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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Por qué algunos despiertan recordando el sueño y otros no: lo que encontró un nuevo estudio sobre la memoria onírica

Una investigación siguió durante quince días a 217 adultos sanos y separó los factores que influyen en cada mañana. La edad, la divagación mental y la forma concreta en que se desarrolla cada noche pesan más que la suerte.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
Por qué algunos despiertan recordando el sueño y otros no: lo que encontró un nuevo estudio sobre la memoria onírica

A María Inés le pasa desde chica: abre los ojos y tiene la película entera, personajes, diálogos, hasta el color del cielo onírico. A su marido, en cambio, le preguntás qué soñó y se queda mirándote como si la pregunta viniera en otro idioma. Durante años pensaron que era una rareza personal; ahora hay un estudio que empieza a explicar por qué la diferencia no es tan caprichosa como parece.

La investigación, publicada en la revista científica Communications Psychology, siguió durante quince días a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años. Cada mañana los participantes anotaban si recordaban haber soñado y con qué nivel de detalle, mientras el equipo reunía datos demográficos, psicológicos y de sueño a través de dispositivos de monitoreo y pruebas específicas, según detalla el reporte original.

Lo que aparece siempre, lo que cambia cada noche

El trabajo separó dos grandes grupos de factores. Por un lado están los rasgos estables de cada persona, que funcionan como una especie de predisposición: la edad, la tendencia natural a la divagación mental, esa inclinación de la mente a encadenar pensamientos sin un foco definido, y una actitud más atenta hacia la propia vida onírica. Quienes presentan ese perfil registran más recuerdos al despertar, más allá de cómo haya sido la noche en particular.

Por el otro lado aparecen las variables de cada noche, que pueden sumar o restar. Los investigadores identificaron que quienes tenían episodios de sueño más largos, con menor proporción de sueño profundo (la etapa N3, asociada a la recuperación física y cerebral) y mayor presencia de fases más livianas, despertaban con más recuerdos de sus sueños. Cuando el descanso se inclina hacia el sueño superficial, parecen darse condiciones más favorables para que la experiencia quede disponible a la mañana siguiente.

El momento crítico: los primeros segundos después de abrir los ojos

Hubo un tercer hallazgo que me pareció el más humano de todos. El estudio lo llama vulnerabilidad a la interferencia: la facilidad con que un recuerdo onírico es desplazado por estímulos inmediatos al despertar, como la luz que entra por la ventana, el ruido de la calle o incluso el primer pensamiento consciente del día. Si esos estímulos llegan antes de que el contenido se haya consolidado en la memoria, el sueño se desvanece sin dejar rastro, y la persona tiene la sensación genuina de no haber soñado, aunque su cerebro sí haya producido actividad onírica.

Dos experiencias distintas para una misma noche

Lo que más me llamó la atención, y creo que a cualquier persona que haya discutido con un familiar sobre esto también, es que el estudio distinguió con claridad dos experiencias que solemos mezclar. Una es recordar el contenido concreto: escenas, acciones, emociones, con la nitidez que describe María Inés cuando cuenta sus sueños. La otra es lo que los autores denominan sueño blanco: despertar con la certeza íntima de que algo ocurrió durante la noche, pero sin poder recuperar ni un detalle. Esa segunda vivencia fue más frecuente en ciertos grupos y permitió algo clave para la investigación: confirmar que soñar y recordar lo soñado no son la misma cosa, y que el segundo proceso puede fallar incluso cuando el primero sucedió con normalidad.

Con todo, la investigación deja una idea que vale llevarse a casa: la brecha entre quienes cuentan sueños todas las mañanas y quienes dicen no soñar nunca probablemente sea más chica de lo que parece. La diferencia puede estar tanto en cómo está hecho cada cerebro como en esos primeros minutos después de abrir los ojos, cuando el recuerdo de la noche todavía está temblando antes de fijarse o de borrarse para siempre.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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