Julieta Prandi y Emanuel Ortega dieron el sí civil en San Isidro: 36 testigos, cero sorpresas y una boda a la medida
La conductora y el músico sellaron su convivencia con un trámite chico, íntimo y de último momento. Sin fiesta, sin diseñador y con un dato que él confirmó a la salida.
Arrancamos por el final: Julieta Prandi y Emanuel Ortega se casaron este martes en el Registro Civil de San Isidro, con apenas 36 personas como testigos. Una boda pequeña, avisada sobre la hora y pensada más como un símbolo que como una revolución personal. Porque acá lo que había, en realidad, era una pareja que ya convivía y que un buen día decidió sellarlo en papel.
Una boda con formato exprés
La conductora fue clara al salir del Registro: no hubo gran producción, ni lista larga, ni invitación con tres meses de anticipación. La idea, según explicó, era mantener todo en el menor círculo posible y, sobre todo, que no se filtrara la fecha. Por eso los invitados se enteraron con el día casi encima. Ella misma lo dijo sin vueltas: «Es más un símbolo, no nos cambiaba nada porque nosotros elegimos estar juntos. Vivimos juntos hace tiempo».
“Si se quiere, yo soy más romántica y era mi sueño casarme.”Julieta Prandi
- Palito Ortega y Evangelina Salazar, padres del músico, estuvieron presentes en la ceremonia.
- Martín Ortega, hermano del novio, también fue parte del grupo íntimo.
- La pareja no realizó despedida de soltera y tiene previsto un viaje de luna de miel, aunque sin destino confirmado.
La propuesta, los looks y el origen de la historia
Emanuel Ortega despejó la única duda que podía quedar: la propuesta de matrimonio fue de él. Se lo confirmó a la prensa al término del trámite y, de paso, agradeció el cariño de la gente. Ella, fiel a su estilo, tiró la frase con la ironía que la caracteriza y se asumió como la romántica de la pareja. Después aclaró el detalle del vestuario: llevó un traje de seda blanco, con blazer amplio y top a juego, y unos aros azules que le había regalado una amiga. Subrayó, además, que el conjunto no era de diseñador, aunque sí mandó a preparar el ramo. Él, más austero, contó que definió su look mirando el pronóstico del tiempo y revisando qué tenía en el placard (el ropero, vaya).
La historia entre los dos arrancó a mediados de 2020, en plena pandemia. Se conocieron por Instagram, la red social donde hoy todos parecen encontrar el amor (y de paso, un poco de likes), siguieron con llamadas y recién se vieron las caras el 13 de agosto de ese año. Después vino la convivencia y la familia ensamblada, ese eufemismo moderno para cuando dos adultos suman hijos, rutinas y algo de paciencia extra. La boda, entonces, no fue un comienzo: fue una firma al pie de una historia que ya venía en marcha.
Mi consejo, si me dejan dar uno: cuando el amor ya se vive todos los días, casarse es más un acto administrativo que un punto de partida. Por eso, si estás en una situación parecida, yo haría lo mismo que ellos: ceremonia chica, vestidos cómodos, sin vuelo de novias ni producción de película. El cariño verdadero no necesita escenario, le basta con un civil, 36 testigos y, como en este caso, el visto bueno de Palito y Evangelina en primera fila.
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