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DOM, 18 OCT 2026
Vida

Un mapa del ovario después de los 50: la vida celular que la menopausia no apaga

Una investigación publicada en Aging Cell demostró que el ovario sigue produciendo proteínas y modificando su biología durante décadas tras la menopausia, con cambios marcados a partir de los 70 años.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
Un mapa del ovario después de los 50: la vida celular que la menopausia no apaga

Recuerdo a Marta, una docente jubilada de 67 años que llegó a su consultorio convencida de que su cuerpo había entrado en punto muerto desde la última menstruación. A mí, como cronista de estos temas, me interesó entonces seguir de cerca una investigación que cambia esa mirada: un equipo de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento acaba de demostrar que el ovario no se apaga después de la menopausia, sino que reorganiza su actividad molecular durante décadas.

El estudio, difundido por el Ministerio de Salud de la Nación en su recopilación de avances internacionales sobre salud femenina, fue publicado en la revista Aging Cell y se basó en 28 muestras de tejido ovárico de mujeres de entre 50 y 75 años, todas operadas por indicaciones benignas y sin signos de cáncer.

Una radiografía molecular del ovario posmenopáusico

Las participantes fueron divididas en tres franjas etarias: de 50 a 59, de 60 a 69 y de 70 años en adelante. Mediante espectrometría de masas, los investigadores cuantificaron 5.812 grupos de proteínas y compararon los perfiles entre los grupos. Lo que observaron fue un cambio gradual: a mayor edad, se incrementaban las proteínas asociadas a inflamación, respuesta inmunitaria innata y recambio de la matriz extracelular, mientras caían las vinculadas a la arquitectura celular, los filamentos estructurales y las queratinas.

  • En mujeres de 70 años o más se identificaron 117 proteínas con cambios significativos respecto del grupo de 50 a 59 años: 84 disminuidas y 33 aumentadas.
  • El patrón sugiere un tejido que pasa de sostener su estructura a priorizar procesos de reparación y señalización.
  • La franja de 60 a 69 años mostró mayor presencia de algunas proteínas previamente vinculadas al cáncer de ovario, aunque ninguna muestra analizada tenía patología maligna.
“La pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no implica que el órgano quede sin función. Los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia.”Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern

Quiero detenerme aquí porque a menudo se repite, incluso en conversaciones de consultorio, que después de la menopausia los ovarios son apenas un vestigio. Esta investigación no dice eso: dice que el órgano deja de liberar óvulos y modifica su producción hormonal, pero su biología interna sigue activa y modificándose, algo que tiene consecuencias concretas para entender el envejecimiento, las enfermedades crónicas y hasta el riesgo de ciertos tumores ginecológicos.

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A partir de lo que muestra este trabajo, hay algunas pautas que vale la pena llevar a la vida cotidiana. Primero, no dar por sentado que el cuerpo deja de importar una vez pasada la menopausia: los controles ginecológicos anuales siguen siendo clave, especialmente después de los 60, porque es la franja donde los cambios moleculares se intensifican. Segundo, prestar atención a las señales de inflamación crónica: una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres y grasas de buena calidad, junto con actividad física regular y buen descanso, ayuda a modular la respuesta inmunitaria que el estudio ve intensificada. Tercero, hablar con el médico de cabecera sobre la densidad ósea, la salud cardiovascular y los antecedentes familiares de cáncer de ovario, porque la coincidencia proteica detectada a partir de los 60 años sugiere que el riesgo no desaparece con la edad reproductiva. Como me dijo Marta cuando le conté los resultados, sentirse acompañada por la ciencia también es una forma de cuidarse.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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