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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

San Pedro, el pueblo caribeño al que se llega en avioneta o ferry y que abre las puertas al arrecife más grande de Belice

Sobre el Cayo Ambergris, la localidad combina un centro que se recorre a pie y en carrito de golf con salidas de snorkel, buceo y playa. La barrera coralina, el Gran Agujero Azul y Secret Beach son los imanes del turismo en el Caribe beliceño.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad · · lectura 3 min
San Pedro, el pueblo caribeño al que se llega en avioneta o ferry y que abre las puertas al arrecife más grande de Belice

San Pedro es de esos lugares a los que uno llega sintiendo que el tiempo ya cambió de ritmo. Hay que tomar un avión a Panamá, después otra conexión hasta Ciudad de Belice, y desde allí decidir si se sube a una avioneta de catorce asientos para llegar en quince minutos al Cayo Ambergris, o si se embarca en un ferry que completa el trayecto en una hora y media por el Caribe. Las dos opciones son las que aparecen en los itinerarios que circulan entre los viajeros que buscan ese destino.

Una vez en la isla, lo que llama la atención es que los autos casi no existen. El pueblo se recorre en carrito de golf, esos vehículos pequeños que en cualquier barrio porteño vemos en countries o en countries cerrados. Allí son el transporte oficial, y como el centro es chico, también se puede caminar sin problema entre los restaurantes, las tiendas de artesanías y los locales donde se contratan las excursiones.

El mar como atracción principal

Lo que mueve San Pedro es el agua. A pocos kilómetros de la costa corre la Barrera de Coral de Belice, una formación de unos 300 kilómetros de largo que integra el Sistema Arrecifal Mesoamericano y que la Unesco declaró Patrimonio Mundial en 1996. Esa pared de coral funciona como una especie de muralla natural, porque la laguna que se forma del lado de la isla protege a la costa del oleaje fuerte y, de paso, concentra una fauna marina que sorprende incluso a los que ya bucearon en otros mares.

  • Reserva Marina de Hol Chan y Shark Ray Alley: paseos de snorkel para ver corales, tortugas, peces y tiburones pequeños; en la superficie suelen avistarse delfines.
  • Gran Agujero Azul: un sumidero submarino circular de 300 metros de diámetro y 120 metros de profundidad, rodeado de coral, donde se aprecian paredes verticales y estalactitas; se puede visitar buceando o sobrevolarlo en avioneta.
  • Secret Beach: jornada de playa tranquila, con una recorrida gastronómica por seis locales que, entre las 17 y las 20, sirven camarones con salsa de coco, ceviches, empanadas de pescado y fry jacks, unas tortas fritas típicas de la zona.

Hable con Camila Sotelo, una estudiante de turismo que está haciendo una pasantía en un operador local, y me lo resumió sin vueltas: “La gente viene por el arrecife, pero termina volviendo por la calma del pueblo. Acá todo está a mano y nadie tiene apuro”. Esa frase me parece que sintetiza lo que se siente al caminar por San Pedro: la inmediatez del Caribe con la comodidad de un lugar donde nada queda lejos.

¿Y eso para qué sirve? Para entender que Belice ofrece una experiencia caribeña distinta a la de sus vecinos más famosos. No es solo playa y trago: es una barrera coralina que está entre las más importantes del mundo, un agujero azul que cualquier buceador recuerda haber visto en fotos alguna vez, y un pueblo donde todavía se puede ir caminando a comer un ceviche mirando el mar. Para el viajero argentino acostumbrado a combinar largas distancias con varias conexiones, San Pedro aparece como una escala donde el esfuerzo del traslado se cobra en que, dicen los que fueron, valen la pena cada minuto de escala en Panamá y cada minuto de ferry o avioneta hasta el Cayo Ambergris.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad

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