Lo que aprendí leyendo cómo rescataron a una turista en el Nahuel Huapi: la montaña no avisa, pero se puede anticipar
Un operativo de casi siete horas para evacuar a una caminante lesionada en el sendero al refugio Frey volvió a poner en primer plano las recomendaciones de la Intendencia del parque. Claves para volver a casa entero después de una salida de trekking.
La historia que me quedó dando vueltas estos días es la de Sofía, una mujer de 36 años que el sábado al mediodía llamó al 911 desde el sendero al refugio Frey, en el Parque Nacional Nahuel Huapi, después de lesionarse la pierna en uno de los tramos más transitados del circuito: el cruce hacia Playa Muñoz y el ascenso final al refugio. Sofía, según me enteré por el parte oficial, es oriunda de Buenos Aires, había viajado con familiares y amigos, y contaba con el Registro de Trekking al día, ese trámite que muchas veces se toma como un simple sellito en la planilla y que, en una jornada como esta, termina siendo la primera pista que tiene el sistema de emergencias para encontrar a alguien.
El operativo, que según informó la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi demandó cerca de siete horas, movilizó a siete brigadistas del Departamento de Incendios, Comunicaciones y Emergencias, a dos guardaparques de Zona Centro y a seis integrantes de la Comisión de Auxilio, incluido un paramédico. Los equipos llegaron hasta el lugar con un camión URO y una camioneta RAM, estabilizaron a Sofía en el sitio y la bajaron en camilla varios kilómetros hasta Playa Muñoz, desde donde una embarcación la trasladó a la seccional para esperar la ambulancia. Cerca de las 19:30, llegó en buenas condiciones generales. Si uno mira la cantidad de gente y de vehículos que hace falta para asistir a una sola persona en la montaña, empieza a entender por qué cada recomendación de las autoridades deja de ser un consejo y pasa a ser una necesidad.
Por qué este rescate no fue un hecho aislado
Lo que más me llamó la atención es que la Intendencia aclaró que el rescate de Sofía no fue un caso excepcional: en los días previos se habían registrado otras intervenciones por visitantes que salieron a la montaña sin contemplar suficientemente las características del recorrido. Esto quiere decir que el problema no es un rayo caído en un día de suerte, sino una secuencia de decisiones acumuladas, gente que subestima el terreno, el clima y sus propias piernas.
- Completar el Registro de Trekking antes de partir: es lo que permite ubicar a una persona si no regresa en el horario previsto y el punto de partida de cualquier operativo.
- Calcular los tiempos reales de caminata tomando en cuenta las horas de luz disponibles para el regreso, no solo para la ida.
- Adecuar el equipamiento al terreno: calzado con suela de agarre, ropa de abrigo impermeable y mochila con agua y alimentos suficientes.
- Evaluar con honestidad las capacidades físicas propias antes de elegir un recorrido de dificultad alta.
Sé que, leído desde el sillón de casa, esto puede sonar a manual básico. Pero a mí me sirve recordar que cada uno de esos cuatro puntos tiene una razón de ser muy concreta: alguien ya se accidentó por salteárselo. El Registro no es un trámite burocrático, es el hilo del que se tira el rescate cuando la señal del celular no llega; los tiempos de luz no son un detalle, porque en la montaña oscurece mucho antes de lo que uno cree; el calzado no es cuestión de marca, sino de suela que se agarre a la piedra mojada; y la autocrítica física es, probablemente, la más difícil de todas, porque implica decirse uno mismo que todavía no está a la altura de un determinado sendero.
La conclusión a la que vuelvo siempre cuando aparece una noticia de este tipo es la misma: estas medidas no evitan todos los accidentes, pero reducen el tiempo de respuesta y mejoran las condiciones en que los equipos de emergencia pueden actuar. Y eso, en la montaña, es la diferencia entre un susto y una tragedia. Por eso, si tenés una salida planificada, te dejo lo que se puede hacer esta misma noche desde casa: revisar el parte meteorológico del parque, completar el Registro de Trekking con los horarios de entrada y salida previstos, chequear que la mochila tenga agua, comida, un impermeable y un par de medias secas de repuesto, y sentarse diez minutos a calcular cuánto tarda uno realmente en hacer el sendero que eligió. La montaña va a seguir estando ahí, con sus vistas y sus silencios; lo único que cambia con esa preparación es la tranquilidad con la que uno vuelve a casa.
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