Boca regaló en Mendoza lo que había construido con fútbol: el 2-2 que le deja sabor a poco
El equipo de la Ribera se fue dos veces arriba, mostró chispazos de buen juego en el primer tiempo y terminó cediendo dos puntos en tiempo de descuento ante un Gimnasia que nunca bajó los brazos. La victoria se escurrió entre los dedos xeneizes como agua entre las manos.
Vayamos a lo concreto: Boca se plantó en Mendoza con la promesa de seguir sumando en el Torneo Clausura, y durante tramos del partido pareció cumplirla con creces. Pero el fútbol, ya se sabe, tiene esa costumbre irritante de castigar a los que se relajan. Y anoche, en el Víctor Antonio Legrotaglie, el elenco de la Ribera terminó pagándolo caro. El 2-2 final frente a Gimnasia de Mendoza no fue un accidente: fue la consecuencia lógica de dejar de apretar cuando había que apretar.
Un primer tiempo para enmarcar (y después lamentar)
El arranque dejó a los mendocinos dueños de la pelota, con un remate temprano que se estrelló en el palo y desató el primer suspiro de la noche. Nada hacía prever lo que venía después: a los 16 minutos, una salida rápida bien orquestada terminó con Alan Velasco definiendo al ángulo tras una jugada colectiva que incluyó a Leonel Flores y Tomás Belmonte. Golazo. Ventaja visitante en territorio hostil.
Duró poco la felicidad: dos minutos más tarde, un lateral y una cadena de rebotes en el área visitante le sirvieron en bandeja a Ignacio Sabatini, que aguantó la marca con la espalda, se giró y clavó un disparo junto al palo derecho. Empate que, curiosamente, no desordenó a Boca, que respondió con otra perlita a los 37: taco y caño de Velasco para habilitar a Dylan Gorosito, centro al medio y definición de Kevin Zenón. El primer gol del mediocampista desde mayo de 2025. Jugada de selección. 2-1 y al descanso con la sensación de que lo peor ya había pasado.
El complemento: cuando Boca se dedicó a esperar
Porque claro, el segundo tiempo fue otra cosa. El conjunto local sostuvo una leve superioridad territorial, buscó por las bandas y encontró premio parcial a los 70 minutos con otro cabezazo de Sabatini, esta vez tras una pelota parada. El VAR, con esa paciencia milimétrica que lo caracteriza, revisó la acción y la anuló por offside finísimo del delantero. Se salvó Boca. O más bien, se condenó a sí mismo: con el correr de los minutos, el equipo se replegó cada vez más, confiado en que el resultado se sostenía solo. Error clásico.
El local nunca abandonó la búsqueda, y a los 92 minutos el castigo llegó. Centro desde la derecha, despeje corto de Jagger Herrera y pelota viva en el área: Esteban Fernández se anticipó a todos y la puso junto al palo. 2-2 definitivo y silencio en el banco visitante. Empate que, mirado con perspectiva, sabe poco menos que derrota para un equipo que había hecho todo bien durante 45 minutos.
Lo compro o lo pienso: en mi opinión, Boca mostró dos caras bien marcadas. Una, la del primer tiempo, con vuelo ofensivo y sociedades que ilusionan. La otra, la del complemento, con un equipo que regaló la iniciativa y confió en que el cronómetro jugaría a favor. No fue así. El empate en Mendoza deja una enseñanza repetida hasta el hartazgo en el fútbol argentino: las ventajas hay que defenderlas con la misma intensidad con la que se construyen. Y esta vez, al Xeneize le faltó esa segunda parte del trabajo. La promesa del cierre era sumar de a tres para prenderse arriba; la realidad fue otra. La batería, diríamos en términos de tecnología, le duró a Boca exactamente lo que dura un cargo completo en un día de uso intensivo: justo hasta el momento en que más lo necesitabas enchufado.
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