Saltar al contenido
San Juan ByteSan Juan Byte ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.536,80 -0,19%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

El acoso que no se apaga: pediatras alertan sobre el bullying que se muda del aula al celular

La Sociedad Argentina de Pediatría difundió un documento que describe cómo el hostigamiento escolar se volvió continuo: empieza en el recreo y sigue en grupos de WhatsApp, redes y videojuegos hasta invadir la noche y la intimidad del cuarto. Los especialistas piden que familias, escuelas y equipos de salud trabajen en conjunto.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología · · lectura 3 min
El acoso que no se apaga: pediatras alertan sobre el bullying que se muda del aula al celular

Cuando Martina llegó de la escuela aquel martes, dejó la mochila en la entrada y se encerró en su cuarto sin probar bocado. En el grupo de WhatsApp del curso seguían apareciendo los mensajes que habían empezado al mediodía en el patio: capturas de pantalla fuera de contexto, emojis burlones, una cuenta paralela con su nombre. A esa altura ya no importaba que la puerta de la escuela hubiera quedado atrás dos horas antes. La agresión la esperaba dentro de la casa, en el celular, sin horario y sin tregua. Esa continuidad entre el aula y la pantalla es, justamente, lo que preocupa a la Sociedad Argentina de Pediatría.

La entidad elaboró un documento que reúne la mirada de ocho de sus comités y subcomisiones especializadas, entre ellos los de Tecnologías de la Información, Salud Mental, Adolescencia y Derechos del Niño. El texto describe cómo el bullying y el ciberbullying dejaron de ser fenómenos separados: hoy forman una misma cadena que se extiende por WhatsApp, redes sociales y videojuegos en línea, y que puede llegar al cuarto del chico a cualquier hora del día.

Qué dice el documento de la SAP

Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño, resumió la doctora Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de SAP.

  • Mensajes de odio, burlas repetidas y acecho en chats y redes.
  • Votaciones para humillar, perfiles falsos y suplantación de identidad.
  • Difusión no consentida de información privada o imágenes.
  • Exclusión deliberada de grupos y manipulación de fotos, videos o memes.
  • Uso de herramientas de inteligencia artificial para editar y difundir contenidos alterados, con audiencias muy difíciles de controlar y de borrar.

No toda pelea es bullying

El documento aclara un punto clave para no confundir conflictos propios de la convivencia con acoso escolar. Para hablar de bullying se necesitan tres condiciones juntas: intención de causar daño, repetición en el tiempo y un desequilibrio de poder real que impide a quien lo sufre defenderse o ponerle fin. Puede ser físico, verbal o relacional, y suele sostenerse en el tiempo.

“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”Sociedad Argentina de Pediatría

Las consecuencias que describen los pediatras no son menores: dolores físicos recurrentes, alteraciones del sueño, baja en el rendimiento escolar, aislamiento, ansiedad y, en los casos más graves, depresión e ideas de suicidio. El acoso sostenido corroe la autoestima y deja huellas que suelen verse meses después de que el episodio terminó. Por eso la entidad insiste en que la detección temprana y la intervención articulada son tan determinantes como la prevención.

Y acá viene lo que se puede hacer desde casa, porque la nota no termina cuando se cierra el documento. Conviene prestar atención a señales concretas: el chico revisa el celular con angustia, evita juntarse con ciertos compañeros, no quiere ir a la escuela o pierde el sueño sin causa aparente. No se trata de revisar el teléfono a escondidas, sino de abrir conversaciones sin juicio, legitimar lo que siente y dejarle claro que no está solo ni obligado a bancarlo en silencio. También es importante guardar capturas de pantalla y registros, hablar con la escuela por canales formales y, si hace falta, consultar a pediatras y equipos de salud mental. Lo que nunca ayuda, remarcan los especialistas, es minimizar lo que pasa, responder desde la agresión o esperar a que el conflicto se resuelva solo. Martina, como miles de chicos, no necesita que le digan que no es para tanto. Necesita que alguien apague la pantalla que sigue encendida del otro lado.

MM
Marina MoralesEducación y tecnología

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo