Rubén Rada se fue y dejó un mapa de afinidades con la música que viene
El músico uruguayo murió a los 82 años y sus declaraciones sobre Tini, Trueno, Wos y Catriel, junto a una advertencia a los artistas que recién empiezan, vuelven a circular como una pieza clave para entender cómo miraba el recambio generacional en la música popular rioplatense.
Empiezo esta nota pensando en Mateo, un bajista de 19 años que toca en un sótano de Boedo y que la semana pasada me dijo, con la boca todavía llena de empanadas, que si Rubén Rada lo había bancado en una entrevista, entonces algo de lo que él hacía valía la pena. Me lo contó con una mezcla de orgullo y de alivio que me dejó pensando. Lo cito porque la muerte del uruguayo, que se confirmó este martes a los 82 años, volvió a poner en circulación unas declaraciones suyas que para los músicos más jóvenes funcionan casi como una bendición laica: un viejo maestro que, en lugar de quejarse por el ruido que viene de abajo, se sentó a escucharlo.
Según el parte difundido por su familia y recogido por la agencia Sputnik, Rada se encontraba internado en un sanatorio de Montevideo desde hacía varios días y su fallecimiento se produjo por complicaciones derivadas de una enfermedad que no fue especificada. El comunicado oficial pidió respeto por la privacidad de los suyos y recordó que su legado artístico es patrimonio de toda la música latinoamericana.
Una lista que se lee como un abrazo
En los últimos meses, Rada había concedido varias entrevistas en las que, lejos de refugiarse en la nostalgia, nombró uno por uno a los artistas que le parecían valiosos. Lo hizo con un tono de abuelo que conoce el oficio y que, justamente por eso, no se permite la mezquindad. Mencionó a Tini, a Trueno, a Wos, a Conociendo Rusia, a Nafta, a Catriel, a Ricardo Mollo y a El Plan de la Mariposa. "Hay un montón de pibes nuevos que son maravillosos, a los cuales quiero mucho", dijo, y la frase recorrió el Río de la Plata como una suerte de espaldarazo generacional.
“Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos.”Rubén Rada
Para graficar que su admiración no era declamativa, contó que había grabado una canción con un rapero que, según sus propias palabras, acumuló quince millones de reproducciones en plataformas digitales. Cuando les preguntó a sus nietos qué les había parecido el cruce, le respondieron con una carcajada y un dictamen familiar que él repitió con orgullo: "Recién ahí te fuiste para arriba, viejo". La escena revela algo importante sobre cómo Rada se vinculaba con el cambio: no lo padeció, lo midió en reproducciones y en la mirada de sus propios descendientes.
La advertencia que sobrevuela la nota
Pero Rada no era un jubilado benévolo que solo repartía elogios. A quienes están empezando les dejó una frase que, leída ahora, suena a última clase. La transcribo porque me parece la columna vertebral de todo lo que dijo sobre el oficio:
“Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree.”Rubén Rada
La advertencia apunta a un fenómeno que cualquiera que siga la escena local reconoce: artistas que pegan un hit y se quedan congelados en ese molde, repitiendo la fórmula hasta que el público se aburre. Rada, que atravesó el candombe, el jazz, el pop y la fusión a lo largo de seis décadas, sabía por experiencia propia que la única manera de sostener una carrera larga es moverse. Y lo dijo sin solemnidad, con la simpleza de quien ya pasó por todos los escenarios imaginables.
El lugar que él mismo eligió
En la misma ronda de conversaciones, Rada hizo una confesión que a mí, particularmente, me resultó reveladora. Reconoció que nunca había alcanzado la masividad de otros músicos de la región y que su reconocimiento circulaba más entre colegas que entre el público masivo. "Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público", resumió, y lo dijo sin amargura, casi como quien describe un dato del clima. Esa autopercepción es coherente con el resto de su discurso: si él, un referente absoluto del candombe y del jazz latino, podía admitir que su nombre no llenaba estadios como el de otros, entonces la vara para medir el éxito de los más jóvenes no podía ser solamente la cantidad de público en un show.
Vuelvo a Mateo, el bajista de Boedo, porque me parece que condensa lo que Rada dejó flotando en el aire. Para un pibe de diecinueve años que todavía no llenó un Luna Park, que un señor de ochenta y pico lo nombre con cariño y al mismo tiempo le exija que no se quede quieto es, a la vez, un espaldarazo y una instrucción de uso. Y acá viene lo que cada uno puede hacer desde casa, que es lo que me piden cerrar en estas notas: escuchar a Rada con la misma curiosidad con la que él escuchaba a Tini o a Trueno. Ponerle play a un disco suyo que no conozcan, leer la letra de un tema que les suene ajeno y quedarse cinco minutos en esa incomodidad. Y si tienen un hijo, un sobrino o un alumno que toca en un sótano, decirle lo que Rada les habría dicho: que se diviertan, pero que después de eso venga otra cosa.
Murió Rubén Rada y, como pasa con los que pesan de verdad, lo que sobrevive no es el silencio sino el archivo. En este caso, un archivo de palabras que, además de dolernos, nos obligan a movernos.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
San Juan Byte