Suelos saturados y arroyos que vuelven a correr: cómo se prepara Neuquén para el impacto del fenómeno de El Niño
Después de años de sequía, las lluvias recientes colmaron la capacidad de absorción del terreno y las tormentas convectivas pueden descargar grandes volúmenes de agua en minutos. Las autoridades provinciales difundieron recomendaciones concretas para familias que viven cerca de ríos, cañadones y zonas bajas.
Lo que durante décadas fue un paisaje casi sin agua hoy vuelve a ser, en cuestión de horas, un escenario de riesgo. Las lluvias de las últimas semanas colmaron los suelos de Neuquén hasta saturarlos, y ese cambio reactivó arroyos y cañadones que llevaban años secos, obligando a las autoridades provinciales a poner en marcha un operativo de prevención que involucra a familias, escuelas y comisiones vecinales de toda la provincia. En ese contexto, la Secretaría de Emergencia y Gestión de Riesgo difundió una serie de recomendaciones prácticas para quienes viven en zonas cercanas a ríos, cañadones o sectores bajos, donde el agua ahora escurre con rapidez y puede provocar anegamientos y crecidas en cuestión de minutos.
Yo quiero contarles la historia de Marta, una maestra de primaria de la localidad de Plottier, que vive con sus dos hijos en una casa a pocas cuadras del arroyo que atraviesa el pueblo. Durante los últimos meses vio cómo el cauce, que sus vecinos más grandes recordaban como un hilo de agua casi sin fuerza, las inundaciones se fue llenando día tras día con cada tormenta. “Yo crecí escuchando que acá no había riesgo porque el arroyo siempre estaba seco. Pero el año pasado cambió todo. Empezamos a notar que después de una tormenta el agua subía en minutos y que la calle de enfrente quedaba anegada. Hablé con las madres del colegio, armamos un grupo de whatsapp y empezamos a conversar con los Bomberos Voluntarios sobre las vías de evacuación del barrio. Hoy cada familia tiene identificada una salida y un punto de encuentro”. Marta resume, sin proponérselo, el espíritu de lo que pide la Secretaría que conduce Luciana Ortiz Luna: pasar de la idea abstracta de “estar preparados” a medidas concretas, escritas y conocidas por todos los integrantes del grupo familiar.
El dato oficial: lo que explicó la Secretaría provincial
La secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo, Luciana Ortiz Luna, señaló que la preocupación central es que las tormentas convectivas se forman en pocos minutos y descargan volúmenes significativos en áreas reducidas. Un lugar puede atravesar la jornada sin inconvenientes y, de golpe, sufrir anegamientos o crecidas. La funcionaria explicó que el agua no siempre cae donde genera el daño: una precipitación intensa en una cuenca alejada puede transformar un arroyo aparentemente tranquilo en una corriente de gran fuerza, porque el agua que cae lejos llega igual a los cauces bajos. En localidades rurales o con accesos vulnerables, la preparación debe contemplar la posibilidad de quedar aislados durante un tiempo, y por eso conocer los puntos de encuentro y los centros de evacuación definidos por cada municipio resulta clave para no improvisar en el momento crítico.
Antes de que llegue la emergencia: qué puede hacer cada familia
- Conocer con anticipación las vías de evacuación del barrio o la localidad, y practicarlas con todos los integrantes del grupo familiar para que cualquiera pueda indicarlas en un momento de nervios o de lluvia intensa.
- Identificar a las personas que puedan necesitar ayuda para trasladarse: pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores, vecinos con movilidad reducida o chicos pequeños, y asignar a alguien del entorno que se haga cargo de asistirlos.
- Armar un kit de emergencia con documentación personal, alimentos no perecederos, agua potable en reserva suficiente para varias horas, linterna, radio a pila y lo necesario para abandonar la vivienda si las autoridades lo indican, guardado en un sitio accesible para todos.
- Reservar agua potable en botellas cerradas porque las emergencias pueden afectar los sistemas de abastecimiento y cortar el suministro durante horas o días.
- Revisar el estado de techos, canaletas, desagües y rejillas en patios y veredas, ya que el agua que no puede escurrir termina adentro de las viviendas.
- En zonas rurales, consultar en el municipio o la comisión vecinal los puntos de encuentro y los caminos alternativos para no quedar aislado si se corta una ruta por la crecida de un arroyo o cañadón.
Desde la Secretaría provincial también se trabaja en identificar antiguos cauces fluviales que permanecieron inactivos durante el período de sequía y que hoy pueden volver a recibir grandes caudales. El objetivo es detectar puntos vulnerables antes de que ocurran nuevos eventos, algo que cambia el mapa mental de cualquier vecino que pensaba que la inundación no podía llegar a su cuadra. Lo que yo rescato de todo esto, y creo que vale la pena compartir con quien esté leyendo, es que después de años de vivir mirando el cielo y los pronósticos del tiempo con preocupación por la falta de agua, ahora la preocupación se invierte: el agua vuelve, y vuelve con una fuerza que muchos de nosotros no habíamos visto en décadas. La preparación, en este contexto, no es alarmismo: es una forma de cuidar a los que queremos, de tener un plan para cuando la tormenta se forme sobre nuestras casas, y de saber que mientras haya vecinos como Marta hablando con los Bomberos, las maestras organizando a las familias y las autoridades recorriendo cauces, Neuquén está un poco mejor parada para lo que viene.
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