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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la panza avisa: las señales digestivas que no conviene naturalizar y qué hacer antes de consultar

La variedad en la mesa, el uso responsable de antibióticos y el manejo del estrés figuran entre los hábitos que sostienen el equilibrio intestinal. Especialistas consultadas remarcan que la fermentación casera nunca reemplaza una evaluación médica cuando las molestias se repiten en el tiempo.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
Cuando la panza avisa: las señales digestivas que no conviene naturalizar y qué hacer antes de consultar

Evelina tiene 47 años, vive en Lanús y hace por lo menos cinco años que convive con la panza inflamada después de almorzar. Primero pensó que era normal: gases, distensión, alguna acidez. Después lo atribuyó a los años. "Uno se acostumbra", me dijo en una conversación por teléfono. Pero la normalidad, en estos casos, suele ser una trampa: detrás de lo que se repite hay causas concretas que un profesional puede identificar.

El Ministerio de Salud de la Nación incluye dentro de las recomendaciones para una alimentación saludable la incorporación diaria de frutas y verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, junto con la reducción de ultraprocesados. Es la misma línea que señalan las sociedades científicas internacionales cuando se aborda el cuidado del intestino, ese órgano que la mayoría de las veces damos por sentado y que en realidad sostiene buena parte de nuestra salud general.

La microbiota, ese ecosistema que vive adentro

En el intestino conviven bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que participan en la digestión, en las defensas del cuerpo y hasta en la forma en que obtenemos energía de los alimentos. El Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos identifica a la alimentación y a los medicamentos, sobre todo a los antibióticos, entre los factores que pueden modificar esa comunidad invisible. Cuando la diversidad de lo que comemos se empobrece, la microbiota también lo hace, y con ella aparecen procesos inflamatorios que a veces se manifiestan como hinchazón, reflujo o cambios en las evacuaciones.

“Gases, hinchazón, reflujo o cambios persistentes en las evacuaciones no deberían convertirse en una costumbre. Cuando se prolongan, requieren evaluación profesional porque pueden estar relacionados con intolerancias, enfermedades digestivas o alteraciones de la microbiota.”Marcie Vaske, especialista en nutrición clínica
  • Incorporar fibra de manera variada a través de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales; la Organización Mundial de la Salud recomienda consumir al menos 400 gramos de frutas y verduras por día.
  • Evitar que la dieta se repita con pocas preparaciones y un alto predominio de ultraprocesados, un patrón que puede modificar la microbiota y favorecer la inflamación.
  • Tomar antibióticos solo con prescripción médica y completar el tratamiento indicado, ya que su uso innecesario puede afectar microorganismos beneficiosos del intestino.
  • Sumar actividad física regular: la OMS sugiere entre 150 y 300 minutos semanales de movimiento moderado para adultos como parte del cuidado integral.
  • Atender los efectos del estrés sobre el tubo digestivo, dado que puede alterar los movimientos intestinales y aumentar la sensibilidad visceral.

Fermentados sí, automedicación no

El interés por los alimentos fermentados creció en los últimos años y muchos pacientes preguntan si alcanzará con sumar un poco de kéfir o de chucrut al desayuno. La dietista Jenna Volpe es clara: los fermentados pueden formar parte de una alimentación diversa, pero incorporarlos no sustituye una consulta cuando los síntomas vuelven. La gastroenteróloga Asma Khapra, en tanto, recuerda que el estrés crónico puede alterar los movimientos naturales del tubo digestivo y volver al intestino más sensible, un cuadro que tampoco se resuelve con un cambio puntual en la dieta.

Desde mi lugar como periodista que sigue temas de salud hace más de una década, me parece valioso repetir lo que estos especialistas subrayan: el cuidado cotidiano marca una diferencia enorme, pero no reemplaza la mirada médica. En casa, lo que se puede hacer es bastante y está al alcance: diversificar el plato, moverse, dormir mejor, respetar las indicaciones de los profesionales con los antibióticos y consultar cuando algo se repite. La panza, como Evelina aprendió en estos meses, no es un capricho: es un mensaje.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

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