Un cuarto de siglo después del 11-S: el ritual de seguridad que el viajero argentino ya incorpora sin cuestionarlo
Los controles que aparecieron tras los atentados de 2001 se consolidaron como una rutina global. Repaso de las medidas vigentes, el tiempo extra que demandan y qué pasa en los aeropuertos locales.
Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las reglas de seguridad que rigen en los aeropuertos de todo el mundo siguen siendo, en gran medida, consecuencia directa de lo que ocurrió ese día en Estados Unidos. Para quien vuela con frecuencia, muchos de esos controles ya forman parte del ritual previo al embarque. Para quien viaja de manera espaciada, repasarlos antes de llegar al aeropuerto marca la diferencia entre un paso rápido por el control y una fila que se estira sin explicación visible.
El punto de partida de ese nuevo régimen fue la creación de la Administración de Seguridad del Transporte, la agencia conocida por su sigla en inglés como TSA, puesta en marcha en noviembre de 2001. Hasta entonces, la seguridad de los aeropuertos estadounidenses estaba en manos de empresas privadas; desde ese mes, quedó a cargo de un cuerpo de inspectores federales con dependencia directa del Departamento de Seguridad Nacional. Según reconstrucciones periodísticas de la época, ese cambio se financió con un presupuesto inicial cercano a los mil quinientos millones de dólares para el primer año de funcionamiento. El modelo se replicó, con adaptaciones, en buena parte de los países que rediseñaron su política de aviación civil.
Los dos episodios que terminaron de moldear los controles actuales
Vamos a los números. En diciembre de 2001, un pasajero intentó detonar explosivos ocultos en el calzado durante un vuelo interno en Estados Unidos. El ataque fracasó, pero el episodio instaló una práctica que se mantiene hasta hoy: la obligatoriedad de retirar el calzado al pasar por el escáner en la mayoría de los aeropuertos. En 2006, las autoridades británicas desbarataron un plan para detonar explosivos líquidos en aviones que cubrían la ruta entre el Reino Unido y Estados Unidos; de allí proviene la regla que limita los líquidos en el equipaje de mano a envases individuales de no más de cien mililitros, dentro de una bolsa plástica transparente con cierre, sin superar un litro en total.
- Zapatos fuera: en la mayoría de los aeropuertos hay que retirarlos antes del escáner; algunos países aplican la excepción solo a calzado voluminoso, como botas o suelas gruesas.
- Líquidos, geles y aerosoles: solo se admiten envases de hasta 100 ml por unidad, todos dentro de una bolsa plástica transparente con cierre, con un tope total de un litro por pasajero.
- Electrónicos separados: computadoras, tablets y teléfonos deben salir de la mochila y ubicarse en la bandeja para su escaneado individual.
- Objetos cortantes o punzantes: prohibidos en cabina; pueden ir en el equipaje despachado, según la política de cada compañía.
- Puerta de cabina blindada: el acceso de pasajeros a la cabina de pilotos está vedado durante todo el vuelo; las tripulaciones reciben entrenamiento específico para actuar ante situaciones conflictivas a bordo.
Cuánto tiempo extra demandan estos controles
Un dato práctico que muchos viajeros subestiman es que los controles más exhaustivos alargan el tiempo de paso por el aeropuerto. Para vuelos internacionales, la recomendación general de las líneas aéreas y de las autoridades de aviación civil es presentarse con al menos tres horas de anticipación; para vuelos domésticos, dos. En temporada alta, conviene sumar un margen extra. Comparado con el promedio de fines de la década de 1990, cuando muchos pasajeros embarcaban con apenas una hora de anticipación, el tiempo de preembarque se duplicó en los corredores internacionales, según mediciones de organismos como la Asociación Internacional de Transporte Aéreo.
En la Argentina, la operatoria de los principales aeropuertos quedó alineada con los estándares internacionales, con adaptaciones propias según el reglamento de la Administración Nacional de Aviación Civil. Aerolíneas Argentinas, la empresa de bandera, venía difundiendo en sus canales oficiales una guía para que el pasajero conozca de antemano qué objetos debe declarar y cómo presentar su equipaje de mano. Conocer las reglas vigentes permite anticiparse en el aeropuerto y, sobre todo, evitar sorpresas en el control que retrasen el embarque.
La consolidación de estas medidas es, en buena medida, hija de la historia reciente. Cada nueva restricción —el escáner corporal, la prohibición de líquidos, el refuerzo de la puerta de cabina— nació de un intento de ataque o de una amenaza concreta. Con el paso de los años, la excepción se volvió norma y la norma, parte invisible del viaje aéreo contemporáneo.
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