Una remera, un tapado, un documento: la moda argentina se exhibe como archivo vivo en el Museo de Arte Moderno
"Vestir mundos" repasa tres décadas de diseño local en seis núcleos temáticos y propone leer la indumentaria como un registro de crisis, debates ambientales y tradiciones culturales. Estará abierta hasta julio de 2027.
Me lo contó Franco Chimento mientras ultimaba los detalles de la apertura: la idea nació de una conversación con Raúl Flores sobre cómo una prenda puede contar lo que un libro a veces no logra. A partir de ahí, armaron un recorrido que arranca con María, una estudiante de Diseño que el primer día de la muestra se detuvo frente a un guardapolvo blanco intervenido y se quedó veinte minutos mirándolo. "No podía creer que eso fuera un guardapolvo", dijo después, según me comentó el equipo de sala. Esa escena resume, de alguna manera, lo que "Vestir mundos" propone: que la ropa que vestimos también nos viste a nosotros como sociedad.
La exposición abrió el 10 de septiembre en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, organizada junto a la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), y se podrá visitar hasta el 1 de julio de 2027. Reúne piezas de diseñadores locales que van desde fines del siglo XX hasta la actualidad, organizadas en seis núcleos temáticos que funcionan como capítulos de una historia reciente del país escrita en tela.
La crisis como motor creativo
El primer tramo de la muestra se interna en las respuestas que los diseñadores argentinos dieron a las crisis socioeconómicas de fines de los noventa y principios de los dos mil. Chimento, en diálogo con este portal, lo define como un ejercicio de transformación: "Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia". Ahí aparecen firmas como Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, que trabajaron con fusiones textiles, quemado de plásticos y materiales descartados para repensar qué se entendía por sofisticado. También se exhibe la colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre" (2004), realizada junto a la Cooperativa La Juanita, que releyó el guardapolvo blanco como símbolo de trabajo autogestionado.
Sostenibilidad, regiones y oficios
El segundo núcleo está dedicado a la sostenibilidad. El colectivo 12NA, integrado por Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano; Juliana García Bello trabaja con ropa heredada y manteles donados; y la firma Therapy Recycle and Exorcise, con sede en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje a las subculturas nocturnas sin distinción de género ni temporadas.
- El colectivo 12NA recompone prendas usadas para darles nueva vida.
- Juliana García Bello interviene ropa heredada y manteles donados.
- MANTO (Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug) trabaja con hilanderas del norte argentino desde 1996 en lana de oveja y pelo de llama.
- La salteña Roxana Liendro aplica técnicas de orfebrería sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo.
El diálogo con las tradiciones regionales tiene su propio capítulo. MANTO, creada por Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug, produce desde 1996 junto a hilanderas del norte argentino prendas en lana de oveja y pelo de llama combinadas con sastrería contemporánea. La salteña Roxana Liendro, en tanto, traslada técnicas de orfebrería —el repujado y el cincelado— sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo, y deja en evidencia un cruce de saberes que pocas veces se exhibe con esta claridad.
Para quienes quieran visitarla, la cita es en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Y para quienes todavía no puedan acercarse, queda una recomendación que sirve como cierre: la próxima vez que abran el placard, miren lo que tienen adentro como si fuera una pequeña muestra. Una remera gastada, un tapado heredado o un guardapolvo viejo también hablan de ustedes, de su época y de las decisiones —de diseño o de necesidad— que llevaron a que hoy esté ahí colgado.
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