta: “Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón”. Ese vaso se llena con lo que se come, con el estrés cotidiano, con el ejercicio intenso o con variaciones hormonales. Mientras no rebalsa, no hay síntomas visibles. Cuando se llena, empiezan los malestares que muchas personas arrastran durante años sin encontrarles un denominador común.
“Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón.”Jorge Dotto, médico genetista
En la consulta, los alimentos con mayor carga de histamina o que estimulan su liberación interna suelen ser los mismos que aparecen en las conversaciones de sobremesa: quesos curados, embutidos, vino tinto, chocolate, tomate, palta y pescado. Pero Dotto insiste en que la dosis importa tanto como el producto: una persona puede tolerar el tomate cherry y reaccionar al tomate común, o tolerar un vaso de vino y descompensarse con dos. “No todos reaccionamos de la misma manera a las mismas sustancias químicas”, señala, y ahí aparece el segundo eje del problema: la genética.
- Quesos curados y embutidos: larga fermentación, alta concentración.
- Vino tinto y bebidas fermentadas: aporte externo significativo.
- Chocolate, tomate, palta y pescado azul: disparadores frecuentes.
- Conservas y alimentos muy maduros: mayor carga por el paso del tiempo.
- Comidas procesadas con aditivos: suman histamina y otros mediadores.
El componente hereditario explica por qué la intolerancia puede repetirse en varios miembros de una misma familia. Dotto cuenta el caso de dos hermanas gemelas que llegaron a la consulta con síntomas distintos a pesar de compartir casi todo el ADN: una sufría migrañas y la otra, problemas digestivos. La diferencia estaba en lo que cada una comía y en factores del entorno. “Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción”, afirma. En las mujeres, además, la relación entre estrógenos e histamina agrega otra variable: muchos síntomas empeoran en la semana previa a la menstruación, cuando ambas sustancias se potencian.
Qué se puede hacer desde casa
Antes de sacar alimentos de la mesa por cuenta propia, Dotto recomienda llevar un registro escrito durante dos o tres semanas: lo que se come, las horas de sueño, los momentos de estrés y los síntomas que aparecen, con su intensidad. Ese diario permite ver patrones que en la consulta no siempre afloran. Si el cuadro lo justifica, el siguiente paso es una dieta de eliminación supervisada por un profesional, que retira los alimentos con mayor carga de histamina durante un período corto y los reincorpora de a uno, para identificar cuáles son los verdaderos disparadores. Dormir bien, moderar el ejercicio intenso y reducir el alcohol suelen ser aliados, porque ayudan a que el “vaso” no se llene tan rápido. Y, sobre todo, dejar de pensar que la migraña, la panza inflamada, el insomnio y la ansiedad son males separados: a veces, el cuerpo viene avisando hace tiempo que algo lo está desbordando.
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