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VIE, 16 OCT 2026
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«El problema final»: Sherlock Holmes se muda a una isla incomunicada en la nueva miniserie de Netflix

José Coronado encarna a un actor que fue el detective más famoso del mundo. La ficción adapta a Arturo Pérez-Reverte en cuatro capítulos y recupera el ritmo del cine clásico de misterio.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad · · lectura 4 min
«El problema final»: Sherlock Holmes se muda a una isla incomunicada en la nueva miniserie de Netflix

Hay una clase de misterio que funciona como un mecanismo de relojería: alguien aparece muerto en un lugar del que es imposible escapar, se corta el teléfono, llueve sobre los tejados, y los sospechosos empiezan a mirarse con recelo alrededor de una mesa larga. A esa tradición pertenece El problema final, la miniserie de Netflix que adapta una novela de Arturo Pérez-Reverte y que ya está disponible en la plataforma. La dirige Félix Viscarret y la protagoniza José Coronado, en un papel que tiene una vuelta de tuerca que los amantes del género van a disfrutar.

La historia arranca en 1959. En una isla queda aislado un grupo de personas después de un asesinato. Hasta que no se restablezca la comunicación, no hay forma de irse ni de pedir ayuda. Esa es la puerta de entrada al enigma y, al mismo tiempo, la explicación más clara de por qué la serie se siente como un capítulo de Agatha Christie o como una de esas películas inglesas de los años cuarenta: el suspenso nace de la imposibilidad de salir, no de un villano con superpoderes.

Un Holmes fuera de la pantalla

El protagonista de Coronado es un actor que ganó fama mundial por haber interpretado a Sherlock Holmes. Esa condición no es un detalle decorativo: las aperturas de los cuatro episodios lo muestran dando vida al detective en la ficción dentro de la ficción, y el guiño se completa con el apellido del personaje, que homenajea a Basil Rathbone, uno de los actores más recordados en el rol. Quien conozca la historia del Holmes en el cine va a encontrar aquí una segunda capa de lectura; quien no, igual puede seguir la trama sin perderse, porque las referencias están al servicio del relato y no al revés.

El elenco se completa con Melina Matthews, María Valverde, Alex Brendemühl, Iván Massagué, Thierry Godard y Pep Tosar, entre otros. Los guionistas son Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré, y se nota el cuidado por los diálogos: el registro es el de las películas clásicas de detectives, con réplicas medidas y un humor muy inglés que aparece justo cuando la tensión empieza a apretar.

Por qué cuatro capítulos alcanzan

La serie es breve y a la vez completa. Cuatro episodios dan para presentar el crimen, instalar a los sospechosos, desplegar las pistas y resolver el caso sin estirar la receta. En un momento en el que las plataformas suelen pedir seis, ocho o diez horas para contar lo que podría decirse en dos, se agradece esta voluntad de relato cerrado. La investigación es el eje, pero también hay espacio para los personajes: sus vínculos, sus rencores, sus secretos, que son los que terminan pesando más que el mecanismo del whodunit.

  • Una adaptación de Arturo Pérez-Reverte con cuatro episodios dirigidos por Félix Viscarret.
  • José Coronado como un actor que fue Holmes en la ficción dentro de la ficción.
  • La acción transcurre en 1959, en una isla incomunicada tras un asesinato.
  • El apellido del protagonista homenajea a Basil Rathbone, el Holmes del cine clásico.
  • Guion de Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré, con elenco hispano-francés.
  • Una puesta en escena y diálogos que miran al cine de detectives de los años cuarenta.

Me detengo un segundo en una palabra que va a sonar mucho: whodunit. Es el apócope de la frase inglesa who done it? —¿quién lo hizo?— y se usa para nombrar al policial clásico cuyo interés central es descubrir al asesino. Si alguna vez leyeron a Agatha Christie, a Ellery Queen o vieron una película de ese estilo, ya saben de qué se trata: un grupo de sospechosos, un detective, un cierre que reordena todo lo visto.

Una becaria del equipo me pasó su impresión al terminar los cuatro capítulos: «Al principio pensé que era solo un homenaje a Holmes, pero después entendí que la serie usa a Holmes para contar otra cosa: lo que pasa cuando un actor queda atrapado en el personaje que lo hizo famoso». No es una lectura descabellada. El protagonista carga con la sombra de su creación más famosa, y en la isla incomunicada esa sombra funciona como una brújula y como un lastre al mismo tiempo.

¿Y eso para qué sirve? Si te gustan los misterios de cuarto cerrado, las novelas de Christie, las películas de detectives de los años cuarenta o el universo de Sherlock Holmes en cualquiera de sus versiones, El problema final te va a encontrar en cuatro horas bien aprovechadas. No reinventa el género, pero lo honra con oficio y le devuelve al espectador algo que cada vez escasea más en las plataformas: la sensación de que una historia empieza y termina cuando tiene que hacerlo.

JR
Josefina RiverosCiencia y universidad

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