Hot Wheels Infinite Rush: los autitos de colección se mandan al mundo abierto
Milestone dejó las pistas cerradas y armó un mapa gigante con cuatro islas. Más de 150 vehículos, escenarios que se rompen a cada rato y una conducción arcade para acelerar sin pensar demasiado.
Arrancó la nueva entrega de los autitos más famosos del mundo y esta vez hay un cambio de aire. Hot Wheels Infinite Rush deja de lado las pistas tradicionales y se pasa al mundo abierto. Cuatro islas gigantes, más de 150 vehículos para coleccionar y todo un escenario que se puede destruir de punta a punta. La propuesta es clara: velocidad pura, exploración libre y cero historia que seguir.
Cuatro islas para hacer lo que quieras
El mapa está dividido en cuatro zonas que ya se pueden recorrer sin restricciones. Wheelswood es la ciudad, con edificios altos y tránsito de verdad. Tentacle Bay es la costa, con playas y ecosistemas distintos. Gearville es la zona industrial, con fábricas y dunas de desierto. Y Drifty Temples tiene onda oriental, con montañas y curvas para derrapar a gusto. El que tenga chicos en casa les va a sonar todo: son escenarios que parecen maquetas gigantes (así, de las que uno desarma y vuelve a armar).
Un detalle que engancha es que casi todo se rompe. Los árboles, las columnas de luz, los autos civiles, todo reacciona cuando pasás cerca. Eso refuerza esa sensación de estar manejando dentro de una maqueta viva, que es justo el ADN de la marca.
Cuatro formas distintas de acelerar
La conducción se divide en cuatro categorías de vehículos, cada una con su comportamiento. Los bólidos (Hot Wheels de los más rápidos) van a fondo y recargan turbo cuando aceleran de manera sostenida. Los derrapadores juntan nitro cuando tomás curvas a lo loco, derrapando. Los equilibrados generan energía con cualquier maniobra, son el comodín. Y los Titanes son los todo terreno, pensados para superficies rotas con recarga automática de turbo. Lo bueno es que el cambio entre categorías se hace en el momento, sin frenar la marcha.
Lo bueno, lo flojo y un consejo para los padres
Para los coleccionistas hay más de 150 vehículos entre prototipos de la propia marca y licencias de fabricantes reales. Cada modelo trae su ficha histórica y un editor para cambiar pintura, llantas e interior. También hay modos multijugador, competitivo con ranking y cooperativo o casual, más un editor para armar pistas propias. La vida útil del juego se estira bastante.
En lo técnico corre estable a 60 cuadros por segundo, que en un arcade de velocidad es clave. Pero no es perfecto: algunas texturas tardan en cargar y reaparecer después de un evento puede demorar cerca de un minuto. El sonido, eso sí, es de lo mejor: el impacto metálico y plástico de los choques está muy bien logrado.
Lo que yo haría como padre: si el pibe ya es fan de la marca, este juego le va a encantar. Si todavía no se enganchó, le daría una prueba antes de la compra porque no tiene campaña con historia y puede aburrir a quien busca un objetivo claro. En criollo: es diversión sin vueltas, ideal para ratos cortos o sesiones largas con amigos.
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San Juan Byte