La presión que no se siente: por qué medírsela puede cambiarlo todo
En la Argentina, más de un tercio de los adultos convive con hipertensión y casi cuatro de cada diez lo ignora. Una sencilla medición periódica permite detectarla a tiempo y evitar complicaciones cardiovasculares.
A Miguel, empleado administrativo de 52 años, le detectaron la presión alta en un control de rutina que se hizo por insistencia de su mujer. No tenía dolor de cabeza, ni mareos, ni zumbidos en los oídos. Se sentía, según sus propias palabras, perfectamente bien. Y sin embargo, cuando el tensiómetro marcó 160 sobre 95, el médico le explicó que llevaba probablemente años con hipertensión sin saberlo. Su caso no es una excepción: es, más bien, la regla en la Argentina.
Según el Registro Nacional de Hipertensión Arterial que difunde el Ministerio de Salud de la Nación, el 36,3% de los adultos mayores de 18 años tiene la presión elevada. Se trata de cerca de 12 millones de personas, de las cuales casi cuatro de cada diez desconocen su diagnóstico. Es decir, la enorme mayoría de quienes caminan por la calle con la presión por encima de los valores recomendados ni siquiera lo sospechan.
Por qué la hipertensión se escapa de la mirada
Me lo repitió cada cardiólogo con el que hablé mientras preparaba esta nota: la hipertensión es, por definición, una enemiga silenciosa. No avisa con síntomas claros en sus primeras etapas. Esperar a que aparezca alguna molestia es, en la práctica, esperar demasiado. El infarto, el accidente cerebrovascular, el daño renal o la pérdida de visión aparecen cuando el cuadro ya lleva años instalado, deteriorando arterias y órganos vitales sin dar señales previas.
Por eso tomarse la presión de manera periódica es mucho más que un trámite: es la única manera concreta de saber cómo está funcionando ese indicador tan básico de la salud. El procedimiento es sencillo, indoloro y lleva apenas un minuto. Cualquier farmacia, centro de salud u hospital público cuenta con un tensiómetro y personal capacitado para medirla. Y en muchos casos, la recomendación médica pasa por tener un aparato en el propio domicilio y llevar un registro.
Una pandemia que cruza fronteras
El problema no es únicamente argentino. El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial que publicó la Organización Mundial de la Salud en 2025 estima que 1.400 millones de adultos viven con presión elevada en el mundo, y apenas uno de cada cinco la mantiene bajo control. Son números que muestran hasta qué punto se trata de un desafío de salud pública global.
Lo que se puede hacer desde casa
- Medirse la presión al menos una vez por año aunque uno se sienta bien; los grupos de riesgo (mayores de 40, personas con sobrepeso, antecedentes familiares o diabetes) deberían hacerlo con mayor frecuencia.
- Reducir el consumo de sal: en la Argentina se ingiere casi el doble de los cinco gramos diarios que recomienda la OMS. Cocinar con menos sodio, evitar productos ultraprocesados y leer etiquetas son los primeros pasos.
- Sostener una alimentación variada, rica en frutas, verduras, legumbres, pescado y aceite de oliva, y limitar las bebidas azucaradas y el alcohol.
- Realizar actividad física de manera regular, al menos 150 minutos semanales de caminata u otro ejercicio aeróbico moderado.
- Atender el estrés crónico, que también influye en la presión: dormir bien, reservar tiempos de descanso y consultar a un profesional cuando la angustia se vuelve permanente.
- En caso de tener diagnóstico de hipertensión, tomar la medicación exactamente como la indicó el médico y no suspenderla por cuenta propia, aunque los valores se hayan normalizado.
Apenas alrededor del 44% de los argentinos que ya están en tratamiento consigue mantener la presión dentro de los valores recomendados. El número es inquietante, porque muestra que incluso cuando se conoce el problema, sostenerlo bajo control no es automático: requiere constancia, controles periódicos y ajustes que solo el médico puede acompañar.
A Miguel, mientras tanto, le cambió la vida una indicación tan simple como medirle la presión a tiempo. Empezó un tratamiento, bajó tres kilos, dejó de salar la comida antes de probarla y se acostumbró a caminar cuarenta minutos por día. Su mujer, dice él entre risas, sigue insistiendo con los controles a toda la familia. Tiene razones de sobra para hacerlo.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
San Juan Byte