Asma con rostro femenino: cuando las hormonas vuelven más complejo el seguimiento clínico de la enfermedad
Después de la pubertad, las mujeres asmáticas registran más crisis, más internacionales y peor control que los varones. Investigaciones recientes apuntan a la acción del estrógeno y la progesterona sobre la inflamación bronquial, aunque la genética, el peso corporal y el entorno también pesan en la ecuación. El ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia suman variables que obligan a repensar el abordaje médico.
Cuando Lucía tenía trece años, su asma empezó a comportarse de un modo que ella no entendía. Las crisis que antes aparecían cada tanto, ligadas a los cambios de estación o a los resfríos, empezaron a coincidir con momentos puntuales del mes. Faltaba a clases, iba a la guardia, volvía con un puff de salbutamol y la sensación de que algo en su cuerpo había cambiado sin que nadie se lo explicara del todo. Años después, ya en la adultez, entendió que su caso no era una rareza: la investigación médica viene describiendo con cada vez más detalle por qué el asma, después de la pubertad, suele pegar más fuerte en las mujeres que en los varones.
Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, el asma es una de las enfermedades crónicas respiratorias más prevalentes en Argentina y afecta a cerca del diez por ciento de la población adulta, con una marcada diferencia por sexos a partir de la adolescencia. Después de la primera menstruación, las mujeres consultan más veces a urgencias, requieren internacionales con mayor frecuencia y muestran un control de la enfermedad más difícil de sostener en el tiempo. Un análisis publicado en 2025 en BMC Pulmonary Medicine, elaborado a partir del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que 260 millones de personas convivían con asma en el mundo ese año, y que la carga de la enfermedad recae con más peso sobre la población femenina adulta.
El papel del estrógeno y la progesterona
La explicación no es única ni definitiva. Un trabajo publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, encabezado por Dawn C. Newcomb, de la Universidad Vanderbilt, examinó células inmunitarias de pacientes con asma grave y observó que el estradiol y la progesterona pueden estimular la producción de IL-17A, una proteína clave en los procesos inflamatorios. El estudio también reportó mayor actividad de células llamadas TH17 en mujeres con asma grave, comparadas con varones con el mismo diagnóstico. Los propios autores aclaran que el hallazgo no prueba causalidad directa ni se puede generalizar: el grupo analizado fue reducido y parte del trabajo se hizo en modelos animales.
Para la investigadora Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, la diferencia de sexos no pasa por genes completamente distintos entre mujeres y varones, sino por un mismo gen que se expresa de manera diferente según el contexto hormonal y ambiental. Esa mirada, cada vez más instalada en la literatura médica, invita a dejar de lado las explicaciones simplistas y a considerar el asma como una enfermedad en la que biología, hormonas y entorno se entrelazan.
Ciclo menstrual, embarazo y menopausia: variables que cambian el juego
- Hasta un cuarenta por ciento de las mujeres asmáticas percibe cambios en sus síntomas en los días previos o durante la menstruación, según una revisión especializada, aunque los estudios disponibles no permiten hablar de una cifra cerrada.
- La hipótesis más trabajada asocia esas variaciones a las oscilaciones de estrógeno y progesterona previas al período, que pueden aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.
- Durante el embarazo, la evolución del asma es difícil de anticipar: un patrón clínico clásico menciona que alrededor de un tercio de las embarazadas empeora, otro tercio se mantiene estable y el tercio restante mejora, aunque la distribución puede cambiar con el tratamiento adecuado.
- En la menopausia, la caída de estrógenos suele alterar nuevamente el cuadro, con síntomas que en algunos casos se atenúan y en otros se reagudizan, lo que obliga a un seguimiento más personalizado.
Qué se puede hacer desde casa y desde la consulta
Para pacientes como Lucía, y para miles de mujeres en la misma situación, la recomendación de los especialistas pasa por varias acciones concretas y cotidianas. Llevar un registro escrito de los síntomas y de las fechas del ciclo menstrual ayuda a identificar patrones y a conversar con el médico con información concreta en la mano. No suspender la medicación de mantenimiento en el embarazo ni en la perimenopausia sin consulta previa es otra de las insistencias más firmes de las guías actuales, ya que el asma mal controlada genera más riesgo para el feto que la mayoría de los fármacos usados en forma habitual. Sumar controles periódicos con un equipo que conozca la historia hormonal, controlar el peso corporal, evitar la exposición al humo de tabaco y mantener al día el calendario de vacunas, en especial la antigripal, completan un paquete de medidas que, según remarcan los profesionales, puede cambiar de manera real la calidad de vida de las mujeres asmáticas.
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