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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Amazon ya tiene un millón de robots trabajando y, contradictoriamente, más accidentes en sus depósitos

La empresa más robotizada del planeta duplica su flota mientras un informe del Senado de Estados Unidos revela que los centros automatizados registran un 28 por ciento más de lesiones que los tradicionales.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad · · lectura 4 min
Amazon ya tiene un millón de robots trabajando y, contradictoriamente, más accidentes en sus depósitos

Lo que arrancó como una apuesta de ciencia ficción ya es una realidad cotidiana en los depósitos de Amazon: más de un millón de robots circulan, levantan y ordenan mercadería en simultáneo con 1,5 millones de empleados humanos. La compañía, que ningún otro actor en el mundo iguala en automatización, acaba de confirmar que su parque de máquinas se duplicará a lo largo de este año, mientras sigue inaugurando fábricas en Austin, Texas, y en Greenwood, Indiana. Lo curioso, y también lo preocupante, es que a mayor cantidad de robots, más accidentes se registran en los centros donde operan.

Una historia que empezó con una compra y una pequeña rueda

Para entender cómo Amazon llegó a este punto hay que retroceder a 2012, cuando adquirió Kiva Systems, una firma que fabricaba robots con forma de tarro de helado que rodaban por el piso llevando estanterías enteras hasta los operarios. Antes, un trabajador podía caminar más de quince kilómetros por turno buscando productos; con Kiva, la estantería viene a uno. De aquel proyecto nació Amazon Robotics y, con el tiempo, aparecieron modelos como Hércules y Titán, capaces de mover estructuras del tamaño de un piano de cola, y Proteo, el primero que pudo circular entre personas gracias a una batería de sensores. Es, si se quiere, como pasar de buscar un libro en una biblioteca enorme a que el estante venga hasta el mostrador: más rápido, pero con muchos más engranajes moviéndose al mismo tiempo.

Cuando tenés esa cantidad de máquinas compartiendo espacio con gente, el problema pasa a ser el tránsito. Por eso Amazon desarrolló DeepFleet, un sistema de inteligencia artificial que funciona como un director de orquesta digital: coordina los desplazamientos internos y, según la propia empresa, recortó un diez por ciento el tiempo de traslado de la flota. En criollo, es el equivalente al GPS de un auto, pero aplicado a un depósito con más robots que habitantes tiene la mayoría de las ciudades argentinas.

Los brazos robóticos ya tienen tacto y empiezan a ocupar el lugar de las manos

  • Robin, con ocho ventosas, es el especialista en separar paquetes de pilas desordenadas, como si fuera una mano gigante que nunca se confunde.
  • Cardinal, en tanto, puede levantar bultos de hasta 22 kilos y acomodarlos dentro de carritos sin que un operario haga fuerza.
  • Sparrow reconoce cientos de millones de productos distintos para reponer cajones vacíos a toda velocidad.
  • Vulcan es el más reciente y el más llamativo: incorpora sensores de fuerza que le permiten sentir lo que toca, como si tuviera yema en los dedos. Funciona desde 2025 en plantas de Spokane, Washington, y Hamburgo, Alemania, y se expandiría en 2027.

La empresa defiende el rumbo. Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics, suele repetir que la idea es que las máquinas se queden con las tareas más riesgosas, las que implican levantar peso, agacharse una y otra vez o repetir el mismo movimiento durante horas. Suena lógico, pero los números cuentan otra cosa. Una investigación de 18 meses que llevó adelante la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, y que terminó en diciembre de 2024, determinó que los depósitos de Amazon registran un 30 por ciento más de accidentes que el promedio de la industria del almacenamiento. Y hay un dato todavía más filoso: los propios registros internos de la compañía, filtrados en el mismo informe, marcan que los centros automatizados tienen una tasa de lesiones un 28 por ciento superior a la de aquellos que todavía no incorporaron robots.

“La robótica avanza a un ritmo que la regulación y las condiciones de trabajo todavía no alcanzan a digerir, y el resultado es que los empleados quedan en el medio.”Lucía Mansilla, becaria de investigación en la Universidad de Buenos Aires

Mansilla, que estudia impacto de automatización en el Cono Sur y conoce estos datos, me dijo por lo bajo que el fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: cada vez que se introduce tecnología nueva sin un rediseño profundo de la organización del trabajo, los ritmos se aceleran y los márgenes de error humano se achican. No es que el robot lastime, aclara; es que el robot cambia la lógica del puesto y obliga al operario a mantener un ritmo que el cuerpo no siempre tolera.

¿Y eso para qué sirve? Para entender que el debate sobre robots y empleo no pasa solo por cuántos puestos se pierden o se crean, sino por cómo se rediseñan los que quedan. Mientras Amazon asegura que duplicará su flota este año y promete que las máquinas asumirán los trabajos más pesados, la evidencia disponible hasta ahora muestra que la automatización, al menos en esta etapa, no vino de la mano de un depósito más seguro. La discusión, lejos de cerrarse, recién empieza.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad

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