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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Por qué casi todos abandonamos un cambio de hábitos en febrero (y cómo sostenerlo hasta julio)

La educadora en salud Vicki Griffin y el neurocientífico Karl Bailey, junto con la OMS, los CDC y la APA, marcan los puntos de fuga que tienen los propósitos de año nuevo y ofrecen pistas concretas para que el intento no se diluya en las primeras semanas.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Por qué casi todos abandonamos un cambio de hábitos en febrero (y cómo sostenerlo hasta julio)

A María Eugenia le pasó otra vez. El 2 de enero arrancó con la caminata de las siete de la mañana, la botella de agua en la mochila y la promesa de dejar de comer facturas después de las cinco de la tarde. Para el 18 de enero ya había vuelto a la siesta, al termo con mate dulce y a la rutina de siempre. No es un caso aislado: es, casi, la regla. La educadora en salud Vicki Griffin y el neurocientífico Karl Bailey, junto con recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y la Asociación Estadounidense de Psicología (APA), se ocupan precisamente de explicar por qué tantos propósitos se evaporan en las primeras semanas y qué distingue a quienes, en cambio, logran sostenerlos en el tiempo.

El primer obstáculo, dicen los especialistas, no es la falta de voluntad sino la distancia entre la intención y la acción diaria. Según Griffin, mantener a la vista el propósito de fondo -bajar de peso, dejar una conducta perjudicial o incorporar actividad física- transforma las tareas cotidianas en avances concretos. Los CDC, en sus guías para el manejo de la conducta, recomiendan traducir ese propósito en un plan con objetivos específicos, medibles y acotados en el tiempo. Una revisión publicada en la biblioteca de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos coincide: la formulación precisa de metas favorece el cambio de conducta porque fija un criterio claro para medir avances y reduce la zona gris en la que suele naufragar el entusiasmo.

Metas chicas, una por vez, y permisos para tropezar

El tamaño de la meta importa, y mucho. La APA aconseja dividir los cambios en tramos manejables y abordar un comportamiento por vez en lugar de pretender reformular la vida entera un martes a la noche. La OMS, por su parte, fija para adultos una referencia de 150 a 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, pero aclara que cualquier cantidad de movimiento es mejor que ninguna, lo que desalienta la tentación de empezar con una rutina imposible.

  • Plantear metas concretas, medibles y con plazos cortos, en lugar de propósitos vagos como bajar de peso o comer mejor.
  • Avanzar de a un hábito por vez y consolidar el anterior antes de sumar el siguiente.
  • Asumir que los tropiezos son parte del proceso y retomar el plan sin convertir un mal día en abandono.
  • Ajustar las metas cuando dejan de ser viables, en lugar de tirarlas por la borda.
  • Involucrar a familiares, amistades o grupos de apoyo y compartir los objetivos con personas de confianza.
  • Repetir la conducta en horarios y contextos estables para que se convierta en rutina, y no en excepción.
“El cerebro conserva capacidad para reorganizar circuitos y acompañar nuevas conductas, y la clave está en consolidar un hábito antes de sumar otro.”Karl Bailey, neurocientífico

Visto en conjunto, el cuadro que dibujan estos organismos y especialistas es bastante, en el mejor sentido de la palabra: no se trata de de hierro sino de arquitectura cotidiana. Los CDC sugieren en concreto compartir los objetivos con personas de confianza, caminar o cocinar en compañía y hablar de los obstáculos del proceso, porque el entorno influye más de lo que suele reconocerse. La APA coincide en que la motivación se refuerza con responsabilidad compartida, y agrega que los deslices ocasionales son esperables: la diferencia entre quien abandona y quien persiste suele estar en cómo se interpreta el tropiezo.

Qué se puede hacer desde casa esta semana

Para quienes sienten que el intento se les deshace entre las manos, la síntesis de todas estas recomendaciones se traduce en pasos chicos y concretos. Anotar un objetivo medible y con fecha, en lugar de una frase inspiradora. Elegir un solo hábito para trabajar los próximos 21 días, repetido en el mismo horario y en el mismo lugar. Contarle a alguien de confianza el plan y pedirle que pregunte cómo viene. Y, sobre todo, concederse permiso para tropezar: registrar la caída como información útil para ajustar la estrategia, y no como confirmación de un fracaso. La OMS lo resume con una mirada amplia: las conductas de salud se construyen en la vida cotidiana, a través de alimentación equilibrada, movimiento regular, descanso adecuado y vínculos que sostienen. María Eugenia, por ahora, volvió a sacar la mochila a la puerta. Esta vez, le puso una alarma.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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