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MAR, 20 OCT 2026
Tecnología

Robotaxis en Estados Unidos: el Congreso no actúa y las ciudades arman su propio mapa de reglas

Sin una ley federal que ordene el terreno, Minneapolis, San Diego, Austin y Washington D.C. avanzan con ordenanzas y resoluciones que limitan a Waymo y Tesla: desde exigir un monitor humano hasta topes de flota y prohibiciones en aeropuertos.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad · · lectura 4 min
Robotaxis en Estados Unidos: el Congreso no actúa y las ciudades arman su propio mapa de reglas

En Estados Unidos hay un debate que parece sacado de una película de ciencia ficción, pero que ya es rutina en varias calles del país: quién regula a los autos que se manejan solos. Como el Congreso federal no logró sancionar una ley nacional que ponga reglas comunes, cada ciudad y cada estado se sentó a escribir las suyas. El resultado es un rompecabezas normativo que crece sin coordinación, con medidas tan distintas como los lugares donde se discuten.

El vacío federal y la respuesta local

Esa parálisis legislativa dejó la pelota en manos de los gobiernos locales, que vienen reaccionando con criterios diferentes. Para entender el problema, sirve pensar en el tránsito como un juego de ajedrez: si cada barrio decide sus propias reglas sobre cómo se mueve la torre, el partido se vuelve imposible. Algo parecido pasa con los vehículos autónomos, conocidos popularmente como robotaxis.

Minneapolis es uno de los casos más avanzados. El Concejo Municipal trabaja en una ordenanza que pediría un operador humano pago dentro de cada vehículo autónomo, sentado al volante. La concejala Robin Wonsley, autora del proyecto, sostuvo que la ciudad no desplegará condiciones favorables para que las grandes empresas tecnológicas desplacen a nuestros trabajadores. Waymo, la filial de vehículos autónomos de Google, calificó esa propuesta como una prohibición de hecho a los autos sin conductor. La empresa opera más de 500.000 viajes semanales en 15 ciudades de Estados Unidos sin requerir monitores a bordo.

Las medidas que ya están sobre la mesa

  • Minneapolis: ordenanza con un operador humano pago a bordo en cada vehículo.
  • San Diego: resolución que prohíbe a Waymo operar en el aeropuerto internacional y da a las agencias locales control directo sobre los robotaxis en emergencias.
  • Austin: los bomberos piden protocolos de remolque rápido y canales directos con operadores humanos para los Cybercab de Tesla, que no tienen volante ni pedales.
  • Washington D.C.: proyecto que limita a 200 vehículos por operador, posterga el inicio del servicio comercial hasta 2028 y fija un canon por milla para financiar transporte subterráneo y compensar a conductores de aplicaciones.

En San Diego, el concejal Sean Elo-Rivera destacó que los conductores locales y los pequeños comercios cumplen regla tras regla para ganarse la vida, y pidió que las tecnológicas rindan el mismo examen. En Austin, la preocupación vino directamente del cuerpo de bomberos, que prueba los vehículos en situaciones de incendio y rescate y sabe que un auto sin volante puede ser una traba si hay que moverlo de urgencia.

La discusión más detallada en cifras se da en Washington D.C., donde el concejal Charles Allen impulsa un proyecto con tope de flota, fecha de arranque y una tarifa por milla recorrida. Allen dijo que espera una votación en su comisión antes de fin de noviembre, lo que habilitaría un debate del pleno del Concejo en diciembre.

“Los conductores locales y los pequeños comercios cumplen regla tras regla para ganarse la vida.”Sean Elo-Rivera, concejal de San Diego

Para dimensionar el tema, vale la voz de Camila Ojeda, estudiante avanzada de ingeniería en transporte de la Universidad de Buenos Aires y becaria en un laboratorio de movilidad urbana. Lo que vemos es un experimento a cielo abierto, me dijo. Cada ciudad está probando su propia fórmula y todavía no sabemos cuál se va a sostener en el tiempo. Para Camila, el riesgo es que la fragmentación termine encareciendo el servicio y haga más difícil la competencia.

La postura de la industria también fue clara. Waymo y Tesla prefieren reglas federales únicas para no tener que negociar municipio por municipio, algo comparable con una empresa de delivery que tendría que aprender las normas de cada barrio antes de repartir una pizza. Los gremios de conductores, en cambio, celebran que las ciudades pongan límites y piden que el progreso tecnológico no llegue a costa de los puestos de trabajo.

¿Y eso para qué sirve?

El mapa que se está dibujando en Estados Unidos funciona como laboratorio para el resto del mundo. Si las ordenanzas locales muestran que los robotaxis son seguros con un monitor humano, otros países podrían copiar el modelo. Si, en cambio, la convivencia sin conductor se sostiene, la presión por flexibilizar regulaciones crecerá en todos lados. Por ahora, el Congreso estadounidense observa cómo sus ciudades le escriben la ley que no supo dictar.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad

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