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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cerebros de izquierda y de derecha: la etiqueta que la ciencia ya no se anima a sostener

Un estudio con más de mil participantes desmonta la idea de que cada persona piensa con una sola mitad del cerebro. Qué dice la evidencia y por qué seguir repitiéndolo en las aulas puede hacer daño.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Cerebros de izquierda y de derecha: la etiqueta que la ciencia ya no se anima a sostener

Lo escuché por primera vez de la boca de una docente de primaria, mientras revisaba la planificación del año. Daniela, con veintitantos años de aula encima, me dijo con total convencimiento que ella era "de cerebro izquierdo": ordenada, lógica, amante de los números. Y que, por eso mismo, jamás podría haber sido artista. La frase me quedó dando vueltas, porque conozco a Daniela hace tiempo y sé que pinta acuarelas los domingos, que escribe cartas a mano y que encuentra melodías para casi cualquier estado de ánimo. Si su hemisferio izquierdo fuera el único responsable de su manera de ser, me pregunté, ¿de dónde salían esas sensibilidades? La respuesta llegó de la mano de un trabajo científico que pone en jaque, otra vez, uno de los mitos más persistentes de la cultura escolar: el de las personas "de cerebro izquierdo" o "de cerebro derecho".

Según el Ministerio de Educación de la Nación, la neuroeducación forma parte de los contenidos prioritarios de la formación docente continua, y uno de los ejes centrales es justamente distinguir qué hallazgos de la ciencia del cerebro tienen aplicación pedagógica y cuáles son simplificaciones que circulan en los manuales y en la web sin respaldo. En esa misma línea, organismos como la Unesco vienen señalando que traducir etiquetas cerebrales al aula puede terminar condicionando las expectativas sobre los chicos y, en consecuencia, sus propias decisiones a la hora de elegir qué aprender.

Qué dice el estudio que cambió la discusión

La investigación, publicada en la revista PLOS ONE, trabajó con conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Identificó regiones con lateralización, es decir, áreas que tienden a trabajar más en un hemisferio que en el otro: por ejemplo, zonas vinculadas al lenguaje predominan en el izquierdo, mientras que ciertas redes de atención lo hacen en el derecho. Lo que no encontró es algo que la cultura popular da por sentado: que esas conexiones se agrupen en un patrón individual que haga que una persona funcione, globalmente, más con una mitad que con la otra.

“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic

En otras palabras, sí hay funciones que un hemisferio: el lenguaje tiende a reclutar más al izquierdo, y la atención visuoespacial recluta más al derecho. Pero esa distribución es local, parcelada, y no se sostiene como una suerte de "personalidad hemisférica" que permita catalogar a alguien como racional o creativo.

Por qué el mito sigue vivo

  • Sobrevivió porque partió de un dato verdadero: los hemisferios no hacen exactamente lo mismo, lo que dio una base aparente a la simplificación.
  • Se popularizó a través de cuestionarios virales, talleres de autoconocimiento y capacitaciones docentes que lo dieron por probado.
  • Se sostuvo por el relato de pacientes con el cuerpo calloso seccionado para tratar epilepsias graves, una situación excepcional que nada dice del resto de los cerebros.
  • Se retroalimenta desde la propia autoestima: definirse como "poco creativo" o "desorganizado" puede desalentar la práctica de habilidades perfectamente entrenables.

En el aula, la consecuencia más visible la conozco de cerca. Hablo seguido con Sandra, profesora de música en una escuela media de la provincia de Buenos Aires, que me cuenta que cada año pierde alumnos que se autodescriben como "de cerebro izquierdo" y descartan electivas artísticas porque "no se les da". Sandra lo repite, con paciencia: la creatividad no es un don reservado a una mitad del cerebro, sino una habilidad que se entrena, como cualquier otra.

Mientras tanto, las dos mitades del cerebro se pasan información todo el tiempo a través del cuerpo calloso, esa autopista de fibras nerviosas que conecta hemisferios. Por eso una charla de café exige, al mismo tiempo, procesar palabras, leer el tono de voz, interpretar gestos y manejar el contexto emocional. No hay tarea cotidiana que dependa de un solo lado.

Qué se puede hacer desde casa

  • Si un test de internet lo catalogó como "de cerebro izquierdo o derecho", tómelo como una curiosidad y no como un diagnóstico: no hay paper serio que respalde esa etiqueta.
  • Anímese a probar aquello que siente que "no es para usted": idiomas, dibujo, programación, cocina, escritura creativa. La lateralización hemisférica no pone techo a ningún aprendizaje.
  • Revise los materiales escolares con la misma lupa: si una propuesta educativa promete desarrollar el "lado creativo" o el "lado lógico" del cerebro, pida evidencia antes de sumarla.
  • En casa, fomente tareas que mezclen registros: leer una novela y comentarla, cocinar siguiendo una receta y después improvisar, escuchar música y dibujar lo que sugiera. Así se trabaja la integración hemisférica que, según la ciencia, es la regla y no la excepción.

Vuelvo a Daniela mientras escribo este cierre. La semana pasada me mandó una foto de su último cuadro: un bodegón hecho en capas de azul, con una luz que no le conocía. Me dijo, casi en off, que había decidido anotarse en un taller de cerámica. Le recordé, con cuidado, lo que me había dicho sobre su cerebro izquierdo. Se rio. "Mirá", me contestó, "algo de eso tenía que estar equivocado". Tenía razón: la evidencia más reciente sugiere que la próxima vez que alguien nos quiera encasillar como personas de una sola mitad, lo más sensato es seguir el ejemplo de Daniela y animarse a cruzar al otro lado.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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