Hábitos cotidianos para cuidar la memoria: qué aprendió un estudio que siguió a más de mil personas en once países
La alimentación, el movimiento, el ejercicio mental, los vínculos sociales y el control cardiovascular forman una estrategia conjunta para proteger las capacidades cognitivas. Especialistas analizaron en Buenos Aires los resultados de LatAm-FINGERS, un ensayo que evaluó cómo sostener esos cambios en la vida diaria.
Lucía tenía 67 años y nunca le había prestado demasiada atención a la presión. Una mañana, en un control de rutina en su centro de salud de la provincia de Buenos Aires, le detectaron cifras elevadas y la médica le insistió en algo que hoy repite cada vez que conversa con sus vecinas: cuidar el corazón también es cuidar la cabeza. Esa frase, tan simple, resume buena parte de lo que se discutió esta semana en Buenos Aires durante un encuentro internacional donde especialistas en neurología analizaron los resultados del estudio LatAm-FINGERS, una investigación que durante dos años siguió a 1.065 personas mayores de once países de la región para evaluar qué pasa cuando se incorporan a la vida cotidiana hábitos que apuntan a prevenir la demencia.
El trabajo fue presentado y discutido con el respaldo del Ministerio de Salud de la Nación, que destacó el carácter regional del ensayo y su aporte a las políticas de envejecimiento saludable. La iniciativa surgió en el marco del proyecto mundial FINGERS, que busca reunir evidencia sobre intervenciones no farmacológicas para reducir el riesgo de deterioro cognitivo, y se propuso responder una pregunta concreta: cuando el plato, la caminata, el crucigrama y el control del colesterol se trabajan en conjunto, ¿es posible mejorar la memoria y sostener esos cambios en contextos tan distintos como los de América Latina?
Cinco pilares, una misma estrategia
- Alimentación saludable, adaptada a los productos y costumbres de cada comunidad.
- Actividad física regular, adaptada a la edad y a las posibilidades de cada persona.
- Estimulación cognitiva, con actividades que ejerciten la atención, la memoria y el lenguaje.
- Vínculos sociales, porque el aislamiento pesa tanto como otros factores de riesgo.
- Control de los factores cardiovasculares: presión arterial, glucosa, colesterol y abandono del tabaco.
Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS, explicó que el gran aprendizaje del ensayo fue entender que la receta puede ser la misma, pero la cocina cambia de país en país. En diálogo con este portal, la especialista señaló que las propuestas alimentarias, los programas de ejercicio y la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y a las costumbres de cada lugar, con el objetivo de sostener el principio central de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales. Esa flexibilidad, sostuvo, fue una de las claves para que la investigación pudiera reclutar participantes, mantenerlos durante dos años y completar el seguimiento.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales. Es posible ofrecer una estructura seria y, al mismo tiempo, contemplar lo que cada comunidad puede y quiere hacer en su vida cotidiana.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
Los participantes, hombres y mujeres de entre 60 y 77 años, fueron distribuidos en dos modalidades de acompañamiento. Una ofreció actividades organizadas y un contacto frecuente con equipos de salud; la otra se centró en recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía. En ambos casos recibieron orientación preventiva. Los resultados mostraron una mejora estadísticamente significativa en la cognición global entre quienes siguieron la intervención más estructurada, y al mismo tiempo evaluaron la viabilidad de sostener el programa en el tiempo: el 80 por ciento registró una adhesión moderada o alta y el 84,9 por ciento completó la evaluación final, una cifra elevada si se tiene en cuenta que se trató de un ensayo de dos años en contextos muy diversos.
Qué se puede hacer desde casa
Aunque los resultados son alentadores, los especialistas son claros: una rutina saludable no garantiza evitar la demencia. La demencia tiene múltiples causas y muchos factores que aún no se alcanzan a modificar. Lo que sí está probado es que varias acciones simples, incorporadas con regularidad, ayudan a reducir el riesgo y, llegado el caso, a detectarlo a tiempo. Para quienes quieran comenzar hoy, la recomendación concreta es conversar con el médico de cabecera, controlar la presión arterial, la glucemia y el colesterol al menos una vez al año, sumar al menos treinta minutos diarios de movimiento acorde a la edad, reservar espacios diarios para leer, jugar a juegos de mesa o aprender algo nuevo y mantener el contacto con familiares, vecinos o grupos comunitarios. Pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo, coinciden los investigadores, suelen ser más decisivas que cualquier promesa de solución rápida.
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