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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Pausas que suman: cómo recuperar la concentración cuando la jornada aprieta

Caminar, estirar las piernas o cerrar los ojos unos minutos puede funcionar como un corte necesario frente al cansancio mental. Especialistas consultados por este medio coinciden en que son recursos válidos, pero aclaran que no reemplazan la consulta profesional cuando el malestar se sostiene en el tiempo.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
Pausas que suman: cómo recuperar la concentración cuando la jornada aprieta

Lo viví de cerca con Daniela, una docente de nivel secundario de La Plata que suele llegar a su casa con la sensación de que las últimas tres horas del día se le borraron de la memoria. "Me siento frente al planilla de calificaciones y no puedo terminar una fila sin que la cabeza se me vaya a otro lado", me contó una tarde, mientras preparaba la merienda. Como muchos adultos, había confundido agotamiento con falta de voluntad. Cuando un colega le sugirió algo tan sencillo como cerrar los ojos diez minutos antes de sentarse a corregir, no lo tomó demasiado en serio. Lo probó igual. Esa noche avanzó con las notas como no lo había hecho en semanas.

El Ministerio de Salud de la Nación incluye dentro de sus recomendaciones para el cuidado de la salud mental la importancia de incorporar pausas y momentos de descanso a lo largo de la jornada como una manera de proteger la concentración y reducir el impacto del estrés cotidiano. La sugerencia forma parte de las guías que el organismo difunde para promover hábitos que favorezcan el bienestar sin reemplazar, cuando hace falta, la consulta con un profesional.

Técnicas concretas para interrumpir el ruido mental

Para quienes quedan atrapados en pensamientos que dan vueltas, la psicóloga clínica Sari Chait propone una estrategia con nombre propio: la técnica 5-4-3-2-1. La idea es anclar la atención en lo que el entorno ofrece: cinco cosas que se ven, cuatro que se sienten al tacto, tres sonidos, dos aromas y un sabor. Antes de empezar, recomienda una respiración pausada, sin forzar el aire. "Concentrarse en esos estímulos puede dar cierta distancia respecto de las preocupaciones, aunque no elimina su causa", aclaró la especialista. Es un recurso puntual, no una solución de fondo.

  • Caminar al aire libre: una investigación evaluó a trabajadores que pasearon 15 minutos por un parque durante el almuerzo, a lo largo de diez días hábiles. Reportaron menos fatiga y mayor concentración por la tarde.
  • Estirar el cuerpo o moverse: dentro de casa o en la oficina, levantar los brazos, rotar los hombros o bailar una canción alcanzan para cortar la inmovilidad.
  • Hablar con alguien: una llamada o un intercambio breve con una persona de confianza puede funcionar como corte de la atención puesta en el malestar.
  • Descansar con los ojos cerrados: la neurocientífica Heidi Hanna señaló que entre 10 y 15 minutos con los párpados cerrados favorecen la recuperación, aunque aclaró que ese intervalo no reemplaza un sueño adecuado.

Lo que más me interesa subrayar, después de conversar con cada una de estas voces, es algo que a veces olvidamos: una pausa no es una concesión ni un premio, es una necesidad. Cuando el cansancio mental se acumula, la productividad cae y la irritabilidad sube, y nada de eso se resuelve con más café ni con más horas delante de la pantalla. Incorporar cortes breves a lo largo del día puede parecer una recomendación menor, pero en la práctica modifica la manera en que llegamos al final de la tarde.

Cuándo conviene pedir ayuda profesional

Estas prácticas tienen alcances distintos y no resuelven las causas del malestar. La terapeuta Tyana Tavakol recomienda considerar una consulta cuando los intentos personales no alcanzan, el estrés se sostiene en el tiempo, altera el sueño, el rendimiento laboral o los vínculos cercanos. No hay que esperar a un punto de quiebre: pedir acompañamiento es también una forma de cuidarse.

Qué se puede hacer desde casa hoy

Si después de leer esta nota queda una sola idea llevadera, que sea esta: no hace falta planificar una gran rutina de autocuidado para empezar. Basta con elegir un momento del día, aunque sea de cinco minutos, y animarse a usarlo distinto. Cerrar los ojos, dar una vuelta a la manzana, estirar el cuerpo o simplemente dejar el teléfono en otra habitación. Después, observar qué cambia. Si algo cambia, repetirlo. Y si nada alcanza, consultar. Cuidarse, como le dije a Daniela aquella tarde, también es eso: permitirse pedir ayuda antes de que el cuerpo y la cabeza terminen pidiendo permiso por su cuenta.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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