Tocar un instrumento en la infancia: cuando la música se cruza con los aprendizajes del aula
A los ocho años, Emilia se sentaba todas las tardes frente al piano con una partitura abierta y la lección de matemáticas del día siguiente todavía zumbándole en la cabeza. Su mamá, Laura, docente de primaria en Morón, cuenta que la niña empezó a notar algo: "Al principio era puro juego, pero con el tiempo me dijo que en la escuela le costaba menos recordar las instrucciones de la seño y terminar las cuentas sin perder el hilo". Esa percepción hogareña es la que ahora aparece en un trabajo de la Universidad Northeastern, que comparó a 76 chicos de entre 7 y 9 años y encontró mejores resultados cognitivos, de lectura, escritura y matemáticas entre quienes practicaban un instrumento.
La investigación, difundida por el Ministerio de Educación de la Nación en su relevamiento de estudios internacionales sobre aprendizaje, no prueba que las clases de música sean la causa directa de esas diferencias. Los participantes no fueron asignados al azar: las familias que acercan a sus hijos a un instrumento suelen ofrecer también otras experiencias educativas. Aun cuando los investigadores compararon grupos de condiciones socioeconómicas similares, el diseño no descarta que haya otros factores en juego.
Qué se pone en juego cuando un chico toca
Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, vinculó esas ventajas con las funciones ejecutivas, el conjunto de habilidades que permiten planificar, sostener la atención, controlar impulsos y adaptarse a lo nuevo. Leer una partitura mientras se mantiene el ritmo y se coordinan movimientos exige atender varias tareas a la vez, algo que también se pone en práctica en el aula. Entre esas capacidades aparece la memoria de trabajo, que sirve para conservar información breve y utilizarla en el acto, como ocurre al recordar una consigna mientras se resuelve un ejercicio. La investigadora y educadora musical Anita Collins agregó que aprender un instrumento ejercita la escucha, la planificación y la autorregulación.
- Memoria de trabajo: retener y usar información en el corto plazo, como una instrucción escolar.
- Razonamiento y vocabulario: mejores puntajes en pruebas cognitivas generales.
- Aprendizaje visual y auditivo: ventajas en tareas que combinan lo que se mira y lo que se oye.
- Desempeño escolar: diferencias favorables en comprensión lectora, ortografía, reconocimiento de palabras y matemáticas.
El estudio dividió a los chicos en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad practicaba un instrumento, con un mínimo de 30 minutos semanales, y la otra mitad no tenía formación musical. Predominaron el piano y los instrumentos de cuerda. Además de las evaluaciones cognitivas, los autores incluyeron resonancias magnéticas a un subgrupo de 50 participantes. En esas imágenes apareció una diferencia en una vía cerebral que conecta regiones vinculadas con audición, lenguaje y movimiento.
Lo que las familias pueden hacer en casa
El propio equipo de Northeastern advirtió que el costo de la formación puede limitar el acceso, un punto que en la Argentina atraviesa tanto los precios de las clases como la disponibilidad de instrumentos. Para quienes evalúan acercar a sus hijos a la música sin que eso implique un gasto enorme, algunas pistas concretas: explorar programas municipales o de centros culturales que ofrecen talleres gratuitos o a bajo costo; probar primero con instrumentos accesibles como la flauta dulce o la guitarra criolla; reemplazar la práctica individual por ensambles barriales o coros escolares, que también exigen atención compartida y coordinación; y, sobre todo, recordar que la constancia pesa más que la perfección, porque los efectos observados en el estudio se asocian a la práctica regular, no al talento innato.
Como me dijo Laura cuando le conté los resultados, mirando a Emilia practicar un rato largo antes de la merienda: "No sé si la música le va a servir para el colegio toda la vida, pero mientras tanto le ordena la cabeza, y a mí me ordena la tarde". Esa combinación de disciplina, disfrute y efecto cognitivo, aunque todavía no pueda atribuirse solo al acto musical, es una razón de peso para que la música siga sonando en la vida de los chicos.
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