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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuidar a un familiar en la Argentina: la encuesta que muestra por qué el desgaste pega más fuerte en las mujeres

Un estudio de la Universidad Austral sobre 1.028 personas detectó que el 60% de quienes asumen el rol de cuidador principal presenta algún grado de sobrecarga y que la brecha de género se expresa en el descanso, los proyectos personales y el acceso a licencias laborales.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 4 min
Cuidar a un familiar en la Argentina: la encuesta que muestra por qué el desgaste pega más fuerte en las mujeres

Marta tiene 52 años, vive en el conurbano bonaerense y desde hace cuatro se levanta a las cinco de la mañana para preparar el desayuno de su madre, que tuvo un ACV, antes de tomar el colectivo que la lleva a su trabajo como administrativa. Cuenta que ya no recuerda la última vez que durmió una noche entera. Su caso no es una excepción: una encuesta de la Universidad Austral relevó que, entre las mujeres que asumen el cuidado principal de un familiar, el 54% reconoce que esa responsabilidad le impide descansar lo suficiente y el 44% admite que le limita sus proyectos personales. Entre los varones, esas cifras caen al 30% y al 10%, respectivamente.

El estudio fue realizado por internet entre octubre de 2025 y abril de 2026 sobre 1.028 personas mayores de 18 años residentes en la Argentina. De ese total, el 20,4% manifestó que cuidaba a un familiar y, dentro de ese universo, el 60,6% de las mujeres asumió el rol de cuidadora principal, frente al 44,4% de los varones. La muestra confirma una tendencia que los organismos de género vienen señalando hace años: la carga del cuidado sigue recayendo de manera desigual sobre las mujeres y eso se traduce en horas de sueño perdidas, en proyectos postergados y en una inserción laboral más precaria.

El termómetro de la sobrecarga: seis de cada diez cuidadores principales

Para dimensionar el desgaste, la investigación evaluó a 120 cuidadores principales con la escala de Zarit, un cuestionario validado internacionalmente que consta de 22 ítems. El resultado fue contundente: el 60% presentó algún grado de sobrecarga y el 40,8% alcanzó el nivel intenso, una categoría que el propio informe consideró que requería intervención profesional. En otras palabras, cuatro de cada diez personas que cuidan a un familiar en la Argentina están llegando al límite de su resistencia física y emocional.

El dato más inquietante del trabajo es que la sobrecarga intensa se mantuvo en el 40% tanto entre quienes dijeron recibir ayuda como entre quienes dijeron no tenerla. La explicación que ofrecieron los investigadores es que no alcanza con que haya alguien dispuesto a colaborar: importa la calidad del apoyo y no solamente su existencia. Para profundizar en esa idea, el estudio desagregó el acompañamiento en tres dimensiones: la afectiva, que refiere al sostén emocional; la informacional, ligada al acceso a orientación y conocimiento sobre la enfermedad o el trámite, y la operativa, que tiene que ver con el reparto concreto de tareas como acompañar al médico, cocinar o higienizar al familiar.

Trabajar y cuidar: la diferencia entre tener aportes y estar en negro

El relevamiento también puso la lupa sobre la compatibilidad entre el empleo y el cuidado. El 75% de las personas encuestadas que cuidaban a un familiar tenía además un trabajo remunerado, pero las herramientas para conciliar variaban de manera brutal según la modalidad de contratación. El acceso promedio a licencias y prestaciones —que incluían maternidad, paternidad, enfermedad de un familiar, eventos familiares y guardería— fue del 53,7% entre los trabajadores formales, del 17,1% entre los informales y de apenas el 9,5% entre los independientes. Quienes más necesitan la red de protección son, paradójicamente, quienes menos acceden a ella.

  • Dormir lo suficiente: 54% de las mujeres cuidadoras principales frente a 30% de los varones.
  • Desarrollar un proyecto personal: 44% de las mujeres cuidadoras principales frente a 10% de los varones.
  • Acceso a licencias: 53,7% en formales, 17,1% en informales y 9,5% en independientes.
  • Sobrecarga intensa: 40,8% de los cuidadores principales, un nivel que el estudio definió como merecedor de intervención.

Sin embargo, el informe no se quedó en el costado amargo. También registró que el 95,7% de los cuidadores reconoció al menos un aspecto gratificante de su tarea: el afecto recíproco, los momentos compartidos con la persona cuidada y los avances concretos que el familiar lograba día a día fueron los más mencionados. Esa valoración positiva convive, no reemplaza, la necesidad de políticas públicas más sólidas para repartir la carga. Para quienes hoy están en el lugar de Marta, hay algunas cosas concretas que se pueden hacer desde casa: pedir ayuda específica en lugar de genérica (que alguien cocine, que alguien acompañe al médico, que alguien se quede dos horas para poder dormir), organizar una red de contactos que pueda activarse ante una emergencia, consultar en el hospital público o en el centro de salud más cercano si hay equipos de cuidados paliativos o de atención domiciliaria, y, sobre todo, animarse a pedir atención profesional para uno mismo cuando el cansancio deja de ser manejable. Cuidar no debería costar la salud de quien cuida.

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Marina MoralesEducación y tecnología

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